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Llamamiento de la Santa Sede ante el cambio climático

Intervención en las Naciones Unidas

NUEVA YORK, martes, 25 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció en nombre de la Santa Sede este lunes monseñor Pietro Parolin, subsecretario para las Relaciones con los Estados, en la sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas dedicada al cambio climático que llevaba por título: «El futuro está en nuestras manos: cómo afrontar el reto del cambio climático».

* * *

Señor presidente:
Gracias por darme la oportunidad de expresar algunas consideraciones de la Santa Sede a la luz de lo que hoy hemos escuchado de labios de las distinguidas personas que precedentemente han tomado la palabra.

El cambio climático es una seria preocupación y una responsabilidad ineludible para científicos y otros expertos, para líderes políticos y gubernamentales, para administradores locales y organizaciones internacionales, así como para todo sector de la sociedad humana y para cada persona. Mi delegación desea subrayar el imperativo moral, según el cual, todos, sin excepción, tienen la grave responsabilidad de proteger el ambiente.

Ante las diferentes reacciones e interpretaciones de los informes del Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en ingles, ndr.), las mejores evaluaciones científicas han establecido una relación entre la actividad humana y el cambio climático. De todos modos, los resultados de estas valoraciones científicas, y las incertidumbres que permanecen, no deberían ser exageradas ni minimizadas en nombre de la política, de ideologías o del interés personal.

Más bien, ahora, necesitan ser estudiadas más a fondo para dar una base seria a la creciente preocupación y para tomar decisiones efectivas.

Recientemente ha sido desestabilizador constatar cómo algunos comentaristas han dicho que nosotros deberíamos explotar nuestro mundo hasta el final, sin tener en cuenta las consecuencias, utilizando una visión del mundo supuestamente basada en la fe. Creemos firmemente que se trata de una actitud fundamentalmente imprudente. En el extremo opuesto están quienes consideran que la tierra es el único bien, y que ven a la humanidad como una amenaza irredimible para la tierra, cuya población y actividad tienen que ser controladas con medios drásticos.

Nosotros creemos firmemente que estas afirmaciones ponen a los seres humanos y sus necesidades al servicio de una ecología inhumana. He expuesto estas dos posiciones extremas para ilustrar lo que quiero decir: algunas actitudes semejantes, aunque sean menos extremas, podrían también impedir claramente todo intento profundo global de promover la mitigación, adaptación y resistencia [ante los efectos del cambio climático, ndr.], así como la salvaguarda de nuestro futuro común.

Señor presidente:
Dado que ningún país puede resolver por sí mismo los problemas relacionados con nuestro medio ambiente debemos anteponer la acción colectiva al interés personal. Para la comunidad internacional esto supone la adopción de una estrategia política coordinada y eficaz capaz de responder a esta compleja cuestión. Debería encontrar los caminos y los medios de mitigación y adaptación que son económicamente posibles para la mayoría, valorizaría el desarrollo sostenible y promovería un ambiente sano. El aspecto económico de estos caminos y medios debería ser seriamente tenido en cuenta, considerando que las naciones pobres y sectores de la sociedad son particularmente vulnerables a las consecuencias adversas del cambio climático, ya que sus recursos y su capacidad para adaptarse a este cambio y mitigar sus repercusiones son muy limitados.

Es previsible que estos programas de mitigación y de adaptación encuentren una serie de barreras y obstáculos, no tanto de carácter tecnológico natural, sino más bien de carácter social, como el comportamiento y las preferencias de los consumidores, y de naturaleza política, como las políticas gubernamentales.

Tenemos que prestar atención a la educación, en especial a la de los jóvenes, para cambiar actitudes innatas y egoístas de consumo y abuso de los recursos naturales. Al mismo tiempo, políticas gubernamentales que ofrezcan incentivos económicos y ayudas financieras a tecnologías más adaptadas al ambiente darán al sector privado la señal positiva que necesita para programar su desarrollo en esta dirección. Por ejemplo, en estos momentos, la investigación en recursos energéticos y en la mejora de la eficacia energética sería más atractiva si estuviera acompañada por fondos públicos y por otros incentivos financieros.

Señor presidente:
Con frecuencia escuchamos en las salas de las Naciones Unidas que «la protección es una responsabilidad». La Santa Sede cree que esto se aplica también al contexto del cambio climático.

Los estados tienen la responsabilidad compartida de defender el clima mundial a través de la mitigación y de la adaptación, y sobre todo tienen la responsabilidad compartida de defender nuestro planeta y de asegurar que las generaciones presentes y futuras puedan vivir en un ambiente sano y seguro.

El camino hacia el logro de un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático no siempre está acompañado por una singladura igualmente rápida y eficaz para poner en práctica esos acuerdos. Los Estados pueden adoptar libremente convenciones y tratados internacionales, pero si las palabras no son acompañadas por una acción eficaz, haremos muy poco para impedir un mundo inhóspito y acabaremos reuniéndonos dentro de poco tiempo para lamentar otro fracaso colectivo.

Deseamos sinceramente que los Estados aprovechen la oportunidad que se les presenta dentro de poco con la próxima Conferencia sobre el Cambio Climático que se celebrará en Bali.

Gracias, señor presidente.

[Traducción del original inglés realizado]

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