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La psicología ante la selección y formación de los sacerdotes

Habla Gladys A. Sweeney del Instituto para las Ciencias Psicológicas

ROMA, 10 marzo 2002 (ZENIT.org).- La selección y formación de los candidatos al sacerdocio, argumento de candente actualidad en estos momentos, puede recibir una contribución válida de la psicología, según ha afirmado Juan Pablo II (Cf. Zenit, 4 de febrero de 2002).

Para comprender mejor la propuesta del Papa, Zenit ha entrevistado a la doctora Gladys A. Sweeney, decana del Instituto para las Ciencias Psicológicas [http://www.ipsciences.edu], institución educativa con sede en Arlington (Virginia), junto a Washington, dedicada al desarrollo de una psicología fundada en la visión católica de la persona humana.

–Zenit: En su discurso a la Congregación vaticana para la Educación Católica, el Papa proponía, en particular, la aportación de expertos en psicología para orientar la selección de jóvenes que quieren entrar al seminario para ser sacerdotes. ¿Qué contribución puede ofrecer la psicología en este campo?

–Gladys A. Sweeney: Esta es un área en que la psicología puede prestar un servicio imprescindible. El uso de instrumentos psicológicos y entrevistas diagnósticas permiten determinar si existen obstáculos de naturaleza psíquica, emocional, u orgánica, que impiden al postulante elegir en forma libre una decisión vocacional. La decisión vocacional debe ser una decisión libre, basada en amor. Hay postulantes que creen tener vocación, pero la motivación puede venir de un deseo inconsciente de evitar el matrimonio, por ejemplo, o de huir de relaciones interpersonales. La psicología ayuda a clarificar estos obstáculos, haciendo un gran servicio no sólo a la Iglesia, sino también al postulante.

–Zenit: ¿Termina aquí la contribución de la psicología en el camino de preparación al sacerdocio? ¿Puede ser útil para la formación de seminaristas?

–Gladys A. Sweeney: El valor de la psicología no se limita solamente a la selección de los seminaristas. La formación sacerdotal y de la vida consagrada es larga y demanda un nivel de instrospección y de auto-examinación muy intenso. Durante este período formativo, se pueden manifestar fenómenos de tipo psicológico como angustias, ansiedades, y momentos depresivos, que no se aclaran con la dirección espiritual. Pueden ser el resultado de una intensificación del auto-conocimiento, y pueden requerir la ayuda de las ciencias psicológicas. En estos casos la consultoría con un psicólogo puede aún salvar la vocación.

–Zenit: El Papa pide que los psicólogos que asesoren a los seminarios estén bien capacitados profesionalmente y que tengan una comprensión cristiana de la vida. ¿Qué quiere decir? ¿Se refiere a alguna corriente de la psicología?

–Gladys A. Sweeney: El psicólogo con cualificaciones buenas indica que tiene un conocimiento a fondo de los últimos avances científicos de la ciencia, y por supuesto esto es muy importante. Sin embargo, ellos deben entender claramente la visión integral del ser humano como el aspecto sobrenatural de la vocación. Considerando el ejemplo anterior, es posible que estos períodos de ansiedad o depresión, no reflejen una disfunción psicológica, sino que pueden ser una manifestación de un período transitorio de la vida espiritual, como una «noche oscura del alma», por ejemplo. En este caso, una vez que pasa, la persona está a un nivel más desarrollado de vida espiritual. Si se consulta a un psicólogo que no entiende el aspecto sobrenatural de la vocación, y lo trata como una disfunción, se hace más daño, al impedir un crecimiento espiritual de la persona. Y si en realidad es un problema psicológico, tratándolo como un problema espiritual, es un error. Es por esto que psicólogos bien formados intelectual y espiritualmente pueden dar un gran servicio a los seminarios, no sólo en el proceso de selección sino también de formación sacerdotal.

–Zenit: ¿No cree que existe el riesgo de confundir en este caso psicología con espiritualidad o vida moral? ¿Cómo se evita este peligro?

–Gladys A. Sweeney: Una visión integral de la persona incluye todos estos aspectos: psicológicos, espirituales, y morales. Personas con problemas psicológicos tienden a tomar decisiones sin prudencia, contrarias a la naturaleza humana, a veces inmorales. En ocasiones existe un patrón de este tipo de decisiones. En este caso las ciencias psicológicas deben intervenir. El objetivo es que liberen la voluntad, para que la persona pueda ver las situaciones objetivamente, discernir prudentemente la acción a seguir, y actuar moral y virtuosamente. La psicología estaría al servicio de la verdad, y como Juan Bautista, debe ayudar a «enderezar el camino al Señor».

No debe haber confusión. La psicología libera a la persona para que ésta elija el bien.

Esta visión de la psicología al servicio de la verdad sobre el ser humano y sobre la vocación va a depender de una educación bien orientada para los psicólogos del futuro. Debe ser una psicología que no sea reduccionista, relativista o que ignore la transcendencia del ser humano.

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