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25 misioneros asesinados en 2002

Colombia destaca como tierra de martirio

CIUDAD DEL VATICANO, 6 enero 2003 (ZENIT.org).- Un obispo, dieciocho sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos consagrados perdieron la vida de forma violenta el año pasado: 25 testigos de la fe figuran en el «martirologio» (entre comillas, pus la Iglesia no los ha reconocido oficialmente como mártires) del año 2002 recién elaborado por la Agencia Fides , de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Se trata de un elenco necesariamente incompleto que incluye a todo el personal eclesiástico muerto violentamente o que «sacrificó su vida consciente del riesgo que corría, para no abandonar a quienes les habían sido confiados: ellos son los “mártires de la caridad” según la expresión de Juan Pablo II».

Destaca el «martirologio» de Colombia, donde fueron asesinados un obispo, siete sacerdotes, una religiosa y un seminarista. El arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino fue tiroteado el 16 de marzo a la salida de la Misa celebrada en una parroquia de su diócesis.

Le seguirían el padre Juan Ramon Núñez, párroco de Argentina (departamento de Huila) –asesinado el 6 de abril durante la Eucaristía–, y el padre Arley Arias Garcia, –muerto el 18 de mayo en una emboscada en Florencia–. Este último era presidente de la junta local de la paz e intentaba poner en marcha negociaciones entre paramilitares y guerrilleros.

También de origen colombiano eran el padre José Ilario Arango –muerto el 27 de junio en Cali, después de la Misa–, el padre José Luis Arroyave –asesinado en Medellín el 20 de septiembre, responsable de programas sociales y de desarrollo de uno de los barrios más degradados de la región–, y el padre Jorge Sánchez Ramírez, de la diócesis de Antioquia –muerto en el Valle del Cauca el 27 de septiembre–.

El 17 de octubre, poco después de celebrar la Eucaristía, murió asesinado en Chalan (departamento de Sucre) el padre José Luis Cárdenas, igual que ocurrió el 18 de octubre con el Vicario general de la diócesis de Armenia, el padre Gabriel Arias Posadas, muerto en el departamento de Caldas donde se encontraba para tratar sobre la liberación de un secuestrado.

El martirologio de Colombia lo cierran la religiosa colombiana Marta Inés Vélez Serna, de las Hermanas Pobres de San Pedro Claver, asesinada el 14 de julio en Mogotes-Santander, y el seminarista colombiano Carlos Herrao Jiménez, muerto en Medellín el 21 de julio.

En Brasil se registraron los fallecimientos de Alberto Neri Fernández –de origen uruguayo, este focolarino murió víctima de un robo el 19 de octubre— y de Don Alois Lintner, italiano, asesinado el 16 de mayo en San Salvador de Bahia.

El padre Jorge Altafulla, panameño, fue asesinado en su país el 19 de mayo.

El sacerdote irlandés Declan O’Toole, de los Misioneros de Mill Hill, murió en una emboscada el 21 de marzo en la región de Kotido (Uganda).

El 24 de marzo fue asesinado en Goma (República Democrática del Congo) Don Boniface durante la procesión del Domingo de Ramos, cuando unos desconocidos lanzaron bombas contra los fieles. Una niña, Karine, también falleció en el mismo ataque.

El 12 de abril murió en Fianarantsoa (Madagascar), durante los enfrentamientos en las calles, el padre canadiense Roger Morin.

De origen burundés, el padre Pierre Tondo, párroco de Kiguhu (diócesis de Ruyigi) murió el 5 de agosto a manos de hombre armados que detuvieron el automóvil en el que viajaba, en la provincia de Gitega. Le obligaron a bajar del vehículo y lo asesinaron.

El padre Jean Guth, francés, de la Congregación del Espíritu Santo, fue secuestrado en Mayama (cerca de Brazzaville, capital de la República del Congo), y murió en manos de los rebeldes el 10 de agosto.

Víctima de un robo, el seminarista angoleño Leonardo Muakalia Livongue fue asesinado el 8 de septiembre en Malanje (Angola). De igual forma murió en Johannesburg (Sudáfrica) el salesiano irlandés Don Declan Collins; era párroco en esa ciudad y se ocupaba principalmente de los pobres y de los marginados de los suburbios.

Don James Iyere, de la archidiócesis de Kaduna (Nigeria), murió el 29 de noviembre tras las graves heridas que sufrió durante los enfrentamientos de Kaduna.

El hermano Ivo M. Dominique Lascanne, de los Pequeños Hermanos del Evangelio, fue encontrado muerto en la noche del 29 al 30 de julio cerca de Maroua (Camerún) por uno de los chavales a los que había ayudado a salir de la calle.

Don Jean Claude Kilamong, de la República Centroafricana, fue detenido por los rebeldes que controlan la ciudad de Bossangoa el 8 de diciembre. Su cuerpo sin vida se halló un día después.

Augustin Geve, el primer sacerdote católico originario de las Islas Salomón, murió el 20 de agosto en Guadalcanal, adonde se había dirigido para una mediación de paz.

La hermana Cecilia, una monja caldea, murió en la noche del 15 al 16 de agosto en Bagdad (Irak).

Catorce testigos de Cristo muertos el año pasado en América, diez en África y uno en Asia: «Son como muchas estrellas en esta constelación, que iluminan las tinieblas y la noche del odio, de la violencia, del rencor, y a la vez constituyen un punto de referencia, un testimonio vivo de lo que significa amar a Cristo hasta dar la vida por Él», aclara el cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

«Cuántas comunidades, aún hoy, al comienzo de la evangelización, tienen que enfrentar enormes dificultades para anunciar con libertad y con generosidad el mensaje del Señor. Pero estamos seguros que de esta semilla la Iglesia echa raíces en beneficio de todos», concluye el purpurado.

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