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Educar es infundir el valor de la vida, explica el cardenal Bertone

Mensaje al Congreso de educadores católicos italianos

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6, diciembre 2006 (ZENIT.org).- La educación de las nuevas generaciones, como acompañamiento constante en el crecimiento humano y espiritual, debe infundir el deseo del bien y el «valor positivo de la vida», señaló el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano.

Lo afirmó el purpurado en un mensaje enviado, en nombre del Santo Padre, al presidente nacional de la Unión Católica Italiana de profesores de enseñanza media (UCIIM), el profesor Luciano Corradini, y a los participantes en el XXII Congreso Nacional de la Asociación, reunidos en Roma del 30 de noviembre al 3 de diciembre, para dialogar sobre el tema «Educar en la escuela. Nuevos escenarios, nuevas responsabilidades».

El encuentro, presentado como punto de llegada de la actividad no sólo del último trienio de la UCIIM, sino de toda la historia de la Asociación, afronta «un campo apostólico de gran actualidad hacia el cual la Iglesia mira siempre con atención vigilante», afirma el purpurado en su misiva.

En concreto, el cardenal Bertone subraya que «la formación de las nuevas generaciones, nunca como en este momento histórico, exige una aportación conjunta de reflexión, acompañada por la elaboración de estrategias educativas y pastorales capaces de responder a las expectativas del universo juvenil del tercer milenio».

Se trata, añade el purpurado salesiano, «de comunicar a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del Bien».

Sin embargo, recordó, «la educación pone en marcha un dinamismo que supone la implicación directa de la persona y de la comunidad que educa, ya sea la familia, la escuela, la misma comunidad eclesial y civil en su conjunto».

Y por ello es «tarea de todo el Pueblo de Dios transmitir a las nuevas generaciones el mensaje evangélico, fermento de auténtica renovación de la sociedad».

«Esto presupone, sin embargo, que se ayude a la persona, en especial al niño, al adolescente y al joven, a tender a la plena madurez humana y espiritual», explicó el cardenal Bertone.

«Un sano realismo, además, enseña que hay que acompañar al ser humano a lo largo de toda la existencia en un constante camino de crecimiento en los diferentes aspectos de la personalidad», añadió.

«He aquí por qué la educación representa para la Iglesia una cuestión fundamental: educación de todos, en especial de cuantos se asoman a la vida, entre deseos y esperanzas, incertezas e inseguridades», subrayó.

La UCIIM fue fundada en el seno de la Acción Católica en junio de 1944 por el profesor Gesualdo Nosengo, con el fin de contribuir a la tarea formativa y educativa de la Iglesia.

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