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ROMA, 5 mayo 2003 (ZENIT.org).- Los cien años de la Comisión Pontificia Bíblica (1902-2002) no han sido un camino de rosas, pero «a pesar de los problemas, miramos con agradecimiento y esperanza el camino que se abre delante de nosotros», afirma el cardenal Joseph Ratzinger.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de esta prestigios institución vaticana hizo su constatación el viernes pasado en un acto conmemorativo de este centenario celebrado en el Instituto Patrístico «Agustinianum» de Roma.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe confesó que los cincuenta primeros años de la Comisión estuvieron marcados por una relación difícil con los biblistas, puesto que «el Magisterio amplió demasiado el ámbito de las certezas y limitó el espacio a la exégesis».

En este sentido, citó algunos ejemplos de las difidencias del Magisterio ante el método histórico-crítico usado en aquel tiempo por los exegetas protestantes y visto con cautela y prevención por los católicos.

El cardenal Ratzinger reconoció que esta tendencia cambió radicalmente en la segunda mitad del siglo XX, especialmente después del Concilio Vaticano II y de la constitución dogmática «Dei Verbum» (sobre la divina Revelación), de noviembre de 1965.

«Estamos profundamente agradecidos a la apertura que significó el Concilio Vaticano II, pero no debemos condenar el pasado, que es parte del proceso de conocimiento que nos ha permitido llegar hasta aquí y que nos pondrá siempre nuevos retos delante», afirmó el purpurado bávaro.

El presidente de la Comisión Pontificia Bíblica insistió en la fe basada en la historia: «La fe que no conoce nada de los hechos históricos es gnóstica», dijo, criticando las «desencarnaciones de la fe que la reducen a una idea».

«La fe se basa en la Biblia: la realidad del nacimiento de Jesús de María Virgen, la efectiva institución de la Eucaristía por Jesús en la Última Cena, la resurrección corporal de los muertos etc... son elementos de fe», dijo el cardenal, pidiendo que se preserven como tales.

Para el cardenal alemán, es importante ligar la fe con la razón y viceversa: «Fe y ciencia, Magisterio y exégesis no se contraponen como modos cerrados en sí mismos», añadió.

Finalmente, Ratzinger hizo saber que la Comisión Bíblica, en su nueva época (desde 1972), «no es solo un órgano del Magisterio sino un lugar de encuentro y de diálogo entre representantes del Magisterio y exegetas cualificados».

Para ilustrar esta afirmación, nombró algunos de los documentos más representativos de la institución que preside, como «La interpretación de la Biblia en la Iglesia», que este abril ha cumplido diez años.

La relación entre Magisterio y exégesis bíblica, según el cardenal Ratzinger

Preside la celebración de los 100 años de la Comisión Pontificia Bíblica

ROMA, 5 mayo 2003 (ZENIT.org).- Los cien años de la Comisión Pontificia Bíblica (1902-2002) no han sido un camino de rosas, pero «a pesar de los problemas, miramos con agradecimiento y esperanza el camino que se abre delante de nosotros», afirma el cardenal Joseph Ratzinger.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y presidente de esta prestigios institución vaticana hizo su constatación el viernes pasado en un acto conmemorativo de este centenario celebrado en el Instituto Patrístico «Agustinianum» de Roma.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe confesó que los cincuenta primeros años de la Comisión estuvieron marcados por una relación difícil con los biblistas, puesto que «el Magisterio amplió demasiado el ámbito de las certezas y limitó el espacio a la exégesis».

En este sentido, citó algunos ejemplos de las difidencias del Magisterio ante el método histórico-crítico usado en aquel tiempo por los exegetas protestantes y visto con cautela y prevención por los católicos.

El cardenal Ratzinger reconoció que esta tendencia cambió radicalmente en la segunda mitad del siglo XX, especialmente después del Concilio Vaticano II y de la constitución dogmática «Dei Verbum» (sobre la divina Revelación), de noviembre de 1965.

«Estamos profundamente agradecidos a la apertura que significó el Concilio Vaticano II, pero no debemos condenar el pasado, que es parte del proceso de conocimiento que nos ha permitido llegar hasta aquí y que nos pondrá siempre nuevos retos delante», afirmó el purpurado bávaro.

El presidente de la Comisión Pontificia Bíblica insistió en la fe basada en la historia: «La fe que no conoce nada de los hechos históricos es gnóstica», dijo, criticando las «desencarnaciones de la fe que la reducen a una idea».

«La fe se basa en la Biblia: la realidad del nacimiento de Jesús de María Virgen, la efectiva institución de la Eucaristía por Jesús en la Última Cena, la resurrección corporal de los muertos etc… son elementos de fe», dijo el cardenal, pidiendo que se preserven como tales.

Para el cardenal alemán, es importante ligar la fe con la razón y viceversa: «Fe y ciencia, Magisterio y exégesis no se contraponen como modos cerrados en sí mismos», añadió.

Finalmente, Ratzinger hizo saber que la Comisión Bíblica, en su nueva época (desde 1972), «no es solo un órgano del Magisterio sino un lugar de encuentro y de diálogo entre representantes del Magisterio y exegetas cualificados».

Para ilustrar esta afirmación, nombró algunos de los documentos más representativos de la institución que preside, como «La interpretación de la Biblia en la Iglesia», que este abril ha cumplido diez años.

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