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Mensaje vaticano: El secreto de la felicidad del sacerdote, el amor a Cristo

Carta del cardenal Castrillón para la Jornada Mundial por la Santificación de los Sacerdotes

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 10 junio 2004 (ZENIT.org).- En medio del ambiente adverso en el que viven muchos sacerdotes, en estos días han recibido de Roma una palabra de aliento que les invita a enamorarse apasionadamente de Cristo, a quien han entregado su vida, como secreto de su felicidad.

Es la invitación que lanza el cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el Clero, en la carta que ha enviado con motivo de la Jornada Mundial por la Santificación de los Sacerdotes, que se celebrará en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 18 de junio.

La misiva, que tiene como lema «La Eucaristía, manantial de santidad en el ministerio sacerdotal», constata que «lo que se necesita para alcanzar la felicidad no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado, como el de Cristo».

«El Corazón santísimo y misericordioso de Jesús, atravesado por una lanza en la Cruz, como signo de entrega total, es fuente inagotable de la verdadera paz, es manifestación plena de ese amor oblativo y salvífico con el que él nos “amó hasta el extremo”», afirma el purpurado colombiano.

En este sentido, «la solemnidad de su Sagrado Corazón nos invita a la alegría de la caridad de entregarse a los demás», explica.

La Jornada Mundial por la Santificación de los Sacerdotes, instituida por Juan Pablo II, recuerda a los presbíteros que «los hombres desean contemplar en el sacerdote el rostro de Cristo», explica el cardenal.

La devoción al Sagrado Corazón tuvo como mensajera a una religiosa de la Visitación francesa, santa Margarita María Alacoque (1647-1690), quien en Paray le Monial, pequeña localidad francesa de Borgoña, fue testigo de apariciones de Jesús en las que le dejó como mensaje su incontenible amor por cada hombre y mujer.

En este contexto, el purpurado les dice a los sacerdotes: «¡No nos dejemos atemorizar por las dificultades, tengamos confianza en Él! La vocación sacerdotal, plantada con eficacia por Cristo en vosotros y acogida por vosotros con generosa humildad, como tierra fecunda, dará ciertamente frutos abundantes».

«Como Pedro, salgamos al encuentro de Jesús salvador, fijando nuestra mirada en su rostro misericordioso», explica.

«Sólo la mirada del crucificado y resucitado, contemplado en nuestra oración y en la confesión sacramental, puede superar la fuerza de gravedad de nuestra poquedad, de nuestros límites y de nuestros pecados», sigue diciendo

«La mano de Dios nos sostiene y las aguas oscuras, agitadas por nuestra soberbia y por el demonio perderán su poder», asegura.

«Dios os pide, sacerdotes diocesanos, misioneros y religiosos, que os entreguéis con entusiasmo en este sagrado ministerio, que redescubráis, especialmente en la Eucaristía, la belleza de vuestra vocación sacerdotal».

«El sacerdote es algo inmenso, que si él mismo lo comprendiera, se moriría», afirma citando al Cura de Ars, san Juan María Vianney.

«Evitemos los escollos del activismo en los que han naufragado en ocasiones los mejores programas apostólicos y pastorales, y por los que se han hecho áridas muchas vidas comprometidas en un servicio que no ha sido adecuadamente regado por la Palabra de Dios y por su presencia en la Eucaristía», aconseja.

El cardenal concluye pidiendo a Dios, por intercesión de María, en el 150 aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, sacerdotes que en todo lugar sean «heraldos del Evangelio, expertos en humanidad, conocedores del corazón de los hombres de hoy, partícipes de sus alegrías y esperanzas, angustias y tristezas y para ser, al mismo tiempo, contemplativos, enamorados de Dios».

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