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Benedicto XVI pide desbloquear el diálogo teológico con los ortodoxos

Detenido desde el año 2000 a causa de diferencias sobre los católicos orientales

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 30 junio 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pidió este jueves reanudar el diálogo teológico oficial con las Iglesias ortodoxas, bloqueado desde el año 2000 al recibir a una delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla.

La delegación, guiada por el metropolita de Pérgamo Ioannis (Zizioulas), participó el 29 de junio en la misa de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, presidida por el Papa en la Basílica de San Pedro.

«Se experimenta la necesidad de unir las fuerzas y no ahorrar energías para que el diálogo teológico oficial, comenzado en 1980, entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas en su conjunta, se reanude con renovado vigor», afirmó el Papa en la audiencia que concedió a sus huéspedes ortodoxos.

El diálogo teológico oficial se realiza a través de una Comisión Mixta Internacional Católico-Ortodoxa de la que forman parte representantes de la Iglesia católica y de diferentes Iglesias ortodoxas.

El trabajo de la Comisión está bloqueado desde la reunión celebrada el año 2000 en Baltimore (Estados Unidos), pues surgieron claras divisiones al afrontar el argumento previsto para esa ocasión: «Implicaciones teológicas y canónicas del uniatismo», término con el que los ortodoxos se refieren a los cristianos de países de tradición ortodoxa en unión con el Papa.

En la audiencia, el Papa dio las gracias al patriarca de Constantinopla, Bartolomeo I, pues «se está entregando para reactivar el trabajo de la Comisión».

«Es mi firme voluntad apoyar y alentar esta labor –aseguró el pontífice–. La búsqueda teológica, que tiene que afrontar cuestiones complejas y encontrar soluciones que no sean reductivas, es un compromiso serio, del que no podemos eximirnos».

«Si no podemos ignorar que la división hace menos eficaz la santísima causa de la predicación del Evangelio a toda criatura, ¿cómo podemos eximirnos de la tarea de examinar con claridad y buena voluntad nuestras diferencias, afrontándolas con la íntima convicción de que sean resueltas», preguntó el Papa.

Benedicto XVI aclaró que «la unidad que buscamos no es absorción ni fusión, sino el respeto de la multiforme plenitud de la Iglesia, que, según la voluntad de su fundador, Jesucristo, debe ser siempre una, santa, católica y apostólica».

Por último, el obispo de Roma manifestó la riqueza que aportan las Iglesias de Oriente, en particular las ortodoxas, a la misma Iglesia católica.

Citando el decreto del Concilio Vaticano II, «Unitatis redintegratio» (número 17), afirmó: «No hay que sorprenderse de que algunos aspectos del misterio revelado a veces se hayan captado mejor y se hayan expuesto con más claridad por unos que por otros, de manera que hemos de declarar que las diversas fórmulas teológicas, más bien que oponerse entre sí, se completan y perfeccionan unas a otras».

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