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BRATISLAVA, 14 de septiembre de 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II concluyó este domingo su peregrinación apostólica de cuatro días a Eslovaquia celebrando la misa en la que proclamó beatos a dos mártires recientes del comunismo, un obispo greco-católico y una religiosa enfermera.

«¡No te avergüences nunca del Evangelio!» fue el mensaje central que el pontífice lanzó al país en la homilía de una celebración eucarística que duro más de dos horas, en la que demostró una clara mejoría en el estado de su salud, hablando con voz más fuerte y nítida.

La celebración tuvo lugar en la explanada de Petrzalka, que se encuentra en las afueras de Bratislava, una zona caracterizada por edificios de pisos construidos en tiempos del comunismo como símbolo de las «ciudades libres, sin Dios», según recordó el arzobispo de esta ciudad, Jan Sokol, en sus palabras de bienvenida.

Allí reunidas se encontraban 300.000 personas, entre ellas, varios miles de peregrinos polacos que llegaron en autobuses o en tren. El sucesor de Pedro habló durante la celebración en eslovaco, húngaro, polaco, alemán, checo, italiano y ucraniano.

La homilía que, como en días pasados, fue leída en parte en eslovaco por el cardenal Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de Fe, se convirtió en un sugerente comentario a la fiesta que en ese día celebraban la Iglesia, la exaltación de la santa Cruz, y en un aleccionador recuerdo de los dos nuevos beatos.

Se trata del obispo Vasil Hopko (1904-1976) y de sor Zdenka Schelingová (1916-1955).

Tras la decisión del régimen comunista checoslovaco, en febrero de 1950, de suprimir la Iglesia greco-católica, monseñor Hopko, que pertenecía a la misma, fue arrestado y condenado a quince años de cárcel que no pudo terminar a causa de las malas condiciones de salud.

Su muerte fue provocada por los sufrimientos padecidos antes y después de la prisión, según ha demostrado la investigación de su causa de beatificación.

Sor Zdenka, religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz, enfermera, también fue encarcelada bajo el comunismo después de haber contribuido a preparar la huida un sacerdote enfermo, injustamente encarcelado, en febrero de 1952. Enferma a causa de los malos tratos y humillaciones fue liberada el 16 de abril de 1955. Murió pocos meses después, el 31 de julio.

«Ambos resplandecen ante nosotros como ejemplos luminosos de fidelidad en tiempos de dura y despiadada persecución religiosa --recordó el Papa--: el obispo Vasil no renegó nunca de su amor a la Iglesia católica y al Papa; sor Zdenka no dudo en poner en peligro su misma vida par ayudar a los ministros de Dios».

«Ambos afrontaron un injusto proceso y una condena inicua, las torturas, la humillación, la soledad, la muerte --añadió--. De este modo, la Cruz se convirtió para ellos en el camino que les llevó a la vida, manantial de fortaleza y de esperanza, prueba de amor por Dios y por el hombre».

Al concluir la eucaristía, el Papa rezó la oración mariana del «Angelus» y añadió unas emotivas palabras de despedida de Eslovaquia.

«Llevo grabadas las bellas imágenes de las celebraciones eucarísticas y de los encuentros vividos en estos días --confesó--. Son recuerdos que evocan en mi espíritu profundas y consoladoras emociones».

Su mensaje final lo dedicó a los jóvenes eslovacos, a quienes recordó que son «la esperanza de la Iglesia y de la sociedad».

«¡Sois la esperanza del Papa!», añadió. «No tengáis miedo de haceros auténticos amigos de Jesús: aprenderéis del él a amar de la manera adecuada a este mundo y construiréis con su ayuda la civilización del amor».

Juan Pablo II concluyó en la tarde su viaje apostólico internacional número 102. Su portavoz, Joaquín Navarro-Valls, no descartó este domingo que el Papa siga viajando y explicó que el debilitamiento de su salud, evidente particularmente el viernes pasado, se debió a las elevadas temperaturas.

La salud del Papa mejoró a lo largo del viaje, algo que el portavoz atribuye, en parte, al tiempo otoñal de Eslovaquia, más fresco que el de Roma.

El Santo Padre seguirá transcurriendo los próximos días en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, hasta el 26 de septiembre. Le espera un mes de octubre lleno de intensos momentos públicos, ligados en particular al vigesimoquinto aniversario de pontificado y a la conclusión del Año del Rosario.

El Papa culmina su visita a Eslovaquia proclamando a dos nuevos beatos

«¡No te avergüences nunca del Evangelio!», pide al país

BRATISLAVA, 14 de septiembre de 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II concluyó este domingo su peregrinación apostólica de cuatro días a Eslovaquia celebrando la misa en la que proclamó beatos a dos mártires recientes del comunismo, un obispo greco-católico y una religiosa enfermera.

«¡No te avergüences nunca del Evangelio!» fue el mensaje central que el pontífice lanzó al país en la homilía de una celebración eucarística que duro más de dos horas, en la que demostró una clara mejoría en el estado de su salud, hablando con voz más fuerte y nítida.

La celebración tuvo lugar en la explanada de Petrzalka, que se encuentra en las afueras de Bratislava, una zona caracterizada por edificios de pisos construidos en tiempos del comunismo como símbolo de las «ciudades libres, sin Dios», según recordó el arzobispo de esta ciudad, Jan Sokol, en sus palabras de bienvenida.

Allí reunidas se encontraban 300.000 personas, entre ellas, varios miles de peregrinos polacos que llegaron en autobuses o en tren. El sucesor de Pedro habló durante la celebración en eslovaco, húngaro, polaco, alemán, checo, italiano y ucraniano.

La homilía que, como en días pasados, fue leída en parte en eslovaco por el cardenal Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de Fe, se convirtió en un sugerente comentario a la fiesta que en ese día celebraban la Iglesia, la exaltación de la santa Cruz, y en un aleccionador recuerdo de los dos nuevos beatos.

Se trata del obispo Vasil Hopko (1904-1976) y de sor Zdenka Schelingová (1916-1955).

Tras la decisión del régimen comunista checoslovaco, en febrero de 1950, de suprimir la Iglesia greco-católica, monseñor Hopko, que pertenecía a la misma, fue arrestado y condenado a quince años de cárcel que no pudo terminar a causa de las malas condiciones de salud.

Su muerte fue provocada por los sufrimientos padecidos antes y después de la prisión, según ha demostrado la investigación de su causa de beatificación.

Sor Zdenka, religiosa de la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz, enfermera, también fue encarcelada bajo el comunismo después de haber contribuido a preparar la huida un sacerdote enfermo, injustamente encarcelado, en febrero de 1952. Enferma a causa de los malos tratos y humillaciones fue liberada el 16 de abril de 1955. Murió pocos meses después, el 31 de julio.

«Ambos resplandecen ante nosotros como ejemplos luminosos de fidelidad en tiempos de dura y despiadada persecución religiosa –recordó el Papa–: el obispo Vasil no renegó nunca de su amor a la Iglesia católica y al Papa; sor Zdenka no dudo en poner en peligro su misma vida par ayudar a los ministros de Dios».

«Ambos afrontaron un injusto proceso y una condena inicua, las torturas, la humillación, la soledad, la muerte –añadió–. De este modo, la Cruz se convirtió para ellos en el camino que les llevó a la vida, manantial de fortaleza y de esperanza, prueba de amor por Dios y por el hombre».

Al concluir la eucaristía, el Papa rezó la oración mariana del «Angelus» y añadió unas emotivas palabras de despedida de Eslovaquia.

«Llevo grabadas las bellas imágenes de las celebraciones eucarísticas y de los encuentros vividos en estos días –confesó–. Son recuerdos que evocan en mi espíritu profundas y consoladoras emociones».

Su mensaje final lo dedicó a los jóvenes eslovacos, a quienes recordó que son «la esperanza de la Iglesia y de la sociedad».

«¡Sois la esperanza del Papa!», añadió. «No tengáis miedo de haceros auténticos amigos de Jesús: aprenderéis del él a amar de la manera adecuada a este mundo y construiréis con su ayuda la civilización del amor».

Juan Pablo II concluyó en la tarde su viaje apostólico internacional número 102. Su portavoz, Joaquín Navarro-Valls, no descartó este domingo que el Papa siga viajando y explicó que el debilitamiento de su salud, evidente particularmente el viernes pasado, se debió a las elevadas temperaturas.

La salud del Papa mejoró a lo largo del viaje, algo que el portavoz atribuye, en parte, al tiempo otoñal de Eslovaquia, más fresco que el de Roma.

El Santo Padre seguirá transcurriendo los próximos días en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, hasta el 26 de septiembre. Le espera un mes de octubre lleno de intensos momentos públicos, ligados en particular al vigesimoquinto aniversario de pontificado y a la conclusión del Año del Rosario.

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