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Colombia: los obispos piden respeto a la vida de los cargos públicos

Mensaje de esperanza a las regiones más conflictivas

MEDELLÍN, 1 julio 2002 (ZENIT.org).-Los alcaldes y concejales de numerosos municipios colombianos vienen padeciendo las amenazas y violencia de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) para que renuncien a sus cargos. Con un mensaje de «Esperanza, reconciliación y paz», los obispos de Antioquia y Chocó han querido demostrar su cercanía al pueblo que sufre esta situación.

Los secuestros, la exigencia de la dimisión de estos cargos públicos, la muerte violenta de muchas personas y la destrucción de infraestructura han llegado a reducir a Departamentos como el de Antioquia a un estado «lamentable», se lee en el mensaje publicado el 24 de junio, y es que «el miedo tiene un gran poder demoledor a nivel personal y comunitario».

Haciendo llegar su aliento y esperanza a esa zona del país, los obispos expresan su voluntad de permanecer cerca de sus comunidades, física y espiritualmente, llamando a todos los hijos de la Iglesia a unirse en estrecha solidaridad.

De igual forma, los prelados exhortan a que, guiados por la Palabra de Dios, «actuemos en fidelidad al Señor y a las legítimas aspiraciones de nuestros hermanos. Sostengámonos en la fe, la esperanza y el amor de los unos para con los otros».

En medio de estos acontecimientos, los obispos de Antioquia y Chocó expresan también su opción por un acompañamiento realista y efectivo a todas las víctimas y a los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral que se encuentran en las regiones en las que el conflicto adquiere especiales signos de violencia.

Puesto que a través de cauces democráticos se ha llegado al nombramiento de autoridades legítimas para el gobierno de Departamentos y Municipios, los prelados en su mensaje dan testimonio público de su apoyo hacia estos responsables, y constatando que «necesitan respeto a sus vidas y libertad en el ejercicio de sus cargos», suplican que «sea permitido el pronto regreso de los secuestrados al seno de sus familias y al trabajo que desarrollan a favor de sus comunidades».

Preocupados por los insurgentes, también hijos de Dios, les invitan «a la conversión y a unir esfuerzos para construir una cultura de convivencia en la libertad y el respeto».

«Estamos en medio de nuestras comunidades como portadores del Evangelio de la reconciliación y de la misericordia (…). Estamos siempre dispuestos a mediar a favor del abrazo de paz», confirman los prelados.

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