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Encuentro Con Los Obispos Del Mediterráneo En Bari, 23 De Febrero De 2020 © Vatican Media

Encuentro en Bari: Los pastores mediterráneos soportan el sufrimiento de su gente

Intervención del Card. Puljic ante el Papa

(zenit – 23 febrero 2020).-“Como pastores, nos hacemos voz del dolor y el sufrimiento de nuestras iglesias y nuestros pueblos”: esto fue expresado por el cardenal Vinko Puljić, arzobispo de Sarajevo, en nombre de los 60 obispos de la región Mediterráneo, reunidos en Bari alrededor del Papa, este 23 de febrero de 2020.

El presidente de la Conferencia Episcopal de Bosnia Herzegovina intervino ante el Papa, expresando su tristeza por “la partida de muchos jóvenes, causada por guerras, injusticias y la miseria” y también rindiendo homenaje a “estos jóvenes que permanecen, mostrando un coraje extraordinario y un gran amor por su país”.

El enemigo, advirtió el cardenal Puljic, “quiere representar constantemente la cultura de la muerte como cultura de vida y el invierno como la primavera”.

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Intervención del Card. Puljic

Santo Padre,

Los saludo cordialmente y agradezco a todos los que han contribuido… en la organización de este encuentro, especialmente a la Conferencia Episcopal Italiana. Para nosotros los obispos, viniendo de países donde los católicos son una minoría, este “encuentro” es un signo visible de la atención y de la fraternidad entre las Iglesias del Mediterráneo. Y hoy estamos felices de unirnos a ustedes en la Eucaristía en esta ciudad tan rica en historia y en una región, Puglia, donde también encuentro mis raíces.

Santo Padre, me complace informarle que, en nuestro trabajo, hemos buscado maneras para realizar la posibilidad de movilidad, igualdad y libertad religiosa en todos los países de nuestro Mediterráneo. Como Pastores nos hemos convertido en la voz del dolor y del sufrimiento de nuestras Iglesias y el nuestra gente. En el noreste del Mediterráneo, a finales del siglo XX, vivíamos, en cierta medida un invierno de asesinatos, destrucción y persecución. Pero tampoco es primavera para el Norte de África y el Oriente Medio, donde las Iglesias soportan heridas y sufrimientos en forma de violencia, conflictos y divisiones de todo tipo, causadas en gran parte por los países ricos.

Santo Padre, todos estamos desconsolados por la partida de muchos jóvenes, causada por las guerras, injusticias y miserias. Sin embargo, nos consuela el hecho de que los jóvenes que se quedan, mostrando un coraje extraordinario y un gran amor por el país y la gente con la que crecieron. También nos complace ver un gran número de personas mayores, que creen profundamente que el presente y el futuro no están principalmente en las manos de los poderosos de este mundo, sino en las de Dios. Como obispos de estos Países somos a menudo los más firmes partidarios del diálogo, en términos de igualdad y amor por la iglesia local y para la gente.

Durante este encuentro hemos hablamos mucho sobre el espíritu del secularismo y el consumismo, que daña internamente el alma del hombre y de las Iglesias. Las palabras de un cardenal de Europa occidental que, durante una visita a Sarajevo en los difíciles días de la guerra, me dijo: “No sé si es más difícil para ti mirar estas iglesias demolidas o para mí ver la iglesias vendidas porque muchos católicos ya no sienten el deseo de rezar”. El enemigo, Santidad, constantemente quiere representar la cultura de la muerte como cultura de la vida y el invierno como primavera.

Estamos contentos de que, durante estos días, hemos encontrado corazones dispuestos a escuchar, pensar con nosotros y buscar formas de cooperación y apoyo juntos. Necesitamos sentirnos acompañados y apoyados por los poderosos, a quienes pedimos que trabajen más duro para la construcción de la paz, el diálogo y la cooperación. Sentimos la importancia de ser visitados por otros pastores en nuestras Iglesias para ayudarnos a encontrar maneras de cumplir nuestra misión en este mundo. Nos complace cada vez que alguien visita nuestras Iglesias y nuestros países, mostrando a todos que no estamos solos, sino que tenemos comunidades “más grandes” y “más fuertes”, que están prestas a defendernos, y a reconocernos en una relación de comunión y fraternidad.

Santo Padre, me gustaría expresar nuestra gratitud porque ha venido entre nosotros en esta ocasión. Gracias también por haber visitado muchas iglesias locales en países donde, como cristianos, somos menos numerosa.

¡Gracias, Santo Padre! ¡Estaremos encantados de rezar por usted!

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