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Sábado 2 de enero de 2016

Francisco en el Te Deum: “Los signos de amor
no sean oscurecidos por la prepotencia del mal»

En el último día de 2015 el Papa Francisco presidió la oración de las vísperas con el rezo del Te Deum en la Basílica de San Pedro.

El santo padre Francisco presidió este jueves 31 de diciembre en la basílica de San Pedro, el canto de las Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, al que siguió la exposición del Santísimo Sacramento. Poco después fue el canto del Te Deum de agradecimiento por la conclusión del año civil, y la bendición eucarística.

En su homilía el Papa recordó que al concluir un año se siente la necesidad de rezar una oración que no sea solo individual, como se hace en el Te Deum.

E Invitó a verificar los acontecimientos del año para entender si se cumplió la voluntad de Dios, o si por el contrario si han escuchado los proyectos de los hombres, a menudo cargados de intereses privados, de insaciable sed de poder y de violencia gratuita.

Y si bien no es posible olvidar de un lado que muchos días han sido marcados por la violencia, por la muerte, por el sufrimiento de inocentes, refugiados, de hombres, mujeres y niños sin casa estable, alimento y sustento; de otro se registraron grandes gestos de bondad, de amor y solidaridad ¡que no han sido noticias en los medios de comunicación!

Los signos de amor –indicó el Pontífice– no pueden y no deben ser oscurecidos por la prepotencia del mal. Porque el bien vence siempre, también si en cualquier momento puede aparecer más débil o escondido.

Al terminar la ceremonia el Santo Padre realizó una visita al pesebre ubicado en la Plaza de San Pedro.

A continuación el texto de la homilía del papa Francisco:

“¡Cuán lleno de significado es nuestro estar reunidos juntos para alabar al Señor al término de este año!

La Iglesia en tantas ocasiones siente la alegría y el deber de elevar su canto a Dios con estas palabras de alabanza, que desde el siglo cuarto acompañan la oración en los momentos importantes de su peregrinación terrena. Es la alegría del agradecimiento que casi espontáneamente emana de nuestra oración, para reconocer la presencia amorosa de Dios en los acontecimientos de nuestra historia.

Como sucede con frecuencia sentimos que nuestra en oración no basta solo nuestra voz. Esta tiene necesidad de reforzarse con la compañía de todo el pueblo de Dios, que conjuntamente hace sentir su canto de agradecimiento. Por ésto en el Te Deum pedimos ayuda a los ángeles, a los profetas y a toda la creación para alabar al Señor. Con este himno recorremos la historia de la salvación, en donde por un misterioso designio de Dios encuentran lugar y síntesis también los diversos hechos de nuestra vida, en este año que ha pasado”.

En este Año jubilar asumen una especial resonancia las palabras finales del himno de la Iglesia: «Esté siempre con nosotros, oh Señor, tu misericordia: en ti siempre hemos esperado». La compañía de la misericordia es luz para comprender mejor cuánto hemos vivido, y esperanza que nos acompaña al inicio de un nuevo año.

Recorrer los días del año transcurrido puede ser como un recuerdo de hechos y eventos que llevan a momentos de alegría y de dolor, o como buscando comprender si hemos percibido la presencia de Dios que todo renueva y sostiene con su ayuda.

Estamos llamados a verificar los acontecimientos del mundo que se realizaron según la voluntad de Dios, o si han escuchado principalmente los proyectos de los hombres, a menudo cargados de intereses privados, de insaciable sed de poder y de violencia gratuita.

Y, sin embargo, hoy nuestros ojos tienen necesidad de centrarse en modo particular los signos que Dios nos ha concedido, para tocar con mano la fuerza de su amor misericordioso.

No podemos olvidar que muchos días han sido marcados por la violencia, por la muerte, por el sufrimiento increíble de tantos inocentes, de refugiados forzados a dejar su patria, de hombres, mujeres y niños sin casa estable, alimento y sustento.

Y sin embargo, cuántos grandes gestos de bondad, de amor y de solidaridad han llenado las jornadas de este año, ¡que no han sido noticias en los medios de comunicación! Estos signos de amor no pueden y no deben ser oscurecidos por la prepotencia del mal. El bien vence siempre, también si en cualquier momento puede aparecer más débil o escondido.

Nuestra ciudad de Roma no es extraña a esta condición del mundo entero. Quisiera que llegara a todos sus habitantes la invitación sincera para ir más allá de las dificultades del momento presente. Que el compromiso por recuperar los valores fundamentales del servicio, honestidad y solidaridad permita superar las graves incertidumbres que han dominado la escena de este año, y que son síntomas de escaso sentido de dedicación al bien común. Que no falte nunca la aportación positiva del testimonio cristiano para permitir a Roma según su historia, y con la materna protección de María Salus Populi Romani, de ser intérprete privilegiada de fe, de acogida, de fraternidad y de paz”.

 

'Francisco al inicio del año: Un río de miseria
nada puede ante un océano de caridad'

En la misa del primero enero invita a vencer la indiferencia que impide la solidaridad

El santo padre Francisco presidió este viernes 1° de enero por la mañana, la santa misa en la Basílica de San Pedro, con motivo de la solemnidad de María Madre de Dios. Una ceremonia en la que durante la homilía el Pontífice interrogó sobre qué era la plenitud de los tiempos. Y precisó que ésta no era dada por el dominio del Imperio romano, sino por la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona.

Un misterio –precisó– que contrasta siempre con la dramática experiencia de cada día, que desea la presencia de Dios y ve signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que Él está ausente.

Y, sin embargo nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo, aseguró el Pontífice, precisando que todos estamos llamados a vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir.

La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno.

Y concluyó recordando que María se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir donde no llega la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política. Porque allí llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo.

Texto completo de la homilía

Hemos escuchado las palabras del apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» ¿Qué significa el que Jesús nazca en la 'plenitud de los tiempos?'. Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, podemos quedarnos pronto defraudados.

Roma dominaba con su potencia militar gran parte del mundo conocido. El emperador Augusto había llegado al poder después de haber combatido cinco guerras civiles. También Israel había sido conquistado por el Imperio Romano y el pueblo elegido carecía de libertad. Para los contemporáneos de Jesús, por tanto, ese no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos no se define desde una perspectiva geopolítica.

Se necesita, pues, otra interpretación, que entienda la plenitud desde el punto de vista de Dios. Para la humanidad, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho.

Por tanto, no es la historia la que decide el nacimiento de Cristo; es más bien su venida en el mundo la que permite a la historia alcanzar su plenitud. Por esta razón, el nacimiento del Hijo de Dios señala el comienzo de una nueva era en la que se cumple la antigua promesa.

Como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: 'En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa'.

La plenitud de los tiempos es, pues, la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona. Ahora podemos ver su gloria que resplandece en la pobreza de un establo, y ser animados y sostenidos por su Verbo que se ha hecho «pequeño» en un niño. Gracias a él, nuestro tiempo encuentra su plenitud. También nuestro tiempo personal encontrará su plenitud en el encuentro con Jesucristo, Dios hecho hombre.

Sin embargo, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente.

La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad.

A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo.

Recuerdan ésto, queridos niños cantores, está era la tercera pregunta que me han hecho ayer, ¿cómo se explica esto? También los niños se dan cuenta de esto. Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir.

La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios.

Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como símbolo de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor.

A través de ella, a través de su 'sí', ha llegado la plenitud de los tiempos. El Evangelio que hemos escuchado dice: 'Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón'.

Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.

Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín, Sermón 215, 4).

Derrama Madre, sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo entero misericordia y paz. Amen”.

 

El Papa en el ángelus del 1° de enero:
'La indiferencia es enemiga de la paz'

Santo Padre deseó «que podamos alegrarnos sabiendo que su rostro misericordioso resplandece sobre nosotros»

El papa Francisco con motivo de la oración del Ángelus que rezó el primero del año, ante la multitud que le aguardaba en la plaza de San Pedro, recordó que el intercambio de saludos a inicio de año es un signo de esperanza de que el futuro será mejor, aunque sabemos que no cambiará todo. 

Por ello el Santo Padre deseó a los presentes «que el Señor ponga su mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más brillante que el sol, resplandece sobre ustedes».

Y en la Jornada Mundial de la Paz, indicó que Dios Padre desea sembrar la paz en el mundo y que debe ser cultivada por nosotros. No sólo, sino también “conquistada”. Esto implica una verdadera lucha, una lucha espiritual que tiene lugar en nuestro corazón. Él no usa la vara mágica. Ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor.

Recordó que todo aquello que sucedía en la vida se transformaba, en el corazón de María, en oración, diálogo con Dios. Y ella hace así también con nosotros: guarda las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándolos al Señor.

A continuación el texto completo:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz año!

Al inicio del año es hermoso intercambiarse las felicitaciones. Renovamos así, unos a otros, el deseo que aquello que nos espera sea un poco mejor. Es en fondo, un signo de la esperanza que nos anima y nos invita a creer en la vida. Pero sabemos que con el año nuevo no cambiará todo, y que tantos problemas de ayer permanecerán también mañana. Entonces quisiera dirigir un deseo sostenido de una esperanza real, que traigo de la Liturgia de hoy.

Son las palabras con las cuales el Señor mismo pide bendecir su pueblo: «El Señor haga resplandecer para ti su rostro. El Señor dirija a ti su rostro». También yo les deseo esto: que el Señor ponga su mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más brillante que el sol, resplandece sobre ustedes y ¡no se oculta nunca!

Descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida. Porque es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar del inicio con nosotros para encontrarnos nuevamente. El Señor tiene una paciencia con nosotros, no se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros caemos.

Entretanto no promete cambios mágicos, Él no usa la vara mágica. Ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para llevar fruto. Y siempre nos espera y nos mira con ternura. Cada mañana, al despertar, podemos decir: “Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí”. Hermosa oración que es una realidad.

La bendición bíblica continúa así: «El Señor te conceda paz». Hoy celebramos la Jornada Mundial de la Paz, que tiene por tema: “Vence la indiferencia y conquista la paz”. La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros. No sólo, debe ser también “conquistada”.

Esto implica una verdadera lucha, una lucha espiritual que tiene lugar en nuestro corazón. Porque enemiga de la paz no es sólo la guerra, sino también la indiferencia, que hace pensar sólo a sí mismos para crear muros, sospechas, miedos y cerrazones.

Estas cosas son enemigas de la paz. Tenemos, gracias a Dios, tantas informaciones; pero a veces estamos tan sumergidos de noticias que nos distraemos de la realidad, del hermano y de la hermana que necesitan de nosotros. Comencemos a abrir el corazón, despertando la atención hacia el prójimo, a quien es más cercano. Este es el camino para la conquista de la paz.

Nos ayude en esto la reina de la Paz, la Madre de Dios, de quien hoy celebramos la solemnidad. El Evangelio de hoy afirma que Ella «guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón». ¿De qué cosas se trata? Ciertamente de la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: había tenido que colocar a su Hijo en un pesebre porque «para ellos no había lugar en el alojamiento» y el futuro era muy incierto.

Las esperanzas y las preocupaciones, la gratuidad y los problemas: todo aquello que sucedía en la vida se transformaba, en el corazón de María, en oración, diálogo con Dios. He aquí el secreto de la Madre de Dios. Y ella hace así también con nosotros: guarda las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándolos al Señor.

Esta tarde iré a la Basílica de Santa María La Mayor para la apertura de la Puerta Santa. Encomendamos a la Madre el año nuevo, para que crezcan la paz y la misericordia.

 

Francisco abre al inicio del año la quinta Puerta Santa

En la basílica de 'Santa María la Mayor' al abrir la puerta invoca a la Madre de Misericordia y destaca la fuerza del perdón

En el primer día del 2016, el santo padre Francisco abrió la Puerta de la Misericordia de la basílica de 'Santa María Maggiore', donde celebró la santa misa, invocó a la Virgen María Madre de la Misericordia y destacó la fuerza del perdón. 

Fue la quinta Puerta Santa que abre Francisco, esta vez en la festividad de María Madre de Dios, en la basílica en la que San Ignacio de Loyola celebró su primera misa, allí donde se dirigió al inicio de su pontificado para dedicárselo a 'María Salus Populi Romano', y lugar en el que estuvo presente antes y después de cada viaje apostólico.

La primera Puerta Santa, anticipando el Año de la Misericordia, fue a finales de noviembre en la catedral de Bangui, capital de la República Centroafricana. Le siguió el 8 de diciembre, la apertura en la basílica de San Pedro, con motivo del  inicio del Jubileo; llegó después el momento de la catedral de Roma, San Juan de Letrán, el 13 de diciembre; dejando al acipreste de San Pablo Fuera los Muros, el honor de abrir dicha basílica pontificia; y el 18 de diciembre el Santo Padre abrió simbólicamente una Puerta Santa en un centro de acogida de la Caritas diocesana de Roma. 

El papa Francisco inició este viernes su homilía citando el saludo «Dios te salve María, Madre de misericordia» palabras en las que indicó, está sintetizada la fe de generaciones de personas, que mirando hacia la imagen de María piden su intercesión y consolación. 

Francisco resaltó que esta Puerta Santa es “una puerta de la Misericordia” porque “quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza de que tendrá a su lado la compañía de María”.

Recordó que la palabra 'perdón', tan incomprendida por la mentalidad mundana indica el fruto propio de la fe cristiana, asegurando que «quien no sabe perdonar no conoció aún la plenitud del amor». Añadió que a los pies de la cruz María se vuelve madre del perdón, y que el Espíritu Santo transformó a los apóstoles en instrumentos eficaces del perdón.

Texto completo de la  homilía: 

«Salve, Mater misericordiae». Con este saludo nos dirigimos a la Virgen María en la Basílica romana dedicada a ella con el título de Madre de Dios. Es el comienzo de un antiguo himno, que cantaremos al final de esta santa Eucaristía, de un autor desconocido y que ha llegado hasta nosotros como una oración que brota espontáneamente del corazón de los creyentes: «Dios te salve, Madre de misericordia, Madre de Dios y Madre del perdón, Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». En estas pocas palabras se sintetiza la fe de generaciones de personas que, con sus ojos fijos en el icono de la Virgen, piden su intercesión y su consuelo.

Hoy más que nunca resulta muy apropiado que invoquemos a la Virgen María, sobre todo como Madre de la Misericordia. La Puerta Santa que hemos abierto es de hecho una puerta de la Misericordia.

Quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza de que tendrá a su lado la compañía de María. Ella es Madre de la misericordia, porque ha engendrado en su seno el Rostro mismo de la misericordia divina, Jesús, el Emmanuel, el Esperado de todos los pueblos, el «Príncipe de la Paz» (Is 9,5).

El Hijo de Dios, que se hizo carne para nuestra salvación, nos ha dado a su Madre, que se hace peregrina con nosotros para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor.

María es Madre de Dios que perdona, que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón. Esta palabra 'perdón', tan poco comprendida por la mentalidad mundana, indica sin embargo el fruto propio y original de la fe cristiana. El que no sabe perdonar no ha conocido todavía la plenitud del amor.

Y sólo quien ama de verdad es capaz de llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida. A los pies de la cruz, María vio a su Hijo ofrecerse totalmente a sí mismo y así dar testimonio de lo que significa amar como Dios ama. En aquel momento escuchó a Jesús pronunciar palabras que probablemente nacían de lo que ella misma le había enseñado desde niño: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'. En aquel momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón. Ella misma, siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a los que estaban matando a su Hijo inocente.

Para nosotros, María se convierte en un símbolo de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden. La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni la sabiduría de este mundo con sus precisaciones.

El perdón de la Iglesia debe tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa. Y por eso el Espíritu Santo ha hecho que los Apóstoles sean instrumentos eficaces de perdón, para que todo lo que nos ha conseguido la muerte de Jesús pueda llegar a todos los hombres, en cualquier momento y lugar.

El himno mariano, por último, continúa diciendo: «Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». La esperanza, la gracia y la santa alegría son hermanas: todas son don de Cristo, es más, son otros nombres suyos, escritos, por así decir, en su carne. El regalo que María nos hace al darnos a Jesucristo es el del perdón que renueva la vida, que le permite cumplir de nuevo la voluntad de Dios, y que la llena de auténtica felicidad.

Esta gracia abre el corazón para mirar el futuro con la alegría de quien espera. Es la enseñanza que proviene del Salmo: 'Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Devuélveme la alegría de tu salvación'. La fuerza del perdón es el auténtico antídoto contra la tristeza provocada por el rencor y por la venganza. El perdón nos abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza perturban la mente y desgarran el corazón quitándole el reposo y la paz. 

Atravesemos, por tanto, la Puerta Santa de la Misericordia con la certeza de que la Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros. Dejémonos acompañar por ella para descubrir nuevamente la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos de par en par nuestro corazón a la alegría del perdón, conscientes de ver restituida la esperanza cierta, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios.

Y con amor de hijos aclamémosla con las mismas palabras pronunciadas por el pueblo de Éfeso, en tiempos del histórico Concilio: «Santa Madre de Dios».  

 

Francisco a los niños cantores: 'En el mundo
las cosas malas son obra del diablo'

El Santo Padre concedió una audiencia a unos seis mil jóvenes que realizaron su 40° congreso internacional

El santo padre Francisco recibió este jueves en el Vaticano a unos seis mil niños cantores que se reunieron en Roma para el 40º Congreso, con el lema 'Cantemos nuestra esperanza'.

En un ambiente muy distendido el Papa respondió a varias preguntas de los jóvenes, en las cuales bromeó: “Me gusta cantar, pero, si yo cantase, parecería un asno, porque no sé cantar”.  Y les contó que “de niños, nuestra mamá, el sábado a las dos de la tarde nos hacía sentar frente a la radio para escuchar. ¿Y qué escuchábamos? Todos los sábados se hacía la transmisión de una ópera. Y mamá nos enseñaba cómo era esa ópera, nos explicaba”.

El Santo Padre citó también a San Agustín y les recordó a los jóvenes presentes que “la vida cristiana es un camino, pero no es un camino triste, es un camino alegre. ¡Y por eso canta. Canta y camina, no hay que olvidarlo!”.

Habló también del enojo, y que si “una persona hizo esa cosa que es mala, que no es algo bueno, hay que llamarlo y hablarle como a un hermano, habla como un hermano y hermana», pero sin enfadarse, «porque el enfado es venenoso, te envenena el alma”. Y cuando uno está enojado y grita “hace mal y hiere”.¿Cómo era el alma de Jesús?¿Dulce o amarga? les preguntó el Papa. 'Dulce', respondieron los jóvenes.

Les interrogó además sobre cuáles eran sus propósitos para el año nuevo, y les confió: “Yo hice uno en estos los últimos días, en los cuales he tenido algo más de tiempo para hacer un retiro espiritual: rezar más. Porque me he dado cuenta de que los obispos y los sacerdotes –yo soy obispo– deben conducir al pueblo de Dios ante todo con la oración, es el primer servicio”.

Respondiendo a otra segunda pregunta el Papa les indicó que en el mundo hay guerras y niños que no tienen comida; que no pueden ir a la escuela; que, cuando se enferman no tienen la oportunidad de ir al hospital. “Recen por estos niños”, les dijo.

El Pontífice precisó que “en el mundo está la lucha entre el bien y el mal –dicen los filósofos–, la lucha entre el diablo y Dios”. Y que “cuando cada uno de nosotros tiene el deseo de hacer algo malo, esa pequeña maldad es una inspiración del diablo, que, a través de la debilidad que nos dejó el pecado original, nos lleva a ésto. Se hace el mal tanto en las cosas pequeñas como en las grandes cosas; en las guerras –por ejemplo– pero también un muchacho o una muchacha que miente: es una guerra contra la verdad de Dios, en contra de la verdad de la vida, en contra de la alegría”.

Y se preguntó por qué muchas cosas buenas en el mundo no tienen publicidad: «Porque parece que a la gente le gusta ver las cosas más malas o escuchar las malas noticias. Pensemos en África: tantas cosas malas, tantas guerras –como dije– pero hay misioneros, sacerdotes, monjas, que han pasado toda su vida allí, predicando el Evangelio, en la pobreza… Cuando el mes pasado fui a África encontré a una monja… Creo que tenía 83 de edad, era italiana, y me dijo 'yo he estado aquí desde que tenía 26 años».

«Y no sólo en las misiones –añadió Francisco– sino en el mundo, en el trabajo, en las familias; muchos padres, abuelos y abuelas que levan la enfermedad, los problemas; y esto no se ve en la televisión. ¿Por qué? ¿Porque esto no tiene rating, no tiene publicidad…»

Y dirigiéndose a una niña le dijo: “Cuando tu veas la televisión en tu casa, recuerda estas dos cosas: hay una lucha en el mundo entre el bien y el mal, hay muchos niños que sufren, hay guerras, hay cosas malas, porque la lucha es entre Dios y el diablo; pero también piensa en tanta gente, tantas personas santas que dan su vida por ayudar a los demás, a orar por los demás”.

A nivel mundial, hay cosas malas, malas, feas, y esta es la obra del diablo contra Dios; pero hay cosas sagradas, las cosas santas, las cosas grandes que son obra de Dios. Son los santos ocultos».

 

Concierto de los Niños Cantores
para Benedicto XVI en el Vaticano

Como parte del programa del 40° congreso internacional que se realizó en Roma

El jueves por la tarde en los estudios de la Radio Vaticano ubicados en los jardines del Vaticano, un grupo de 36 de los seis mil niños cantores reunidos en Roma para su 40° Congreso internacional, cantaron con un huésped muy especial, el papa emérito Benedicto XVI.

En el 'Hall de la Asunción', el coro alemán “Jugendkantorei of Eichstatt Dom”, dirigido por el maestro Christian Heiss, y compuesto por jóvenes de 12 a 18 años, realizó un concierto que incluyó piezas de Mendelssohn, Brahms y Benjamin Britten.

Fue cantado también el villancico «Noche de Paz” adaptado por el hermano del Papa emérito, Mons. Georg Ratzinger, quien se encontraba en la presentación, junto al prefecto de la Casa Pontificia, Mons. Georg Gaenswein, y el cardenal Giovanni Lajolo, ex nuncio en Alemania.

Los niños cantaron con gran alegría –informó la Radio Vaticano– y al concluir el evento el Papa emérito saludó a los jóvenes deseándoles un feliz año nuevo y una buena estadía en Roma. 

La política y la Cabalgata de Reyes

Ochocientos niños excluidos de participar al desfile de Reyes por la ideologización de la fiesta 

Estas Navidades están resultando algo inéditas. Al “circo” negociador tras la búsqueda de un presidente, se une el espectáculo de la divertida dialéctica “mago/maga”en los desfiles de Reyes, y la curiosa exclusión –también en el Madrid de la alcaldesa Carmena– de un colegio concertado católico en la cabalgata que se celebrará en el barrio de Carabanchel. Ochocientos niños apartados del desfile, por su pertenencia a un centro que apuesta por la “educación diferenciada” (como se la llama en España y Estados Unidos), también denominada “educación monoeducativa”, en Alemania y otros países europeos.

Politización de los Reyes Magos
Y así como la politización de la negociación entre partidos es lo suyo –ya sea buscando el interés partidario o el interés de España–, sorprende que los tentáculos de la política lleguen a las fiestas familiares o a las ilusiones de los niños. Permítaseme entrar en el debate con solamente un arma: el razonamiento jurídico. Acaso ayude a esclarecer algo la cuestión, como suele acaecer cuando la razón desplaza al apasionamiento.

La clave del problema, me parece, radica en el término “discriminación”, que el Ayuntamiento lanza como un boomerang a un colegio que apuesta por la opción pedagógica

de escuelas cuyo alumnado está integrado por personas del mismo género, chicos o chicas. Si echamos una ojeada al Derecho comparado internacional , el propio Consejo de Estado español ha recordado que la Convención sobre la lucha contra las discriminaciones en la enseñanza (1960) establece que las escuelas para un solo sexo no son discriminatorias, si cada sexo puede seguir enseñanzas equivalentes; que la Directiva europea sobre igualdad de trato entre hombres y mujeres (2004) señala que la discriminación por razón de sexo no se aplica a la enseñanza pública o privada; y que los países de nuestro entorno, al trasponer esa directiva, han excluido la educación del ámbito de aplicación de la discriminación (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Portugal), y en ellos existen escuelas de enseñanza diferenciada . El Consejo de Estado, a la vista de las normas internacionales, comunitarias y nacionales, concluye que “la educación diferenciada, como modelo pedagógico, no puede considerarse un supuesto de discriminación por razón de sexo”.

El propio Tribunal Supremo español – en alguna sentencia algo reticente en tema de conciertos – sin embargo reconoce que se acoge a la línea jurisprudencial constante que “no cuestiona la legitimidad de la educación diferenciada, tan legítima como el modelo de coeducación (STS 23 de julio de 2012)”.

El ejemplo de Europa y Estados Unidos
Especial interés reviste en el contexto europeo la sentencia del Tribunal Supremo Federal alemán de 30 de enero de 2013 sobre el modelo de educación diferenciada. Digo en el contexto europeo, ya que en Estados Unidos estos colegios son muy frecuentes. Según el último estudio realizado, en 2009 había 1890 escuelas con algún tipo de educación diferenciada (sin contar las que separan para las clases de educación física o sexual, que son muchas más). Para el curso 2011-12 eran públicas en Estados Unidos al menos 506. En el sector privado, más del 5 por ciento son diferenciadas por sexo (3.719 colegios), la mayoría no pertenecientes a instituciones religiosas.

Desde que llegó Barack Obama a la Presidencia del Gobierno de los Estados Unidos, la educación diferenciada ha recibido un notable impulso. Según ese estudio (Calvo Charro), la Administración pública está destinando millones de dólares a financiar programas experimentales en este ámbito y a abrir nuevas líneas de investigación. Entre otras cosas para prevenir la violencia en las escuelas.

Una libertad constitucional vaciada de contenido
Pero volvamos a la sentencia alemana. Los hechos sobre los que bascula la controversia judicial son los siguientes : el Ministerio de Educación, Deporte y Juventud del Land de Brandemburgo denegó la autorización al proyecto de una escuela monoeducativa (diferenciada) que presentaba una entidad privada. La resolución del Ministerio denegando la autorización fue objeto de recurso por la entidad promotora de la escuela y ello dio lugar a la intervención sucesiva de tres instancias judiciales. Todas las resoluciones judiciales son favorables a la recurrente, la entidad promotora de la escuela. El TS concluye que el objetivo de la interiorización de igualdad de género no está demostrado, ni pedagógica ni científicamente , que no pueda alcanzarse en una escuela monoeducativa. El corolario es contundente : “No puede, en modo alguno, obligarse a la escuela privada a adoptar los diseños organizativos y los métodos pedagógicos de la escuela pública. Si así fuera la libertad constitucional sería vaciada de contenido”. La doctrina jurídica (Esteve Pardo) ha resaltado que en la sentencia se da por supuesto, sin el más mínimo asomo de discusión, que la existencia de escuelas cuyo alumnado está integrado por personas del mismo género, chicos o chicas, no constituye motivo de discriminación alguno.

Algo similar ocurre en España, si tenemos en cuenta el artículo 9 de la Constitución, en el que claramente se establece la obligación por parte del poder político de remover obstáculos para garantizar, en condiciones de igualdad, la participación de todos los grupos en la vida cultural y social. En relación con las tradiciones populares, los poderes públicos son depositarios de unos elementos, no remodeladores de los mismos en una suerte de «silenciosa revolución cultural».

Niños alucinados 
Según la concejal de Ahora Madrid, no debe permitirse “participar en la cabalgata a asociaciones que discriminaran en función del sexo y otros motivos”. Ya hemos visto la notable ignorancia jurídica que esa afirmación contiene. Además, contradice el principio de que un gobierno puede intentar dirigir la sociedad, pero no puede crearla. Los valores de una sociedad proceden de sus miembros. Estos miembros no pueden ser combatidos, excluidos y discriminados por sus legítimas ideas, incluidos métodos pedagógicos aceptados en medio mundo. Y menos si los lesionados son casi un millar de niños, que deben asistir alucinados a los debates que los excluyen y discriminan por razones claramente políticas.

La postura criticada, si quiere ser coherente, debería suprimir la cabalgata de Reyes: ¿qué hace un partido como Podemos promocionando un acontecimiento en el que se exalta la monarquía de los magos de oriente? Lo más lógico sería llevar a los niños a los centros culturales para explicarles la alienación que ha sufrido la humanidad hasta la llegada del partido Ahora Madrid . Pero a eso nadie se prestaría un 5 de enero por la tarde…

Rafael Navarro-Valls, Académico /Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

 

San Ciriaco Elías Chavara – 3 de enero

«Este religioso nacido en India, fundador de la Congregación de la Madre del Carmelo, fue un apóstol de la Eucaristía, de la unidad y de la reconciliación. Realizó su intensa labor apostólica en Kerala, donde instituyó las Cuarenta Horas»

En esta festividad del Santísimo Nombre de Jesús, se celebra la vida de este santo que nació en Kainakary, Kerala, India, el 10 de febrero de 1805 y se convertiría en uno de los grandes defensores de la unidad de la Iglesia mediando en el grave conflicto creado por el prelado Thomas Rochos en el sur de su país. Su vida desde la infancia estuvo caracterizada por singularísimo amor al Santísimo Sacramento y a María, a quien lo consagraron sus padres a los pocos días de nacer depositándolo ante Ella en el santuario de Nuestra Señora de Vechour. Debía su piedad a su madre que le enseñó a recitar las primeras oraciones antes de iniciar el descanso cotidiano; ambos las compartían en medio de gran recogimiento.

Integrado en la comunidad de rito siro-malabar, apenas despuntaba en su adolescencia cuando el padre Thomas Palackal, que atisbaba en el muchacho gestos inequívocos de virtud y clara aptitud hacia el sacerdocio, le animó a ingresar en el seminario de Pallipuram que estaba bajo su dirección. Antes de ser ordenado sacerdote, el santo perdió a sus padres y a un hermano, por lo cual unos parientes cercanos consideraron que era mejor que abandonara los estudios y ayudara a su sobrina, hija del hermano fallecido. Ciriaco asumió sus responsabilidades sin dejar la formación, y después de haber pasado por el seminario de Verapoly fue ordenado sacerdote en 1829.

Al saber que el padre Palackal y el padre Perukkara, amigo de aquél, aspiraban a vivir la experiencia eremítica, se unió a ellos. Y en 1831 se iniciaba la construcción del monasterio de Mannanam que pusieron bajo el amparo de san José. La idea del prelado Stabilini era contar con un movimiento religioso indígena, labor que encomendó a estos sacerdotes. La comunidad creció y fue el germen de otro seminario colindante que sería de gran fecundidad para el clero lo cual repercutió en la vida de los fieles. Signado por el espíritu de la fidelidad y la autenticidad, Ciriaco se convirtió en un pilar de la Iglesia en ese estado de la India y fue motivo de descanso para el vicario apostólico de Verapoly que le encomendó misiones eclesiales relevantes. Entre tanto, con el afán de contribuir a la formación de los fieles se hizo con una imprenta de madera y con ella difundió la revista La flor del Carmelo, el periódico El Deepika y numerosos textos espirituales.

Hombre de oración, acostumbrado a pasar largas horas ante el Santísimo, recorría afanoso todas las parroquias de Kerala con una acción apostólica vigorosa que conllevaba numerosas bendiciones. En 1846 se convirtió en el superior del monasterio de Mannanam, ya que los sacerdotes que encabezaron la fundación junto a él habían fallecido. El incremento de vocaciones que se produjeron bajo su amparo dio lugar a la Congregación de los Siervos de María Inmaculada del Monte Carmelo.

En 1858 se hicieron notorias las desavenencias entre sacerdotes de rito siro-malabar y el vicario apostólico de rito latino, monseñor Bacinelli. Los primeros llevaron los malos entendidos al patriarca caldeo José VI, con la esperanza de que designara un prelado afín a ellos. Roma no lo autorizó, pero el patriarca nombró a Thomas Rochos, quien hizo creer a los católicos que contaba con la aquiescencia de la Santa Sede intoxicando más aún las relaciones entre los fieles que aceptaron su versión. En la gravísima sima que se abrió acarreando la separación del legítimo vicario apostólico de Verapoly, Rochos no pudo anexionarse la voluntad de Ciriaco que actuó con absoluta fidelidad a Roma y en calidad de vicario general para los siro-malabares con sumo tacto y prudencia impidió que se consumara un cisma.

Todo su quehacer estuvo guiado por el anhelo de mantener la unidad y la reconciliación dentro de la Iglesia. Amaba profundamente al Santo Padre. Era humilde, caritativo y misericordioso; un gran apóstol que vivía entregado a los demás. El rezo del Rosario, la adoración al Santísimo y devoción por las llagas de Cristo, los dolores de María y los gozos y pruebas de san José, en los que meditaba y difundía entre sus hermanos, formaban parte de su quehacer y acción apostólica. En medio de sus múltiples tareas incluía la escritura siempre con finalidad apostólica. Decía: «Los días en que no hemos ayudado a nadie no merecen considerarse entre los días útiles de nuestra vida».

Instituyó en Kerala las Cuarenta horas. Ha sido denominado apóstol de la Eucaristía. Vivió volcado en los enfermos y los desvalidos para los que abrió una casa. En 1866 fundó la Congregación de la Madre del Carmelo, integrada por monjas carmelitas de rito siro-malabar. Este santo, primer prior general de los Carmelitas de María Inmaculada, murió en Koonammavu, localidad india cercana a la de Kochi el 3 de enero de 1871. Fue beatificado por Juan Pablo II el 8 de febrero de 1986, y Francisco lo canonizó el 23 de noviembre de 2014.

 

 

 

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