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El Papa nombra al sucesor del arzobispo de Cali asesinado en marzo pasado

Califica el secuestro de crimen contra la humanidad

CIUDAD DEL VATICANO, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha nombrado a monseñor Juan Francisco Sarasti Jaramillo como nuevo arzobispo de la localidad colombiana de Cali, en sustitución de monseñor Isaías Duarte, asesinado en marzo pasado, anunció este sábado la Santa Sede.

Poco después del anuncio, monseñor Sarasti condenó la práctica del secuestro –al que calificó como el peor crimen contra la humanidad– y declaró que está dispuesto a mediar en la liberación de los diputados del Valle del Cauca y de todos los secuestrados.

Monseñor Sarasti Jaramillo, religioso de la Congregación de Jesús y María, nació en Cali el 30 de julio de 1938. Obtuvo la licencia en Filosofía en la Universidad Pontificia Javeriana y el doctorado en Teología en la Universidad Pontificia Gregoriana. En 1963 fue ordenado sacerdote en Roma.

En el ámbito de su Congregación religiosa, se dedicó sobre todo al sector de la formación: fue maestro de novicios y consejero general. Después fue rector del Seminario de Santa Rosa de Osos y secretario del Departamento para los Seminarios de la Conferencia Episcopal.

El 8 de marzo de 1978 fue elegido obispo auxiliar de Cali. El 23 de diciembre de 1983 fue nombrado obispo de Barrancabermeja y el 25 de marzo de 1993 promovido a la sede arzobispal de Ibagué.

Sustituye a monseñor Isaías Duarte, asesinado el 16 de marzo cuando subía en un automóvil tras haber oficiado una misa y casado a 70 parejas en la iglesia del Buen Pastor, en Cali. El arzobispo era conocido por su posición contra la guerrilla y el narcotráfico en Colombia.

La Santa Sede anunció públicamente este nombramiento en momentos en que el Sumo Pontífice se encuentra de viaje en Polonia.

«Estamos saturados de los caminos de violencia y mas que necesario se hace urgente ensayar otros caminos para la paz» declaró a la cadena radial Caracol el nuevo arzobispo caleño al tiempo que convocó al gobierno y a la guerrilla a ser mas flexibles, permitiéndoles explorar otras sendas que conduzcan a la pacificación de Colombia. «La Iglesia católica seguirá recorriendo la ruta que le conduzca a la paz, una paz que tiene que nacer del corazón del hombre», puntualizó el prelado.

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