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La RIIAL lanza «Espacios de estudio, formación y diálogo interdisciplinar»

Entrevista al doctor Francisco Canals Vidal

BARCELONA, viernes, 6 febrero 2004 (ZENIT.org).- La Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) pone en marcha una nueva iniciativa: los «Espacios de estudio, formación y diálogo interdisciplinar», orientados al desarrollo y la creación cultural a través del medio informático.

Esta iniciativa, animada por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, y encuadrada en la Universitas Albertiana, aprovechará las capacidades este nuevo medio que permite un alcance y una interactividad nuevos en la historia.

Dado que no hay nada más práctico que una buena teoría, y visto que nuestra sociedad necesita un pensamiento moderno y eficaz, estos «Espacios» empiezan por la raíz misma del desarrollo intelectual: la filosofía.

Para ello se ha interpelado a una autoridad en la materia, el profesor Francisco Canals Vidal, Catedrático de Metafísica en la Universidad de Barcelona, miembro de la Pontificia Academia de Santo Tomás, fundador de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino, y cofundador de la Escuela Tomista de Barcelona. Los contenidos elaborados por el profesor Canals se pueden encontrar en la dirección: http://www.riial.org/stda/inicio.htm

–Doctor Canals, ¿por qué una nueva síntesis de Santo Tomás de Aquino?, ¿No se ha dicho ya todo lo que se podía decir?

–Profesor Canals: No se intenta «crear» una síntesis nueva. En la escuela tomista de Barcelona, originada por el magisterio fecundo del Padre Ramón Orlandis y puesta en marcha por la tarea de Jaime Bofill, tenemos la convicción de que en el estudio directo de los textos mismos de Santo Tomás se hallan siempre perspectivas, en algunos casos poco atendidas, que acercan a un descubrimiento vivo y renovado de su pensamiento, el cual es más conducente a la comprensión auténtica de su síntesis doctrinal que el trabajo indirecto a través de los mejores manuales o estudios monográficos.

Tenemos la convicción de que Santo Tomás, así conocido, ofrece mayores posibilidades para el diálogo filosófico que atienda a los problemas y urgencias contemporáneos. En Santo Tomás se pueden descubrir planteamientos y afirmaciones hasta ahora poco atendidos y que permiten, y aun exigen, pensar muchas cosas nuevas.

–¿Todo el esfuerzo de la escolástica ha de ser sometido a revisión?

–Profesor Canals: He de comenzar por advertir que mi convicción es totalmente opuesta a las tendencias que no tienen estima por la escolástica y que no reconocen el valioso servicio a la Iglesia obrado en ella por sus grandes Doctores. Tampoco me siento inclinado a los eclecticismos interescolásticos o extraescolásticos –que podrían conducir a un escepticismo filosófico- sino, precisamente, a la profundización en la síntesis doctrinal de Santo Tomás de Aquino. No hay que confundir la libertad de las escuelas católicas con la obligatoriedad del escepticismo filosófico.

Personalmente, entré en contacto con Santo Tomás hace unos sesenta años. Perseverando en el estudio de su obra y de sus grandes comentaristas y estudiosos, he ido descubriendo, cada vez más, la fuerza sintética que crea una arquitectura unitaria en el amplísimo sistema de un pensador que Ernst Bloch clasifica entre los grandes «enciclopédico-sistemáticos». Más que de una revisión, mi experiencia es la de un continuo redescubrir y revivir la fuerza de su síntesis.

–Durante años se ha trabajado sobre las veinticuatro tesis de Santo Tomás, ¿no bastan?

–Profesor Canals: Las veinticuatro tesis fueron redactadas y presentadas a la aprobación de la Santa Sede por autores tomistas que buscaban, por una interpretación auténtica de preceptos que establecían la enseñanza de la doctrina de Santo Tomás, la aprobación de sus convicciones sobre la autenticidad de estas tesis como expresión del pensamiento del Angélico. Su intención tendía, principalmente, a delimitar la filosofía tomista respecto de la de los seguidores de Francisco Suárez. Su lectura muestra que, si bien contienen «principios y enunciados mayores» de Santo Tomás, no intentan expresar completamente todos «los principios y enunciados mayores» del Aquinate.

No se contienen en ellas otras doctrinas no menos centrales acerca de puntos capitales de ontología sobre los trascendentales, ni sobre la fundamentación metafísica del conocimiento o de la moralidad. Tampoco se halla en ellas una ontología de la vida como grado de perfección en la participación del ser, ni sobre la dignidad ontológica del ente personal y el puesto único que ocupa en el orden del universo o en el gobierno divino. No se habla del bien, difusivo de sí mismo, ni del fin como causa de las causas, ni de la naturaleza de la felicidad y la constitutiva pertenencia a la misma del amor. No se ofrecen perspectivas sobre el orden del universo ni sobre el bien común de las sociedades humanas.

–El Santo de Aquino, ¿tendría algo que decir al ciudadano del mundo actual, tecnificado y globalizado?

–Profesor Canals: No en vano, Juan Pablo II ha calificado a Santo Tomás como «Doctor humanitatis». Las actuales globalización y tecnificación vienen a ser el ejercicio de una voluntad de poder prácticamente desconocedora de otros bienes que no sean el bien útil, cuantificable, en el horizonte economicista y el bien deleitable, entendido casi exclusivamente como instrumento de dominio económico-técnico sobre el hombre-masa.

Reitero lo que afirmó Jaime Bofill: «El pensamiento contemporáneo vendría a ser un patente testimonio de la actualidad de la doctrina del Doctor Angélico, reclamada, sin conocerla, por la misma necesidad sentida de una doctrina y de una ordenación social que restaure a la persona en el lugar de dignidad que, por su misma naturaleza, reclama».

¿Qué piensa usted sobre el medio informático como vehículo de transmisión y creación de sabiduría?

–Profesor Canals: En nuestro mundo globalizado y tecnificado, el medio informático está obrando una unificación que tiende a convertirlo en un «ágora» de dimensión planetaria. Como instrumento podría servir, y ha servido, a la dispersión y vaciado de sentido de la vida humana, al modo de los atenienses del tiempo de San Pablo que no se ocupaban en otra cosa que en «decir y oír algo nuevo». Pero también como instrumento puede, y debe, ser utilizado para la comunicación interpersonal que se oriente auténticamente a la transmisión de la sabiduría. Hemos de pensar nuestro mundo semejante al ágora en la que el Apóstol «discutía todos los días con los que allí se encontraban».

La creación de sabiduría tiene principalmente más que ver con aquella «sabiduría del corazón» –que, según Juan XXIII, define el pensamiento de Santo Tomás– y a ella ha de servir toda intercomunicación, que ha de dirigirse a aprovechar esa amplitud planetaria que permite este medio para ofrecer a los hombres palabras estimulantes que orienten contemplativamente su vida.

¿Cree usted que la filosofía tomista está «ya hecha», o cabe pensar en un «diálogo actualizador» de su pensamiento, interpelado por los nuevos descubrimientos científicos y las nuevas fronteras éticas que afronta la sociedad actual?

–Profesor Canals: La filosofía que Santo Tomás insertó en su obra teológico-filosófica –estudiada por admirables historiadores que, en el pasado siglo XX, redescubrieron aspectos olvidados de la misma– nos invita, todavía hoy, a que la conozcamos más completa y vitalmente. Al hacerlo, su mismo estudio estimula a pensar nuevamente problemas antiguos y reflexionar también sobre problemas nuevos, y obtener de ella las posibilidades de respuesta y superación de errores posteriores a ella y contemporáneos.

En cuanto a los nuevos descubrimientos científicos, nos conviene no recaer en el desacierto de aquellos escolásticos eclécticos que, aceptando como verdades ciertas posiciones infundadas como el atomismo que posteriormente se revelarían caducas, se hicieron incapaces para pensar doctrinas perennes como el hilemorfismo -camino óptimo para no desintegrar, en nuestro pensamiento, la unidad del hombre en sus inseparables dimensiones espiritual y corporal.

En lo concerniente a las nuevas fronteras éticas, reitero mi convicción de que la moral de Santo Tomás y su doctrina sobre «los fundamentos metafísicos del orden moral» nos pueden hacer capaces de superar las desviaciones éticas a que nos exponen la decadente modernidad y la post-modernidad. Ni los empirismos utilitaristas o hedonistas ni los trascendentalismos racionalistas han conseguido devolver el sentimiento o la comprensión de la naturaleza perfectiva y atractiva de lo bueno, ni el sentido de la belleza en la naturaleza y en el arte, ni la seriedad de la Ley moral impresa en nuestros corazones.

–Con la importancia que los Pontífices han dado a la filosofía perenne de Santo Tomás, ¿no nos estamos cerrando a la aportación de autores modernos o contemporáneos?

–Profesor Canals: No hace muchos años, lamentaba Juan Pablo II que el Magisterio hubiese tenido que insistir en la recomendación de la filosofía de Santo Tomás por no haber sido debidamente atendido su llamamiento. Me parece que los filósofos cristianos no le hemos dado el lugar que le corresponde en la «inculturación de la fe» al servicio de la nueva evangelización.

Creo oportuno mencionar como un fenómeno lamentable el abandono del estudio de la lengua latina, tan recomendado por el Beato Juan XXIII. También ello es causa del desconocimiento de Santo Tomás.

La actitud de Santo Tomás no sería la de cerrarse a nada que nos pudiera «dar que pensar». Dice Santo Tomás, al comienzo de la Suma contra gentes, para reconocer la dificultad del diálogo con los pensadores no cristianos: «No nos son de tal modo conocidos los dichos sacrílegos de cada uno de los que yerran para que podamos, a partir de lo que ellos mismos dicen, buscar razones para destruir sus errores. Así procedieron los antiguos Doctores con los errores de los gentiles, cuyas posiciones habían podido saber porque ellos mismos habían sido gentiles o, por lo menos, porque habían conversado entre ellos y se habían nutrido en sus doctrinas».

Si nosotros, siguiendo este consejo del Angélico y el ejemplo de los Padres, estamos dispuestos a dejarnos afectar por cuanto afecta a nuestros contemporáneos, podremos sacar provecho del estudio de Santo Tomás para superar los errores que nos acechan y conseguir los frutos de un progreso sano, como nos ha exhortado a hacerlo la Iglesia misma.

–La sociedad de la información está hecha a base de un aluvión de datos, hechos y noticias, ¿cree usted que en Santo Tomás se encuentran elementos para encontrar el sentido de estos hechos? ¿Cuál sería la aportación del Santo para evolucionar hacia una sociedad del conocimiento?

–Profesor Canals: Es cierto que conocemos estos días noticias que nos informan acerca de los niños que dedican muchas más horas a ver televisión que a asistir a la escuela. También está apareciendo un tipo de «internauta» que no busca en su navegación más que el movimiento continuo y la variedad, estimulantes de la curiosidad fácilmente opuesta al amor al saber y a la capacidad de estimación justa de los hechos.

Sin embargo, a través de la abundancia de noticias puede buscarse un camino para el conocimiento y un acercamiento mayor de los pueblos y culturas entre sí. Santo Tomás, que afirma que sólo se entiende lo plural en lo que podamos encontrar de unitario en él, no nos alienta a la pérdida en el aluvión de datos, a través del cual no hallaríamos nunca el sentido de las cosas. Con su «sabiduría del corazón» es, para el hombre contemporáneo, un eminente estímulo de la comunicación interpersonal auténtica, en la que la verdad sea sentida como parte constitutiva del bien común social, de la perfección humana que sólo se obtiene por los caminos de la verdad y de la amistad. En el horizonte de la verdad y del amor se hace posible la comunicación de los hombres entre sí y con Dios

[Más información sobre los «Espacios de estudio, formación y diálogo interdisciplinar» en http://www.riial.org/formacion.htm.]

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