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El perfume del Evangelio

Entrevista con la catedrática de Biblia Núria Calduch Benages

ROMA, miércoles, 19 diciembre 2007 (ZENIT.org).- «El perfume del Evangelio» es un nuevo libro que presenta varios encuentros de Jesús con las mujeres, algunos de los cuales se caracterizan por la fragancia.

Profesora de Antiguo Testamento en la Pontificia Universidad Gregoriana, Núria Calduch Benages (Barcelona, 1957) revela qué quiere decir el perfume en el contexto del Evangelio.

Misionera Hija de la Sagrada Familia de Nazaret, Calduch Benages colabora con la Federación Bíblica Católica (FBC) y con varias entidades de Biblia y Teología, entre ellas la International Society for the Study of Deuterocanonical and Cognate literatura (ISDCL).

«Il Profumo del Vangelo» («El perfume del Evangelio») acaba de ser publicado en italiano por las paulinas, http://www.paoline.it/content/article.asp?intIdArea=9&intIdCategory=42&intIdArticle=137.

–¿Cuál es el perfume del Evangelio?

–Calduch: El perfume del Evangelio no es otro sino el de Cristo Jesús: aquél que emana de sus palabras, de sus gestos y de sus obras; un perfume de nardo, puro, muy costoso –dirá el cuarto evangelista– cuya fragancia llenó toda la casa de Betania, allí donde se encontraba Jesús cenando con sus amigos, María, Marta y Lázaro seis días antes de la Pascua.

–Ver la palabra «perfume» en la solapa de un libro hace pensar en el famoso «Perfume» de Süskind, ahora hecho película. ¿Tiene algo que ver su libro con este best-seller, o sólo comparten nombre?

–Calduch: Ciertamente la novela de Patrick Süskind ha sido un «boom» editorial, pues solamente la edición italiana ha vendido más de un millón de copias y eso sin hablar de la versión cinematográfica realizada por Tom Tykwer con el famoso actor Dustin Hoffman.

Ahora bien, como es de suponer, mi libro no tiene nada que ver con esta novela de intriga. Eso sí, ¡ojalá fuera también un best-seller! El perfume del Evangelio presenta varios encuentros de Jesús con las mujeres, algunos de los cuales se caracterizan por la presencia del perfume. Un elemento lleno de connotaciones y rico de significado simbólico que, según los contextos, permite diversas interpretaciones.

–Entonces, ¿qué sucede cuando Jesús se encuentra con mujeres?

–Calduch: Nada extraño y a la vez excepcional, pues todos los encuentros de Jesús nacen de su amor gratuito que se manifiesta en su preferencia por los pobres, los pequeños y los marginados de la sociedad por tantos motivos.

Todas las mujeres que aparecen en el libro pertenecen, de alguna manera, a esa categoría de víctimas de la sociedad, ya sea por su sexo, por su enfermedad, su trabajo, religión o nacionalidad.

Jesús encuentra una israelita impura a causa de sus continuas hemorragias, una cananea de cultura griega, una pecadora pública y muchas otras discípulas que, con tal de seguir a Jesús, no han tenido miedo de infringir el sistema androcéntrico que dominaba la sociedad de Israel del primer siglo.

Jesús se declara abiertamente en favor de todas estas mujeres y, haciéndose solidario con su dolor, físico o espiritual, genera de su interior una nueva corriente de humanidad.

–El perfume normalmente embriaga y seduce. La fragancia del Evangelio ¿qué carga simbólica tiene?

–Calduch: El perfume es un líquido refinado para ocasiones extraordinarias, excepcionales. No se usa como se usa el agua. El perfume es delicado y costoso. Recordemos el perfume de nardo puro que llenó la casa de María de Betania con su fragancia (Juan 12,3) o el que versó la pecadora sobre los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo (Lucas 7,37-38).

El perfume no se regala a cualquiera, ni se gasta inútilmente. Es un presente destinado a obsequiar personas muy queridas. Por eso, el perfume es aroma de gratuidad. El perfume simboliza el triunfo del amor.

–Su libro, como tantos volúmenes, reserva un final muy interesante, en el que esboza la figura de Jesús como «sabiduría de Dios». ¿Qué querría decir, y qué tiene que ver la sabiduría de Jesús con las mujeres?

–Calduch: La figura de Jesús, Sabiduría de Dios, parece adecuada para nuestro mundo agitado pero también es un contrapunto crítico. Sus obras siguen siendo las obras que nuestro mundo necesita: los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan… y la invitación a la mesa de Doña Sabiduría es un lenguaje que todo ser humano de hoy puede entender.

La conciencia de la vida es un rasgo que todas las personas necesitamos, para saber que la vida no nos vive, sino que somos nosotros quienes la vivimos… Pero también es cierto que necesitamos del silencio de vez en cuando y, sobre todo, necesitamos valorar la huella que deja el tiempo porque con ella va, pequeña o grande, toda la sabiduría atesorada y heredada. No es la juventud el único o mejor momento a valorar en la vida.

Jesús, Sabiduría de Dios, se expande más allá del conocimiento y la información. Invita a poner la vida entera y no sólo nuestro cerebro; la emoción y los afectos, y no sólo nuestra racionalidad; el cuerpo y no sólo el alma, a quedar impregnadas de su perfume y de sus dones.

Ella, en Jesús, sigue siendo la capacidad relacional y dialogante de Dios. Y esta capacidad todavía hoy sigue siendo uno de los dones de las mujeres.

Por Miriam Díez i Bosch

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