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El Papa saluda a algunos miembros de la Institución des Chartreux © L´Osservatore Romano

El Papa saluda a algunos miembros de la Institución des Chartreux © L´Osservatore Romano

Estudiantes de la Institución de los Cartujos: “Semilla de un mundo nuevo”

El Papa ha recibido a 82 estudiantes de la escuela de Lyon

(ZENIT – 19 Oct. 2017).- “Os animo a todos a trabajar por el bien, para convertiros humildemente en semilla de un mundo nuevo”, ha exhortado el Papa a los estudiantes.

82 estudiantes de la “Institutión de los Cartujos” de Lyon, Francia, se han encontrado esta mañana, 19 de octubre, con el papa Francisco en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano.

El papa Francisco ha animado a los estudiantes a “aprovechar el tiempo de los estudios” para que se conviertan en “promotores y defensores de un crecimiento en la equidad, en artesanos de una administración justa y adecuada de nuestra casa común, es decir el mundo”.

La Institution des Chartreux ahora es un centro escolar católico, que reúne desde el jardín de infancia hasta las cursos superiores a más de 3.800 alumnos, 265 maestros, 38 maestros y 170 supervisores y personal de servicio.

Abierto a todos, independientemente de su origen social o religión, en la tradición del catolicismo liberal, propone contribuir a la formación humana y al éxito académico de los jóvenes que aceptan la regularidad y el trabajo, indican en su página web.

Sigue el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes:

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os recibo con alegría con ocasión de vuestra estancia cultural y espiritual en Roma. Saludo cordialmente junto a vosotros al Superior de la Institución de los Chartreux y a los profesores que os acompañan, sin olvidarme de los que se han quedado en Lyon, también el cardenal Barbarin.

Estáis haciendo un curso de estudios que os prepara para entrar en las grandes escuelas de negocios y que, cuando llegue el momento, os permitirá ejercer una profesión en el mundo de las finanzas internacionales. Me complace saber que vuestra formación académica incluye una fuerte dimensión humana, filosófica y espiritual, y por ello doy gracias a Dios. De hecho, es esencial que, a partir de ahora y en vuestra futura vida profesional, aprendáis a permanecer libres de la fascinación del dinero, de la esclavitud en la que el dinero encierra a los que le rinden culto. Y también es importante que adquiráis hoy la fuerza y ​​el valor de no obedecer ciegamente a la mano invisible del mercado. Por lo tanto, os animo a aprovechar el tiempo de los estudios para convertiros en promotores y defensores de un crecimiento en la equidad, en artesanos de una administración justa y adecuada de nuestra casa común, es decir el mundo (cf. Exhort. Ap.  Evangelii gaudium, 204; 206).

Aquí, en Roma, vivís una forma de inmersión en la historia que ha marcado fuertemente el nacimiento de las naciones europeas. Admirando lo que el genio de los hombres y las esperanzas que han cultivado  han sido capaces de lograr, dad importancia también vosotros  a dejar vuestra huella en la historia. ¡Tenéis, efectivamente la capacidad de decidir vuestro futuro! Quiero reiterarlo: tenéis la capacidad de decidir vuestro futuro. Por eso os exhorto a ser responsables de este mundo y de la vida de cada hombre. No olvidéis nunca que “cada injusticia contra un pobre es una herida abierta, y disminuye [vuestra] misma dignidad”. (Catequesis 20 de septiembre 2017). Y, aunque este mundo espera de vosotros que apuntéis al éxito, daos los medios y el tiempo para recorrer los senderos de la fraternidad, para construir puentes entre los hombres en lugar de muros, para añadir vuestra piedra a la construcción de una sociedad más justa y más humana.

En esta perspectiva, invito a los  que entre vosotros son cristianos  a permanecer unidos al Señor Jesús con la oración, para aprender a confiar todo a Dios, y  no sucumbir así a la tentación del desaliento o la desesperación. También me gustaría decir, con respeto y afecto, a los que no son cristianos: no olvidéis nunca, con la mirada fija en vosotros y en los demás, que “el hombre supera infinitamente al hombre” (BLAISE PASCAL Pensamientos, fragmento 122). Y os animo a todos a trabajar por el bien, para convertiros humildemente en semilla de un mundo nuevo.

Con esta esperanza, confiando a cada uno de vosotros al Señor para que podáis cultivar la cultura del encuentro y del intercambio en el seno de la única familia humana, invoco de corazón la bendición de Dios sobre vosotros, sobre las personas que os acompañan, así como sobre vuestras familias y sobre la Institución de los Chartreux. ¡Merci beaucoup!

© Librería Editorial Vaticano

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