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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 17 noviembre 2007 (ZENIT.org-El Observador).- El llamado «Acontecimiento» de Aparecida --la Quinta Conferencia del Consjo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se celebró del 13 al 31 de mayo en el Santuario de Aparecida, Brasil-- comienza a rendir frutos en los trabajos de las diferentes diócesis y conferencias episcopales de los países que integran el Continente Americano.


Esta semana se ha celebrado la 84 Asamblea General Ordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, bajo el mismo lema de Aparecida. Por parte de los obispos mexicanos, uno de los asistentes a la Quinta reunión de CELAM fue el obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, quien en el siguiente artículo ofrece las claves para le lectura, interpretación y puesta en práctica del "Acontecimiento" de Aparecida.


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Grandes líneas de “Aparecida”
RECOMENZAR DESDE CRISTO

VER
Los obispos mexicanos estamos reunidos, en nuestra LXXXIV Asamblea ordinaria, para estudiar el Documento de Aparecida, que elaboramos en mayo pasado en Brasil, aprobado ya por el Papa Benedicto XVI. Lo mismo están haciendo las demás Conferencias Episcopales de los países de nuestro subcontinente. Junto con nuestras comunidades, queremos responder a lo que el Espíritu ha dicho y pedido a nuestras Iglesias.

No faltan comentaristas, incluso un protestante furibundo contra todo lo católico, que sólo resaltan los cambios que hicieron los colaboradores del Papa, como si esto quitara autoridad y densidad al documento. Otros le quieren buscar deficiencias, como alguien que me preguntó, en una conferencia di sobre el tema, qué le faltaba al documento; era su gran inquietud. Es obvio que el texto no es una enciclopedia, que trate de todo, sino sólo remarca lo que en este momento requiere nuestra Iglesia.

¿Cuáles son las grandes líneas del documento? Trataré de exponer, en artículos sucesivos, algunas de las que considero más importantes. Ahora resalto la que juzgo como básica.

JUZGAR
Desde la introducción, el documento nos invita a centrarnos en lo fundamental, que es el encuentro personal con Cristo: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (No. 12).

No nos podemos confiar ni estar tranquilos porque en México los católicos somos mayoría, pues no sólo disminuye el número, sino que la fe de muchos es muy débil y fragmentaria. Por ello, “la Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias... Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva” (No. 11).

La Iglesia no es fin en sí misma; es para Cristo y el pueblo. “Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (No. 14).

ACTUAR
“Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado” (No. 18). Por ello, nuestro empeño es que todos los católicos –y aún los no creyentes- conozcan más a Jesucristo, se apasionen por su Evangelio y lo contagien a su alrededor.

Nos sentimos dichosos de ser cristianos y católicos. “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (No. 28). “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, … deseamos que llegue a todos... Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (No. 29).

¿Quieres ser auténtico creyente? Atrévete a conocer a Jesús y ábrele las puertas. ¡Encontrarás vida plena y no quedarás defraudado!

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

Grandes líneas de «Aparecida»: Recomenzar desde Cristo

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 17 noviembre 2007 (ZENIT.orgEl Observador).- El llamado «Acontecimiento» de Aparecida –la Quinta Conferencia del Consjo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se celebró del 13 al 31 de mayo en el Santuario de Aparecida, Brasil– comienza a rendir frutos en los trabajos de las diferentes diócesis y conferencias episcopales de los países que integran el Continente Americano.

Esta semana se ha celebrado la 84 Asamblea General Ordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, bajo el mismo lema de Aparecida. Por parte de los obispos mexicanos, uno de los asistentes a la Quinta reunión de CELAM fue el obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, quien en el siguiente artículo ofrece las claves para le lectura, interpretación y puesta en práctica del “Acontecimiento” de Aparecida.

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Grandes líneas de “Aparecida”
RECOMENZAR DESDE CRISTO

VER
Los obispos mexicanos estamos reunidos, en nuestra LXXXIV Asamblea ordinaria, para estudiar el Documento de Aparecida, que elaboramos en mayo pasado en Brasil, aprobado ya por el Papa Benedicto XVI. Lo mismo están haciendo las demás Conferencias Episcopales de los países de nuestro subcontinente. Junto con nuestras comunidades, queremos responder a lo que el Espíritu ha dicho y pedido a nuestras Iglesias.

No faltan comentaristas, incluso un protestante furibundo contra todo lo católico, que sólo resaltan los cambios que hicieron los colaboradores del Papa, como si esto quitara autoridad y densidad al documento. Otros le quieren buscar deficiencias, como alguien que me preguntó, en una conferencia di sobre el tema, qué le faltaba al documento; era su gran inquietud. Es obvio que el texto no es una enciclopedia, que trate de todo, sino sólo remarca lo que en este momento requiere nuestra Iglesia.

¿Cuáles son las grandes líneas del documento? Trataré de exponer, en artículos sucesivos, algunas de las que considero más importantes. Ahora resalto la que juzgo como básica.

JUZGAR
Desde la introducción, el documento nos invita a centrarnos en lo fundamental, que es el encuentro personal con Cristo: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (No. 12).

No nos podemos confiar ni estar tranquilos porque en México los católicos somos mayoría, pues no sólo disminuye el número, sino que la fe de muchos es muy débil y fragmentaria. Por ello, “la Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias… Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva” (No. 11).

La Iglesia no es fin en sí misma; es para Cristo y el pueblo. “Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (No. 14).

ACTUAR
“Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado” (No. 18). Por ello, nuestro empeño es que todos los católicos –y aún los no creyentes- conozcan más a Jesucristo, se apasionen por su Evangelio y lo contagien a su alrededor.

Nos sentimos dichosos de ser cristianos y católicos. “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (No. 28). “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, … deseamos que llegue a todos… Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (No. 29).

¿Quieres ser auténtico creyente? Atrévete a conocer a Jesús y ábrele las puertas. ¡Encontrarás vida plena y no quedarás defraudado!

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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