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Comunión eucarística © Cathopic

¿Cómo podemos recibir a Jesús espiritualmente estos días?

Por D. Alejandro Vázquez-Dodero

(zenit – 8 abril 2020).- Con motivo de la epidemia de la COVID-19 muchos obispos han querido dispensar expresamente a sus fieles de asistir a Misa los días de precepto mientras dure la crisis, aunque también han invitado encarecidamente a seguir la celebración de la Eucaristía por radio, televisión o internet.

La Iglesia recomienda vivamente a los fieles que reciban con frecuencia la sagrada Comunión, de ordinario dentro de la santa Misa. Obliga, como es sabido, a asistir a Misa los días de precepto. Como muestra de su maternal cuidado, impone a sus hijos la obligación de recibir a Jesús Eucaristía al menos una vez al año. Así lo señala el punto 1389 del Catecismo de la Iglesia Católica.

Sin embargo, la Iglesia dispensa de participar en la Eucaristía por algún motivo serio –enfermedad, cuidado de niños pequeños, etc.­–, o cuando así disponga el pastor respectivo. Naturalmente, si no se puede asistir a Misa, se imposibilita la recepción ordinaria de la sagrada Comunión.

Comunión espiritual

Ahora bien, podemos seguir “recibiendo” espiritualmente a Jesús, no sacramental o eucarísticamente, como hemos visto. Lo podemos hacer mediante la “comunión espiritual”: se trata de obtener la gracia del sacramento de la Eucaristía, aunque materialmente no se pueda comulgar. Es tan sencillo como rezar una oración por la que digamos a Jesús que desearíamos recibirle. Contamos con varios ejemplos de estas oraciones, como las tres siguientes:

Creo, Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén” –San Alfonso María de Ligorio–.

A vuestros pies, ¡oh mi Jesús!, me postro y os ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, que se hunde en la nada ante vuestra santísima presencia. Yo os adoro en el Sacramento de vuestro amor, la inefable Eucaristía, y deseo recibiros en la pobre morada que os ofrece el alma mía. Esperando la felicidad de la comunión sacramental, yo quiero poseeros en espíritu. Venid a mí, puesto que yo voy a Vos, ¡oh Jesús mío!, y que vuestro amor inflame todo mi ser en la vida y en la muerte. Creo en Vos y espero en Vos. Así sea” –Cardenal Rafael Merry del Val–.

Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos” –rezada por san Josemaría Escrivá, aprendida de labios del profesor catequista de su colegio el padre Manuel Laborda–.

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