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No sólo de pan: Nuevas estrategias en la guerra contra el hambre

ROMA, sábado, 29 octubre 2005 (ZENIT.org).- La Jornada Mundial de la Alimentación de este año marca el 60 aniversario de la fundación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas. Representantes de más de 150 países se reunieron en Roma, donde tiene su sede la FAO, con motivo de este aniversario.

Durante una ceremonia que tuvo lugar el 16 de octubre, el director general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó que el problema del hambre en el mundo no radica principalmente en la producción. Según una nota de prensa de la FAO ese mismo día, Diouf declaró a la asamblea que el mundo tiene los recursos y la tecnología para producir cantidades suficientes de alimento. Puede hacer frente a las exigencias de una población en crecimiento, así como poner fin al hambre y la pobreza.

El director de la FAO publicó después un desafío a los líderes del mundo. «Me atrevo a esperar «, afirmaba Diouf, «que la sabiduría guiará a los políticos que deciden el destino de la aldea global y que la razón prevalecerá, permitiéndoles tomar decisiones basadas en la armonía social de un mundo de solidaridad y paz, no en intereses a corto plazo que conduzcan a injusticia y malestar social».

Durante la ceremonia, el ministro italiano de agricultura, Gianni Alemanno, pedía que se prestara más atención a África y una mayor colaboración con las organizaciones no gubernamentales. También afirmaba que eliminar el hambre es más un caso de «permitir que las personas que sufren hambre estén en una situación mejor para conseguir, en todo o en parte, su propio alimento».

En un discurso al día siguiente, Diouf observaba que se han hecho considerables progresos en la reducción de las formas más extremas de hambre. Desde 1960, la proporción de población mundial desnutrida ha bajado del 35% al 13%.

No obstante, cerca de 852 millones de personas sufren todavía de alguna forma de hambre, afirmaba Diouf. Además, algunos de los sistemas de agricultura intensiva que han dado lugar a un crecimiento no sostenible y han tenido consecuencias medioambientales, económicas, sociales y culturales negativas.

El secretario de estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, también se dirigió a la reunión de la FAO el 17 de octubre. Eliminar el hambre, comentaba, implica más que asegurar que funcionen bien los mecanismos de mercado y que se pongan en práctica medios técnicos que aseguren altos niveles de producción agrícola.

El cardenal Sodano animó a los participantes a que redescubrieran el sentido pleno de la personas humana, comenzando con la vida familiar, que es donde aprendemos la solidaridad y el compartir. Les declaró el apoyo de la Iglesia a sus esfuerzos de ayudar a la humanidad, que, en la práctica, significa apertura a la vida, respeto por el orden creado, y adhesión a aquellos principios éticos que forman la base de la vida social.

Mueren millones
Cada año la FAO publica un informe sobre el hambre. La última edición, «El Estado de Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2004» fue publicada el pasado 8 de diciembre. Según el informe, el hambre y la malnutrición matan a más de 5 millones de niños cada año, y cuesta miles de millones de dólares a los países en desarrollo en pérdida de productividad y de renta nacional.

Asimismo, cada año el hambre lleva a que más de 20 millones de bebés nazcan con poco peso en el mundo en desarrollo. Estos bebés hacen frente a riesgos crecientes de morir en la infancia, mientras que los supervivientes suelen sufrir durante toda su vida de discapacidades físicas y cognitivas.

El informe destacaba los beneficios económicos que surgirían de eliminar el hambre. Un cálculo aproximado es que los países hacen frente a unos 30.000 millones de dólares de gastos directos de tratar con los efectos negativos del hambre. Están, además, los costes indirectos de baja productividad y renta. La FAO sostenía que cada dólar invertido en reducir el hambre puede rendir de cinco a diez veces más en beneficios.

Una de la Metas de Desarrollo del Milenio es reducir a la mitad el número de personas hambrientas en el mundo para el año 2015. Pero, según el informe de la FAO, dicha cifra alcanzó los 852 millones en el 2000-2002, 18 millones más que a mediados de los noventa.

Incluso así, la meta del 2015 puede alcanzarse todavía, sostenía el informe. Más de 30 países, que representan cerca de la mitad de la población del mundo en desarrollo, redujeron el número de personas hambrientas al menos un 25% durante los años noventa.

El hambre es un problema particularmente grave en los países que sufren desastres naturales o artificiales. James Morris, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, dio una descripción actualizada en un discurso el 10 de agosto en un encuentro del World Affairs Council en San Francisco.

Situados lejos
En el 2004, observaba Morris, el Programa Mundial de Alimentos ayudó a 113 millones de personas en 80 países. Pero los problemas a que se enfrentan estas personas reciben poca atención de los medios de comunicación. De hecho, sólo cerca de un 8% de las muertes de hambre ocurren en las emergencias humanitarias ampliamente cubiertas por la televisión, observaba.

La gran mayoría de los que mueren de hambre están «situados lejos en ángulos remotos del mundo que escapan típicamente al conocimiento de público y de los medios», afirmaba Morris.

Asimismo, la ayuda alimentaria ha ido decayendo. Se hundió un 30% el año pasado, de cerca de 10,3 millones de toneladas en el 2003 a 7,5 millones de toneladas en el 2004. Morris también lamentaba la falta de ayuda monetaria para la agricultura, que describía como un elemento clave para poner fin a los ciclos de crisis alimentarias. Aunque los gastos totales en ayudas de los gobiernos donantes han aumentado en los últimos tiempos, la suma para agricultura ha ido de un 12% a sólo un 4% de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Hay esperanzas de que el hambre y la pobreza en los países en desarrollo se puedan aliviar si las barreras comerciales y los subsidios de los gobiernos en el área agrícola se reducen. Hay en marcha conversaciones en la Organización Mundial de Comercio sobre este tema. Según un reportaje de la BBC el 10 de octubre, el representante de comercio de Estados Unidos, Rob Portman, afirmó que los Estados Unidos recortarían ampliamente los subsidios agrícolas.

Parte de la propuesta hecha implica recortes en subsidios agrícolas clave en un 60% antes del 2010, con una bajada en las tarifas comerciales de más del 90%. El Comisario de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, dijo a continuación que la Unión Europea tenía la voluntad de reducir a la mitad sus altas tarifas a las importaciones agrícolas. Pero el acuerdo sobre el tema sigue estando lejos. Además, el 20 de octubre la BBC informó que habían surgido dudas sobre las promesas de Mandelson debido a la oposición a los recortes de la ministra francesa de comercio, Christine Lagarde.

Dignidad humana
Benedicto XVI envió una carta al director general de la FAO con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación. En el mensaje con fecha 12 de octubre, el Papa insistía en que la mestas puestas por la FAO sólo podrían lograrse si se salvaguarda que la dignidad humana – el origen y el fin de todos los derechos fundamentales – se convierta en el criterio que inspire y guíe los esfuerzos de la agencia de Naciones Unidas.

El Santo Padre indicaba que resolver el problema del hambre es un asunto que requiere la atención de la comunidad internacional, porque todos tienen el deber de cuidar a sus hermanos.

También añadió que junto a las causas climáticas y geográficas, el hambre se debe a factores humanos. Estos incluyen el egoísmo y la falta de atención a las necesidades que la gente que dan como resultado que la persona humana se reduzca al estatus de mero instrumento.

Observando que el tema para la Jornada Mundial de la Alimentación de este año era «Agricultura y Diálogo de Culturas», el Papa indicaba que es necesario que el progreso técnico se coloque dentro de un contexto más amplio. Esto significa poner a la persona humana en el centro de atención, considerando la naturaleza completa de sus necesidades y aspiraciones. Citando a la Escritura, el Papa indicaba: «No sólo de pan vive el hombre».

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