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Exámenes prenatales acaban en eugenesia

Las dudas o defectos se convierten en niños abortados

ROMA, domingo, 8 febrero 2009 (ZENIT.org).- Poco después de haber desmontado las escenas de la natividad tras las fiestas navideñas, se dispara el debate en Inglaterra sobre los abortos selectivos de niños con problemas genéticos.

La investigación llevada cabo por el centro de investigación del autismo de la Universidad de Cambridge planteó la posibilidad de detectar en bebés no nacidos el riesgo de sufrir autismo, informaba el periódico Guardian el 12 de enero.

Los investigadores encontraron un nexo entre altos niveles de testosterona en el líquido amniótico de las mujeres embarazadas y rasgos autistas en un grupo de 235 niños estudiados.

“Si hubiera una prueba prenatal para el autismo, ¿sería esto deseable?”, declaraba al Guardian el profesor Simon Baron-Cohen, director del equipo de investigación. “¿Qué perderíamos si los niños con desórdenes autistas fueran eliminados de la población?”, preguntaba.

Las pruebas de autismo antes del nacimiento podrían tener algunos resultados positivos, observaba el artículo. Según la Sociedad Nacional Autista inglesa ayudaría a los padres a prepararse y a conseguir ayuda para su hijo.

Acompañando al artículo que anunciaba los descubrimientos de la investigación, el Guardian publicaba el testimonio de Charlotte Moore, que ha criado a sus dos hijos autistas, George y Sam.

Charlotte reconocía la carga que pone sobre los padres un hijo autista, y expresó su miedo de que muchas madres abortasen tales niños si las pruebas estuvieran disponibles, como actualmente ocurre con los niños con síndrome de Down.

Ella, sin embargo, no consideraría abortar un niño autista. “Nuestra vida familiar es tan rica y tan llena de significado como cualquier otra; las vidas de mis hijos no son trágicas, ni tampoco la mía”, sostenía. “Una sociedad que busca eliminar todas las variables que hacen de la vida humana algo fascinantemente complejo no es una sociedad en la que yo quiera vivir”, concluía Charlotte.

Libre de cáncer

Las noticias sobre el autismo aparecieron poco después del anuncio del nacimiento del primer niño de Gran Bretaña seleccionado genéticamente para quedar libre de un gen ligado al cáncer de pecho. Según un reportaje del 10 de enero en el periódico Scotsman, una pareja se sometió al tratamiento de fertilidad en la Colegio Universitario de Londres y los embriones fueron sometidos al proceso de diagnosis de preimplantación genética (PGD), para asegurar que no tenían el gen BRCA1.

Las mujeres con esta variación genética tienen un 80% de riesgo de desarrollar cáncer de mama, comentaba el artículo.

Scotsman también informaba de la preocupación expresada por Michaela Aston, de la organización Life. “Life celebra toda nueva vida y da la bienvenida a este niños al mundo”, afirmaba.

“No obstante, estamos muy preocupados por la pérdida de aquellos embriones descartados por no ser considerados dignos de vivir”, continuaba Aston. “Necesitamos recordar que somos mucho más que la suma de nuestros genes”.

Las noticias también llamaron la atención de William Saletan, que escribe en la revista online norteamericana Slate. En su comentario del 14 de enero, Saletan ponía de relieve la deshonestidad verbal de la nota de prensa del Colegio Universitario de Londres.

“El primer bebé examinado para la forma de cáncer de mama BRCA1 antes de la concepción ha nacido en el Reino Unido”, se afirma. Saletan explicaba que las pruebas tuvieron lugar, no obstante, en estado de embrión y dicho bebé fue uno de los 11 examinados, de los que 9 fueron descartados. Dos se implantaron después, dando como resultado un bebé.

Juegos de palabras

“Ahora llamamos a tales pruebas ‘preconcepción’. Este es el siguiente paso en nuestra gradual devaluación de los embriones”, reflexionaba Saletan. Los embriones jóvenes eran denominados “pre-embriones” para hacer más aceptable el utilizarlos en experimentos científicos, y ahora cambiamos el significado de la palabra concepción.

“No te preocupes de los seis óvulos que fertilizamos, rechazamos y liquidamos al seleccionar este bebé. En realidad nunca fueron concebidos. De hecho ni siquiera eran embriones”, continuaba Saletan.

Luego seguía apuntando que si la bebé había sido concebida de modo natural, habría tenido un 50% de posibilidades de heredar el gen defectuoso. Después, si lo hubiera heredado habría tenido un riesgo de cáncer del 50% al 85%, e incluso entonces podría habérselo detectado y curado.

“La investigación sobre embriones está pasando de enfermedades garantizadas y fatales en la niñez a enfermedades potenciales y no mortales en vida adulta”, lamentaba Saletan.

Las investigaciones de este tipo parece que se expanden con rapidez. Sólo unos días después, el 18 de enero, el periódico Scotland on Sunday anunciaba que pronto se ofrecerá a cientos de parejas escocesas pruebas para crear “bebés de diseño” libres de enfermedades genéticas.

El Centro para Medicina Reproductiva de Glasgow (GCRM) pondrá en marcha un servicio de análisis escocés a finales de año. Se analizará a los embriones de 200 genes que están detrás de enfermedades hereditarias como el cáncer o la fibrosis quística.

El centro implantará por tanto sólo embriones que se garantice que están libres de cualquier fallo genético específico, costando 5.500 libres cada tratamiento terminado. Tales servicios estaban disponibles hasta ahora en Inglaterra, pero no al norte de la frontera.

“Esta no es la cura de ninguna enfermedad, sino una forma de destruir a los que las padecen en sus primeras etapas de vida. Es totalmente inmoral y no debería apoyarse”, declaró al periódico un portavoz innominado de la Iglesia católica en Escocia.

Cuesta resbaladiza

Como consecuencia un artículo sobre las pruebas realizadas sobre los no nacidos sembraba el miedo sobre la futura destrucción de vida no nacida. El 25 de enero el Sunday Times informaba que las pruebas de paternidad que ahora se llevan a cabo sobre niños no nacidos por algunos laboratorios de ADN.

Dichas pruebas, explicaba el artículo, permiten a las madres abortar los niños si son el resultado de una relación extraconyugal.

Según el artículo, DNA Solutions, el mayor proveedor de pruebas genéticas del Reino Unido, actualmente lleva a cabo 500 pruebas de paternidad prenatal cada año. El Sunday Times también observaba que la empresa reconoce que algunas de las mujeres que usan sus pruebas probablemente se inclinarán por abortar el bebé si resulta que es del padre “incorrecto”.

Josephine Quintavalle, fundadora de Conment on Reproductive Ethics, afirmaba: “Esto es de hecho bastante preocupante. Es obvio que quienes se someten a la prueba luego querrán abortar. Quienes ofrecen esta prueba animan a ‘soluciones’ de este tipo”.

Las mujeres que pasan por las pruebas para detectar problemas genéticos o de paternidad se pueden ver reflejadas en el testimonio de Victoria Lambert, que escribió un artículo el 3 de enero en el periódico Daily Mail sobre su experiencia de haber abortado un bebé discapacitado.

Su hijo tenía síndrome de Patau, también conocido como trisoma 13, y aunque muchos de los que lo padecen mueren al nacer o poco después, algunos pueden sobrevivir hasta el inicio de la edad adulta.

Abortar a su hijo fue una experiencia que le dejó profundas cicatrices, escribía Lambert. “Dicho simplemente, mi decisión y sus consecuencias me han torturado durante los últimos nueve años”.

Lambert pasa luego a describir cómo después de algunos abortos naturales años después concibió de nuevo, cuando ya casi tenía 40 años. Cuando se le ofreció un escáner en un hospital, ella lo rechazó.

“Una vez que habíamos decidido que no seguiríamos adelante con pruebas para el Down o cualquier otra cosa, dejé de preocuparme sobre cómo sería nuestro hijo”, declaró. “Sería nuestro bebé; y mientras naciera viva, todo lo demás podría tratarse”, comentaba Lambert.

Aunque más pruebas prenatales puedan emocionar a los científicos, hay un grave peligro, concluía, “que la excesiva facilidad y simplicidad de las pruebas vuelvan las decisiones de vida o muerte muy fáciles de adoptar – y de lamentar”.

“Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades”, hace notar el Catecismo de la Iglesia Católica (No. 2268). Irónicamente, mientras que la opinión pública se opone cada vez más a la pena de muerte para los criminales culpables, sanciona la muerte para el inocente no nacido.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción del original inglés por Justo Amado

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