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«Edith Stein, maestra de espiritualidad litúrgica»

Entrevista al carmelita Jesús Castellano Cervera

ROMA, viernes, 26 marzo 2004 (ZENIT.org).- Edith Stein (1891-1942), judía, filósofa, mártir, carmelita santa y compatrona de Europa, se consideraba «una superlitúrgica». Lo explica a Zenit el padre carmelita Jesús Castellano, ocd, que hoy viernes por la tarde imparte una conferencia sobre la liturgia en el Centro de Estudios Edith Stein de Lanciano (Italia).

«Era una contemplativa sumamente activa, antes y después de su ingreso en el Carmelo, como demuestra su actividad y sus escritos», subraya este profesor de espiritualidad en la Facultad Pontificia Teológica Teresianum de Roma.

El padre Castellano, valenciano, es consultor, entre otros organismos vaticanos, de la Congregación para la Doctrina de la Fe y colabora en diversas revistas de teología, liturgia y espiritualidad.

–¿Podemos considerar a Edith Setién como una precursora de la espiritualidad litúrgica del Vaticano II?

Castellano: Lo podemos afirmar sin titubeos. Ella vive en los albores del movimiento litúrgico en Alemania, conoce a algunos protagonistas de este despertar eclesial, como Romano Guardini y Odo Casel; tiene como patria espiritual uno de los centros propulsores del movimiento litúrgico alemán, la abadía de Beuron, donde el abad Rafael Walzer es su director espiritual.

Vive el fervor de las celebraciones de Navidad y Semana Santa. Participa, como ella recuerda, en «las formas renovadas de la piedad de la Iglesia» de su tiempo.

Se considera «una superlitúrgica» por su sensibilidad ante el misterio y por el buen hacer y celebrar la liturgia. Y aporta con su libro «La oración de la Iglesia», un texto clásico sobre la Eucaristía, sus raíces judías y su dimensión espiritual.

–¿Por qué no se conoce la aportación litúrgica de Edith Stein, ella que estuvo en la vanguardia con Guardini y con otros grandes maestros de la liturgia de su tiempo?

–Castellano: Edith es una figura polifacética. La admiramos como fenomenóloga y filósofa, como interprete de santo Tomás, de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz. Sus escritos son numerosos.

Este fragmento de su espiritualidad, que es un fragmento que contiene el todo, se ha ido descubriendo poco a poco, sobre todo cuando se ha tratado de contextualizar su itinerario espiritual, las raíces de su educación en la liturgia judía, sus influjos y su participación en la espiritualidad de su época y cuando se trata de descubrir algunos escritos suyos donde se manifiesta sobre todo su vena teológica y espiritual.

Hay todavía textos inéditos y otros que no son muy conocidos, como el diario de su retiro espiritual en preparación a su profesión perpetua (10-21 de abril de 1938), una verdadera joya de espiritualidad del misterio pascual vivido con María.

–Edith, antes de ser una contemplativa fue una mujer de acción. ¿Supo conjugar bien la oración litúrgica con la oración personal?

–Castellano: En ella no hay dicotomías. Todo lo que vive y trata tiene el toque de una fenomenóloga que va hasta el fondo vital de la experiencia.

Lo vive desde la profundidad de su ser pero con toda la participación de los sentidos. En un escrito de 1930, una conferencia para la mujeres de Speyr, sobre la educación a la vida eucarística subraya la aplicación de la espiritualidad de la Eucaristía a la vida de cada, tanto para los religiosas como para la mujer casada, como para las que como ella viven solas.

Y en su libro «La oración de la Iglesia» hace una hermosa apología de la imprescindible dimensión de la oración personal y de su valor eclesial hasta afirmar que toda oración personal es oración eclesial.

Era una contemplativa sumamente activa, antes y después de su ingreso en el Carmelo, como demuestra su actividad y sus escritos.

–¿Es exagerado ver en Edith Stein un modelo de espiritualidad litúrgica femenina?

–Castellano: Es evidente que toda la experiencia de Edith tiene el toque de su mirada de mujer, su corazón y su empatía femenina, con un toque de delicadeza y de profundidad.

A su modo es un modelo de espiritualidad femenina si la entendemos como personificación de lo femenino de la Iglesia esposa, de su actitud mariana, de su recurso a las mujeres santas, y su valoramos algunas expresiones de fina poesía y sensibilidad como sus invocaciones al Espíritu Santo.

En sus escritos sobre la mujer y para las mueres se nota esta peculiaridad que Edith sin complejos ni polémicas, con toda naturalidad.

–¿Qué es la espiritualidad eucarística, según Edith Stein?

–Castellano: Algo tan sencillo como vivir como respuesta vital ante la conciencia del don que supone la Eucaristía: ante la presencia responder con la oración ante el Santísimo y la eucaristía diaria; ante el don de la comunión con el agradecimiento a quien nos nutre con su carne y su sangre «como una madre su hijo», ante el sacrificio eucarístico acogiendo el don y haciéndolo vida como ofrenda espiritual.

Se trata de una espiritualidad que se alimenta, en Edith Stein, con el ejemplo y el testimonio, que se esclarece con la enseñanza e iniciación a las riquezas del misterio, y pasa poco a poco a la vida y a las costumbres hasta ser una existencia eucarística que impregna todo el ser y el vivir.

–¿Qué enseña Edith Stein a sus hermanas Carmelitas con su testimonio?

–Castellano: Enseña a sentir con la Iglesia totalmente en lo que se refiere a la liturgia, sin nostalgias por el pasado, con el gozo del presente y del futuro.

Edith es modelo de seriedad en la propia vocación contemplativa, tan abierta a la liturgia como a la contemplación, tan vibrante por la novedad de la renovación litúrgica cuanto ansiosa de trasmitir a todos el vivir y sentir con la Iglesia.

En el fondo Edith es, por connaturalidad, una discípula de Teresa de Jesús también en esto, pues la Santa en su tiempo, vibraba con la liturgia de la Iglesia y su experiencia mística tiene páginas bellas de comunión con los misterios y de entusiasmo por las fiestas del Señor, de María y de los Santos, de amor por la liturgia eclesial y por el decoro de las celebraciones.

Edith Stein ha contribuido en todo esto con la teología de su tiempo y con la búsqueda de la excelencia de la celebración de los misterios.

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