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Briefing in the airplane

CTV - SAT 2000

Francisco: Rumbo a Cuba

Le espera un país grato por su diplomacia y con un índice de agrado entorno al 80 por ciento. Su gran aportación sería ayudar eficazmente a la reconciliación entre cubanos

El día 19  comienza el viaje más largo de Francisco. Diez días entre Cuba y Estados Unidos. La primera etapa  será fácil. La segunda  tendrá más dificultades. Veamos.

Al acabar la histórica entrevista vaticana entre  Francisco y Raúl Castro, este declaró:   “Si este Papa continúa hablando así, les aseguro que volveré a rezar y regresaré a la Iglesia. Y no lo digo en broma”. Esta frase fue suprimida en el periódico oficial Granma. Un indicio de la existencia de dos lenguajes en la Cuba de los Castro: uno para consumo externo, otro para consumo interno. Es un dato que Francisco  –a punto de llegar a Cuba–  debe ponderar para que sus palabras sean bien oídas en los aerópagos mediáticos internacionales y en los canales internos del Partido.

Esto fue muy tenido en cuenta por Juan Pablo II y Benedicto XVI,  que han preparado a Francisco este tercer viaje a Cuba de un Pontífice Romano. Es una  muestra histórica más del tema de la continuidad del Papado. La primera puerta se abrió con el viaje de Juan Pablo II. Parecía imposible; el Papa había indirectamente mostrado su deseo, pero no llegaba la invitación de Castro. Al final llegó. No se sabía qué iba a ocurrir. Por eso envió allí tres meses antes a su Portavoz, Joaquin Navarro-Valls, el cual tuvo una larga entrevista nocturna  de seis horas  en la residencia del comandante  Fidel Castro.  “En la revolución cubana, le dijo entre otras cosas, no se ha derramado ni una gota de sangre de un sacerdote católico”. Se veía su fondo cristiano aunque escondido en su ideología marxista. El Papa llegó, dijo exactamente lo que quiso, y Castro, además de su encuentro con Juan Pablo II, asistió a la misa que se celebró en La Habana, en la Plaza de la Revolución, bajo una silueta del Ché Guevara. Allí se abrieron muchas puertas: reconocimiento social de la Iglesia, entrada de algunos sacerdotes no cubanos etc. etc. Acaba de confirmarse de que también Francisco tendrá un encuentro privado con Fidel.

Con Benedicto XVI la continuidad fue evidente. Hay una anécdota poco conocida. Fidel Castro, que ya no era Presidente, quiso ver al Papa y tuvo la delicadeza de venir él a la Nunciatura. En un momento le preguntó: “¿Qué me recomendaría usted leer?” El Papa, muy al estilo Ratzinger, respondió: “Déjemelo pensar y le contestaré desde Roma”. En el primer correo diplomático le envió cinco libros; dos de ellos escritos por Ratzinger: un tomo de su Jesús, y el libro Introducción al Cristianismo. Según su hija Alina (huida de Cuba en 1993), después de la grave enfermedad de su padre Fidel: “Se ha acercado a la religión. No sé si tiene miedo de morir, pero estoy convencida de que hoy está muy interesado en la suerte de su alma”.

Sea o no cierta esta apreciación, es evidente que la Cuba que le espera a Francisco es la de un país rendido a los pies del papa romano. No solamente como agradecimiento al papel que ha desempeñado en la “diplomacia triangular” (Obama/ Castro/ Francisco), con la distensión USA/Cuba, si no también por el alto índice de aprobación de Francisco entre el pueblo cubano (80 por ciento, según Bendixen & Amandi ). Sobre todo, si se tiene en cuenta que el propio Raúl Castro  solamente goza de un 47 por ciento de aprobación. Por lo demás, la comunidad de lengua, sangre latinoamericana y cercanía a la situación de los necesitados, hace esta primera etapa del viaje de Francisco  bastante más fácil que su continuidad estadounidense.

Y eso que lo que encontrará en Cuba Francisco no es estrictamente una nación católica, aunque tampoco atea. Lo cual, dicho sea de paso, se corrigió en la reforma de la Constitución cubana, que convirtió al Estado oficialmente ateo en simplemente “laico”. Los católicos son, ciertamente, el  60,5 por ciento de la población. Pero en buena medida, es un catolicismo algo sincretista, en el que se mezclan tradiciones cristianas y espiritualidad de origen africano.

 Francisco, desde luego, debe potenciar la eclosión de los derechos humanos, en un  país  no demasiado acostumbrado. Sin duda, debe contribuir a sacar al catolicismo de las cavernas sociales. Pero, en mi modesta opinión, su gran aportación sería ayudar eficazmente a la reconciliación entre cubanos. Es decir, entre los partidarios de la Revolución y los partidarios de la libertad. No se trata tanto de “legitimar” el proceso de restablecimiento de relaciones entre Cuba y Usa, cuanto “legitimar el proceso interno de Cuba hacia la libertad”. Se trata de tender puentes entre el exilio de Miami y el exilio interior cubano, con los partidarios de la revolución castrista. La palabra “Pontífice“, viene de “puente”, y nadie mejor preparado para ello que el papa Francisco. No se olvide que el centro de las relaciones entre Iglesia y Estado son hoy los ciudadanos implicados, no los intereses de las cúpulas de mando.

Hace un cierto tiempo tuve una conversación interesante con exiliados cubanos. No todos apostaban por la “transición violenta”, la mayoría quería una transición pacífica, al estilo de la española. Me da la impresión de que entre los políticos jóvenes de uno y otro sector esto es factible. Lástima que en la generosa amnistía que acaba de decretar Raúl Castro, hayan sido excluidos los delitos contra la seguridad del estado. Hubiera sido un primer paso interesante. 

                                                                                           — 

Rafael Navarro-Valls
Académico/Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

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