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Ratzinger: Las «patologías de la religión y de la razón», «peligros mortales para la paz»

El purpurado alemán constata las amenazas de los fanatismos y del relativismo

ROMA, domingo, 7 noviembre 2004 (ZENIT.org).- «Existen patologías de la religión y de la razón» y «ambas constituyen peligros mortales para la paz y, me atrevería a decir, para la entera humanidad», afirma el cardenal Joseph Ratzinger en una intervención recién publicada en Italia.

«Si la imagen de Dios se convierte en algo parcial hasta identificar el absoluto de Dios con una comunidad concreta o con ciertos intereses de la misma, destruye el derecho y la moral», indica el cardenal en un artículo publicado por la revista «Vita e Pensiero».

«El bien, en este contexto, es lo que está al servicio de mi potencia y se desvanece la diferencia entre el bien y el mal. La moral y el derecho se hacen partidarios», añade.

El texto publica por primera vez la intervención del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe con motivo del sexagésimo aniversario del desembarco de Normandía, del pasado 4 de junio, en cuyas celebraciones participó en representación de Juan Pablo II.

«Pero existe también la patología de la razón totalmente separada de Dios», subraya Ratzinger en el artículo que lleva por título «Occidente, Islam y los fundamentos de la paz». «La hemos visto en las ideologías totalitarias que negaban toda relación con Dios e intentaban así construir el hombre nuevo, el mundo nuevo».

En este sentido, el cardenal cita los ejemplos de Adolf Hitler, «de los realizadores del marxismo» y de Pol Pot, «quizá la expresión más dramática de esta patología de la razón».

«Sólo una razón que se mantenga abierta a Dios, una razón que no exilia la moral a la esfera subjetiva y no la reduce a puro cálculo, puede evitar la manipulación de la noción de Dios y las enfermedades de la religión y puede ofrecer alguna terapia», escribe.

El cardenal considera que en este sentido los cristianos deben afrontar un «gran desafío».

«Su tarea, nuestra tarea –afirma–, consiste en llevar a la razón a funcionar integralmente, no sólo en el campo de la técnica y del desarrollo material del mundo sino también y, antes que nada, en cuanto facultad de verdad, promoviendo su capacidad de reconocer el bien, que es condición del derecho y, por ello, presupuesto de la paz en el mundo».

Por ello, añade, «Es tarea específica nuestra, de cristianos del tiempo presente, la de integrar la noción de Dios en la lucha por la defensa de la persona humana».

Ratzinger recuerda que «la fe cristiana ha suprimido, siguiendo el camino de Cristo, la idea de la teocracia política».

«Para decirlo en términos actuales, ha fundamentado la laicidad del Estado en el que los cristianos conviven, en libertad, con los exponentes de otras convicciones».

«Una convivencia fundada por otra parte en la común responsabilidad moral, propia de la naturaleza humana y de la naturaleza de la justicia».

«La fe cristiana distingue entre esta forma secular y el Reino de Dios que, como realidad política no existe y no puede existir en esta tierra, pero que vive en la fe, en la esperanza y en la caridad y debe transformar el mundo desde dentro».

Ratzinger cita las palabras del filósofo de la República Checa, el profesor de Filosofía en la Universidad de Kiel, Kurt Hübner: «Sólo podremos evitar el conflicto con las culturas que hoy nos son hostiles si logramos desmentir el vehemente reproche de haber olvidado a Dios, volviendo a ser plenamente conscientes del arraigo profundo de nuestra cultura en el cristianismo».

«Ciertamente esto no bastará para cancelar el resentimiento producido por la superioridad occidental que, en muchos campos, caracteriza la vida de nuestro tiempo pero podrá contribuir, en medida significativa, a apagar el fuego religioso que, como se puede observar, se alimenta naturalmente», añade.

El cardenal concluye afirmando que «si no somos fieles a la memoria del Dios de la Biblia, del Dios que se ha hecho cercano en Jesucristo, no encontraremos el camino de la paz».

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