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La paz entre los pueblos y las religiones está sin duda incentiva (o desanimada) por los líderes, pero es principalmente responsabilidad de los pueblos. A pesar de que el clima de guerra en todo Oriente Medio en estos últimos meses ha alcanzado su punto máximo, al menos para Tierra Santa hay buenas perspectivas para una Navidad serena, tanto para los cristianos locales como para los peregrinos.

<p>Está convencido el padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa, quien participó ayer por la tarde en el encuentro El poder de la esperaza, donde se anticiparon algunos contenidos del próximo Meeting de Rímini, a la vez que se realizó un balance de la edición 2014.

Hablando con ZENIT, Pizzaballa ha manifestado su visión sobre temas como las visitas pastorales del papa Francisco en Oriente Medio, el diálogo interreligioso y la inmigración islámica hacia Europa. 

Padre Pizzaballa, ¿cómo vivirán este año la Navidad los habitantes de Tierra Santa? ¿Será un momento sereno o pesará la sombra de los conflictos?
-- P. Pizzaballa: La Navidad es una fiesta cristiana y los cristianos en Tierra Santa son el 1 por ciento, por tanto, fuera de Belén no se percibirá mucho. Para los cristianos será una Navidad como las otras, un momento de alegría, de calma, de pausa, de fiesta, pensado sobre todo para la familia. Las circunstancias actuales, aún siendo particularmente difíciles, no cancelarán la fuerza de la Navidad.

¿Qué cambia en Tierra Santa y en todo Oriente Medio después de las dos visitas del papa Francisco del pasado mes de mayo y la reciente a Turquía?
-- P. Pizzaballa: Las soluciones no vienen 'de fuera' sino 'de dentro'. Quien viene de fuera, como en este caso el Papa, personaje con autoridad, nos indica el camino, nos da un signo fuerte, como los encuentros con el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, primero en el Santo Sepulcro, después en Estambul. El camino, sin embargo, debemos recorrerlo nosotros.

¿Cómo valora el estado de las relaciones islámico-cristianas en Oriente Medio? ¿Hay un Islam moderado con el que se puede dialogar?
-- P. Pizzaballa: No se puede hablar de Islam si no de musulmanes: el diálogo no es entre las religiones sino entre los creyentes y entre estos hay de todo. El Papa en Turquía ha dejado una indicación muy importante durante la oración en la mezquita: no demonizar, no generalizar sino continuar buscando a toda costa el diálogo, también con aquellos que no quieren dialogar.

¿Cuáles podrían ser, en su opinión, los interlocutores privilegiados en este diálogo?
-- P. Pizzaballa : El diálogo interreligioso se construye mucho en el territorio, junto a los líderes religiosos locales, que son los que tienen influencia en el territorio. Es necesario dialogar con ellos, con los que enseñan en las madrasse, en las escuelas. El diálogo debe estar allí donde se crea el pensamiento.

¿Hay un mensaje que quiere lanzar a los peregrinos que quieren ir o volver a Tierra Santa?
-- P. Pizzaballa: Sobre todo que a Tierra Santa pueden venir cuando quieran: la peregrinación es segura y no hay nada que temer. Los cristianos de Tierra Santa, pocos y pequeños, son fuertes, quieren ponerse a trabajar y atienden a los peregrinos con alegría.

Hay miles de inmigrantes islámicos que cada día desembarcan en la orilla norte del Mediterráneo en busca de fortuna. Una parte de los europeos alimenta el prejuicio de que estas personas pueden propagar el terrorismo en nuestro continente. En cualquier caso, ¿qué tipo de acogida debemos darles?
-- P. Pizzaballa: El desafío de Europa es la integración, pero es una integración que se debe definir bien: esto significa que es necesario integrar a quien llega pero también que quien llega se debe integrar con quien ya está. Es un doble canal que implica a las personas que permanecerán aquí y que trabajarán y adquirirán derechos irrenunciables, pero están en una situación de cultura ya existente. Por tanto será necesario un gran esfuerzo de reflexión sobre cuáles son los puntos fijos e irrenunciables que quien llega deberá acoger y cuáles son sin embargo los puntos que Occidente deberá acoger y que estas personas llevan como novedad.

Durante el encuentro dedicada al próximo Meeting de Rímini se ha hablado del "poder de la esperanza": ¿de dónde nace esta esperanza?
-- P. Pizzaballa: La esperanza nace de una certeza: nuestra fe no nos la pueda quitar nadie.

“El diálogo no es entre las religiones sino entre los creyentes”

Según el padre Pierbattista Pizzaballa, la Navidad en Tierra Santa transcurrirá con serenidad y los peregrinos no corren peligro

La paz entre los pueblos y las religiones está sin duda incentiva (o desanimada) por los líderes, pero es principalmente responsabilidad de los pueblos. A pesar de que el clima de guerra en todo Oriente Medio en estos últimos meses ha alcanzado su punto máximo, al menos para Tierra Santa hay buenas perspectivas para una Navidad serena, tanto para los cristianos locales como para los peregrinos.

<p>Está convencido el padre Pierbattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa, quien participó ayer por la tarde en el encuentro El poder de la esperaza, donde se anticiparon algunos contenidos del próximo Meeting de Rímini, a la vez que se realizó un balance de la edición 2014.

Hablando con ZENIT, Pizzaballa ha manifestado su visión sobre temas como las visitas pastorales del papa Francisco en Oriente Medio, el diálogo interreligioso y la inmigración islámica hacia Europa. 

Padre Pizzaballa, ¿cómo vivirán este año la Navidad los habitantes de Tierra Santa? ¿Será un momento sereno o pesará la sombra de los conflictos?
— P. Pizzaballa: La Navidad es una fiesta cristiana y los cristianos en Tierra Santa son el 1 por ciento, por tanto, fuera de Belén no se percibirá mucho. Para los cristianos será una Navidad como las otras, un momento de alegría, de calma, de pausa, de fiesta, pensado sobre todo para la familia. Las circunstancias actuales, aún siendo particularmente difíciles, no cancelarán la fuerza de la Navidad.

¿Qué cambia en Tierra Santa y en todo Oriente Medio después de las dos visitas del papa Francisco del pasado mes de mayo y la reciente a Turquía?
— P. Pizzaballa: Las soluciones no vienen ‘de fuera’ sino ‘de dentro’. Quien viene de fuera, como en este caso el Papa, personaje con autoridad, nos indica el camino, nos da un signo fuerte, como los encuentros con el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, primero en el Santo Sepulcro, después en Estambul. El camino, sin embargo, debemos recorrerlo nosotros.

¿Cómo valora el estado de las relaciones islámico-cristianas en Oriente Medio? ¿Hay un Islam moderado con el que se puede dialogar?
— P. Pizzaballa: No se puede hablar de Islam si no de musulmanes: el diálogo no es entre las religiones sino entre los creyentes y entre estos hay de todo. El Papa en Turquía ha dejado una indicación muy importante durante la oración en la mezquita: no demonizar, no generalizar sino continuar buscando a toda costa el diálogo, también con aquellos que no quieren dialogar.

¿Cuáles podrían ser, en su opinión, los interlocutores privilegiados en este diálogo?
— P. Pizzaballa : El diálogo interreligioso se construye mucho en el territorio, junto a los líderes religiosos locales, que son los que tienen influencia en el territorio. Es necesario dialogar con ellos, con los que enseñan en las madrasse, en las escuelas. El diálogo debe estar allí donde se crea el pensamiento.

¿Hay un mensaje que quiere lanzar a los peregrinos que quieren ir o volver a Tierra Santa?
— P. Pizzaballa: Sobre todo que a Tierra Santa pueden venir cuando quieran: la peregrinación es segura y no hay nada que temer. Los cristianos de Tierra Santa, pocos y pequeños, son fuertes, quieren ponerse a trabajar y atienden a los peregrinos con alegría.

Hay miles de inmigrantes islámicos que cada día desembarcan en la orilla norte del Mediterráneo en busca de fortuna. Una parte de los europeos alimenta el prejuicio de que estas personas pueden propagar el terrorismo en nuestro continente. En cualquier caso, ¿qué tipo de acogida debemos darles?
— P. Pizzaballa: El desafío de Europa es la integración, pero es una integración que se debe definir bien: esto significa que es necesario integrar a quien llega pero también que quien llega se debe integrar con quien ya está. Es un doble canal que implica a las personas que permanecerán aquí y que trabajarán y adquirirán derechos irrenunciables, pero están en una situación de cultura ya existente. Por tanto será necesario un gran esfuerzo de reflexión sobre cuáles son los puntos fijos e irrenunciables que quien llega deberá acoger y cuáles son sin embargo los puntos que Occidente deberá acoger y que estas personas llevan como novedad.

Durante el encuentro dedicada al próximo Meeting de Rímini se ha hablado del “poder de la esperanza”: ¿de dónde nace esta esperanza?
— P. Pizzaballa: La esperanza nace de una certeza: nuestra fe no nos la pueda quitar nadie.

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