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Rueda de prensa se Benedicto XVI en el avión rumbo a París

Cuatro preguntas y cuatro respuestas a los periodistas

PARÍS, viernes, 12 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las cuatro preguntas que presentaron los periodistas y las respuestas de Benedicto XVI durante la rueda de prensa que concedió en el avión que le conducía a París. El encuentro duró unos diez minutos.

–“Francia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo?”, había preguntado en 1980 Juan Pablo II en su primer viaje. Hoy, ¿cuál será su mensaje a los franceses? ¿Piensa que a causa de la laicidad Francia está perdiendo su identidad cristiana?

–Benedicto XVI: Me parece evidente hoy que la laicidad no está en contradicción con la fe. Diría incluso que es un fruto de la fe, pues la fe cristiana era, desde el inicio, una religión universal, por tanto, no se identificaba con un Estado y estaba presente en todos los Estados. Para los cristianos siempre estaba claro que la religión y la fe no eran políticas, sino que formaban parte de otra esfera de la vida humana… La política, el Estado, no eran una religión sino una realidad profana con una misión específica y las dos debían estar abiertas mutuamente. En este sentido, yo diría hoy que para los franceses y no sólo para los franceses, sino también para nosotros, cristianos de hoy en este mundo secularizado, es importante vivir con alegría la libertad de nuestra fe, vivir la belleza de la fe, y mostrar al mundo de hoy que es bello ser creyente, que es bello conocer a Dios, Dios con un rostro humano en Jesucristo, mostrar la posibilidad de ser creyente hoy, e incluso que es necesario para la sociedad de hoy que haya hombres que conocen a Dios y que, por tanto, puedan vivir según los grandes valores que nos ha dado y contribuir a la presencia de valores que son fundamentales para la construcción y supervivencia de nuestros Estados y sociedades.

–Usted ama Francia. ¿qué es lo que le une más particularmente a Francia, a sus autores?

–Benedicto XVI: No me atrevería a decir que conozco bien Francia. La conozco algo, pero amo a Francia, la gran cultura francesa, sobre todo, claro está, las grandes catedrales, y también el gran arte francés, la gran teología que comienza con san Ireneo de Lyón hasta el siglo XIII –y yo estudié la universidad de París en el siglo XIII–: san Buenaventura, santo Tomás de Aquino. Esta teología ha sido decisiva para el desarrollo de la teología en Occidente. Y naturalmente la teología del siglo del Concilio Vaticano II. He tenido el gran honor y la alegría de ser amigo del padre de Lubac, una de las figuras más grandes del siglo pasado, pero también he tenido buenos contactos de trabajo con el padre Congar, Jean Daniélou y otros. He tenido relaciones personales muy buenas con Etienne Gilson, Henri-Irénée Maroux. Por tanto, he tenido realmente un contacto muy profundo, muy personal y enriquecedor con la gran cultura teológica y filosófica de Francia. Ha sido realmente decisivo para el desarrollo de mi pensamiento. Pero también el descubrimiento del gregoriano original con Solesmes, la gran cultura monástica y naturalmente la gran poesía. Siendo un hombre barroco, me gusta mucho Paul Claudel, con su alegría de vivir, así como Bernanos y los grandes poetas de Francia del siglo pasado. Es, por tanto, una cultura que ha determinado realmente, de manera profunda, mi desarrollo personal, teológico, filosófico y humano.

–¿Qué les dice usted a aquéllos que, en Francia, tienen miedo de que el motu proprio Summorum Pontificum constituya un regreso con respecto a las grandes intuiciones del Concilio Vaticano II?

–Benedicto XVI : Es un miedo infundado, pues este “motu proprio” es sencillamente un acto de tolerancia, con un objetivo pastoral, para personas que han sido formadas en esta liturgia, que la aman, la conocen, y quieren vivir con esta liturgia. Es un pequeño grupo, pues supone una formación en latín, una formación en una cierta cultura. Pero me parece una exigencia normal de la fe y de la pastoral para un obispo de nuestra Iglesia tener amor y tolerancia por estas personas y permitirles vivir con esta liturgia. No hay oposición alguna entre la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II y esta liturgia. Cada día, los padres conciliares celebraron la misa según el rito antiguo y, al mismo tiempo, han concebido un desarrollo natural para la liturgia en todo este siglo, pues la liturgia es una realidad viva, que se desarrolla y que conserva en su desarrollo su identidad. Por tanto, hay ciertamente acentos diferentes, pero una identidad fundamental que excluye una contradicción, una oposición entre la liturgia renovada y la liturgia precedente. Creo que existe una posibilidad de enriquecimiento de las dos partes. Por un lado, los amigos de la liturgia antigua pueden y deben conocer a los nuevos santos, los nuevos prefacios de la liturgia, etc. Por otra parte, la liturgia nueva subraya más la participación común, pero no es sólo la asamblea de una comunidad particular, sino que es siempre un acto de la Iglesia universal, en comunión con todos los creyentes de todos los tiempos, un acto de adoración. En este sentido, me parece que se da un enriquecimiento recíproco, y está claro que la liturgia renovada es la liturgia ordinaria de nuestro tiempo.

–Usted va en peregrinación a Lourdes. ¿Que representa para usted? ¿Ya ha estado antes?

–Benedicto XVI : Estuve en Lourdes con motivo del congreso eucarístico, en 1981, tras el atentado contra el Santo Padre [Juan Pablo II, ndt.]. Y el cardenal Gantin era el delegado del Santo Padre. Para mí es un recuerdo muy bello.

El día de la fiesta de santa Bernadette es también el día de mi nacimiento. Por este motivo, me siento muy cercano a esta pequeña santa, esta pequeña joven, pura, humilde, que habló con la Virgen.

Encontrar esta realidad, esta presencia de la Virgen en nuestra época, ver las huellas de esta pequeña joven que era amiga de la Virgen y, por otra parte, encontrar a la Virgen, su madre, es por otra parte un acontecimiento muy importante para mí. Naturalmente no vamos para encontrar milagros. Yo voy a encontrar el amor de la Madre, que es la verdadera curación para todos los dolores y para ser solidario con todos los que sufren, en el amor de la Madre. Éste me parece un signo muy importante para nuestra época.

[Traducción del original francés por Jesús Colina

© Copyright 2008 – Libreria Editrice Vaticana]

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