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Eucaristía de agradecimiento por el centenario © L´Osservatore Romano

Eucaristía de agradecimiento por el centenario © L´Osservatore Romano

El Papa invita a rezar con la “confianza de que el Señor nos escucha”

Misa en el Centenario de la Congregación para las Iglesias Orientales

(ZENIT – 13 Oct. 2017).- El Papa anunció: “Cuando se reza hay que tener, el valor de la fe: tener confianza en que el Señor nos escucha, el valor de llamar a su puerta. El Señor dice: “`Porque todo aquel que pide recibe, el que busca halla; y al que llama se le abrirá´”. (v.10).

Homilía del Papa en la Eucaristía de agradecimiento celebrada en la basílica Santa María la Mayor, con motivo del centenario de la Congregación para las Iglesias Orientales y del Instituto Pontificio Oriental.

“¡Aprendamos a llamar al corazón de Dios!” –señaló el Papa– y aprendamos a hacerlo “con valor”. Que esta oración valiente inspire y alimente también vuestro servicio en la Iglesia, dijo.

Ayer, 12 de octubre, por la mañana, el Papa Francisco visitó el Instituto Pontificio Oriental, en la plaza de Santa María la Mayor, con motivo del centenario de su institución y de la fundación de la Congregación para las Iglesias Orientales.

A su llegada, el Papa saludó a los Superiores de la Congregación para las Iglesias Orientales, los Patriarcas y los Arzobispos Mayores. Luego en el jardín del Instituto Pontificio, bendijo un ciprés en presencia de los estudiantes y, por último, en el Aula Magna, encontró y saludó a los benefactores y a la Comunidad de los Jesuitas.

Después de la visita, el papa Francisco celebró la Misa en la basílica de Santa María la Mayor a las 10:15 horas.

Homilía del Santo Padre

Hoy damos gracias al Señor por la fundación de la Congregación para las Iglesias Orientales y del Instituto Pontificio Oriental por el Papa Benedicto XV, que tuvo lugar hace cien años, en 1917. Hacía estragos entonces la Primera Guerra Mundial. Hoy, como he dicho ya, vivimos otra guerra mundial, aunque a trozos. Y vemos que muchos de nuestros hermanos y hermanas cristianos en las Iglesias orientales experimentan una dramática persecución y una diáspora cada vez más inquietante. Esto causa tantas preguntas, tantos “por qué”, parecidos a las de la primera Lectura del Libro de Malaquías (3: 1-3-20a).

El Señor se queja con su pueblo y dice así: “Duras me resultan vuestras palabras- Y todavía decís: “¿Qué hemos dicho contra ti? “Habéis dicho: “Cosa vana es servir a Dios: ¿qué ganamos con guardar sus mandamientos o con andar en duelo ante el Señor? Más bien, llamamos felices a los arrogantes: aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan libres”(vv 13-15).

Cuántas veces experimentamos lo mismo, y cuantas veces la escuchamos en las confidencias y confesiones de las personas que nos abren sus corazones. Vemos a los malvados, los hacen sus propios intereses sin escrúpulos, aplastando a los demás, y parece que les vayan bien las cosas: que consiguen lo que quieren y sólo piensan en disfrutar de la vida. De ahí la pregunta: “¿Por qué Señor?”

Estos “¿Por qué?”, ​​que también se repiten en la Sagrada Escritura, nos los planteamos todos. Y a ellos responde la misma Palabra de Dios. Precisamente en este q pasaje del profeta Malaquías dice: “Y puso atención el Señor y oyó: Y se escribió ante él un libro memorial en favor de los que le temen y piensan en su Nombre”(v. 16). Por lo tanto, Dios no se olvida de sus hijos, su memoria es para los justos, para los que sufren, para los que son oprimidos y que se preguntan “¿Por qué?”, ​​Pero no dejan de confiar en el Señor.

¡Cuántas veces la Virgen María, en su camino se preguntó, “¿por qué?”; pero en su corazón, que meditaba sobre todas las cosas, la gracia de Dios hacía resplandecer la fe y la esperanza.

Y hay una manera de abrir una brecha en la memoria de Dios: nuestra oración, como nos enseña el pasaje evangélico que hemos escuchado (Lc 11, 5-13).

Cuando se reza hay que tener, el valor de la fe: tener confianza en que el Señor nos escucha, el valor de llamar a su puerta. El Señor dice: “Porque todo aquel que pide recibe, el que busca halla; y al que llama se le abrirá”. (v.10). Y para esto hace falta valor.

Pero, me pregunto: ¿Nuestra oración es así realmente? ¿Nos involucra de verdad, involucra nuestro corazón y nuestras vidas? ¿Sabemos llamar al corazón de Dios? Al final del pasaje del evangelio (véanse los versículos 11-13), Jesús dice: “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez en lugar de un pez le da una culebra; o si pide un huevo le da un escorpión? Si sois padres, haréis el bien de vuestros hijos. Y luego continúa: “Si, pues vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo …Y esperamos que siga diciendo os dará cosas buenas a vosotros. En cambio, no, no dice eso. Dice: “Dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”. Precisamente este es el don, éste es el ” algo más” de Dios. Lo que el Señor, lo que el Padre nos da de más, es el Espíritu: este el verdadero don del Padre. El hombre llama con la oración a la puerta de Dios para pedir una gracia. Y él, que es Padre, me da eso y más: el don, el Espíritu Santo.

Hermanos y hermanas: ¡Aprendamos a llamar al corazón de Dios! Y aprendamos a hacerlo con valor. Que esta oración valiente inspire y alimente también vuestro servicio en la Iglesia. Así vuestro esfuerzo dará “a su tiempo el fruto” y seréis como árboles cuyo “follaje no se amustia” (Sal 1,3).

© Libreria Editrice Vaticana

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