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Sínodo, día 6: pastoral de misericordia para las familias heridas

El cardenal Erdö presenta la “Relatio post disceptationem” que sintetiza las intervenciones de los 180 participantes del Sínodo durante la primera semana de trabajo. Anunciado el tema del Sí­nodo del 2015

Opciones pastorales valientes. Los 180 cardenales, obispos, auditores y expertos del Sínodo extraordinario sobre la familia se han puesto de acuerdo en este punto. Y en la “Relatio post disceptationem”, leída esta mañana en el aula por el cardenal Peter Erdö, relator general, reafirma la fidelidad al Evangelio pero sin que falte una atención particular a las fragilidades familiares.

El Sínodo, al llegar a este punto, se centra en la misericordia y hace hincapié en la urgencia, por el tiempo actual, de nuevos caminos pastorales. Porque esas dificultades en las que están las familias a menudo “han sido ‘sufridas’ más que elegidas en plena libertad”.

El debate está aún en proceso: la Relatio es ahora una síntesis de las discusiones mantenidas en las Congregaciones generales de esta primera semana de encuentro. El cardenal Erdö usa el condicional, dando a entender que para las decisiones más concretas es necesario esperar al 19 de octubre, después de las discusiones de los Circuli minores que comenzaron el viernes por la tarde y continuarán toda la semana.

Por tanto, no se puede esperar, como muchos lo hacían, un rotundo “sí” o “no” sobre la posibilidad de acceso a los sacramentos de personas en situaciones anómalas, como en el caso de los divorciados vueltos a casar.

“No es sabio pensar en soluciones únicas o inspiradas en la lógica del “todo o nada”, ha dicho Erdö al respecto. Sobre el tema se mantienen dos líneas: “algunos han argumentado a favor de la disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a las condiciones bien precisas cuando se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos”.

La ‘novedad’ es la propuesta avanzada por algunos que “el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un camino penitencial –bajo la responsabilidad del obispo diocesano– y con un compromiso claro a favor de los hijos”. “Se trataría –ha dicho Erdö– de una posibilidad no generalizada, fruto de un discernimiento actuado caso por caso, según una ley de la gradualidad, que tenga presente la distinción entre el estado de pecado, estado de gracia y circunstancias atenuantes”.

Los criterios elegidos por los padres sinodales para trabajar estas cuestiones delicadas son tres: escucha, mirada fija en Cristo y discernimiento “a la luz del Señor Jesús”. La Iglesia, “casa paterna” y “antorcha en medio de la gente” –se afirma– tiene la labor de acompañar con paciencia, delicadeza, atención y cuidado a sus hijos más frágiles, “marcados por el amor herido y perdido”.

Por tanto, se advierte la necesidad de decir “una palabra de esperanza y de sentido” a esta gente, acogiendo a las personas con su existencia concreta, sabiendo “sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas”.

En esta línea, se pide un discernimiento espiritual “acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar” porque –se explica– “compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales”.

“La Iglesia –ha dicho Erdö– se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas”.

Además de “curar las heridas” de divorciados vueltos a casar, la Iglesia está llamada también a la acogida de las personas homosexuales que –se lee en el documento– “tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”. La cuestión homosexual “interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realísticos de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual”. Ninguna duda sobre el hecho de que “las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser equiparadas al matrimonio entre un hombre y una mujer”. Tampoco “es aceptable que se quieran ejercitar presiones sobre la actitud de los pastores o que organismos internacionales condicionen ayudas financieras a la introducción de normas inspiradas en la ideología gender”. La Iglesia, además –dice la Relatio– pone atención especial en los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños”.

Pensando siempre en los pequeños, en el documento los padres sinodales invocan “respeto y amor” por cada familia herida, sobre todo quien ha sufrido injustamente el abandono del cónyuge, evitando “actitudes discriminatorias” hacia los niños. “Es indispensable hacerse cargo de manera leal y constructiva de las consecuencias de la separación o del divorcio, en los hijos –se afirma– ellos no pueden convertirse en un ‘objeto’ de contienda y se deben buscar las formas mejores para que puedan superar el trauma de la división familiar y crecer en el modo más posible sereno”.

Los participantes del Sínodo remarcan la necesidad de una “preparación adecuada al matrimonio cristiano” porque no es sólo “una tradición cultural o una exigencia social”, sino “una decisión vocacional”. No se “complican” los ciclos de formación, sino que se quiere “ir en profundidad” no limitándose a orientaciones generales. En este sentido, se debe renovar también “la formación de los presbíteros”, a través de una implicación de las mismas familias “privilegiando su testimonio”. Del mismo modo, las parejas son acompañadas también después de la celebración del matrimonio, un periodo “vital y delicado” lleno de alegrías pero también desafíos que la Iglesia debe ayudar a los cónyuges a afrontarlos.

De matrimonio también se ha hablado en relación a la simplificación de los procedimientos para el reconocimiento de la nulidad. Entre las propuestas han sido indicadas la superación de la necesidad de la doble sentencia conforme; la posibilidad de determinar una vía administrativa bajo la responsabilidad del obispo diocesano; un proceso sumario para realizar en los casos de nulidad notoria. También se ha propuesto considerar la posibilidad de dar relevancia a la fe de los novios en orden a la validez del sacramento del matrimonio. Hay que destacar que en todos los casos se trata de establecer la verdad sobre la validez del vínculo. También se pide el aumento de la responsabilidad del obispo diocesano, el cual en su diócesis podría encargar a un sacerdote debidamente preparado que pueda gratuitamente aconsejar a las partes sobre la validez del matrimonio.

A propósito de los laicos, el Sínodo anima el compromiso de los laicos en el ámbito cultural y socio-político, para que factores externos no obstaculicen la “auténtica vida familiar, determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones, violencia”. No por casualidad el tema elegido por el Papa para el próximo Sínodo ordinario del 4 al 25 de octubre de 2015 es “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia en el mundo contemporáneo”. Lo ha anunciado en la mañana de este lunes el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo, en la apertura de los trabajos, en presencia del papa Francisco.

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