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Tras Aparecida, la Iglesia en México emprende una nueva etapa pastoral

Mensaje de los obispos al pueblo de Dios en ese país

MÉXICO, lunes, 19 noviembre 2007 (ZENIT.orgEl Observador).- Al llegar a su término la 84 Asamblea Ordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), los obispos de este país, encabezados por el obispo de Texcoco y presidente de la CEM, monseñor Carlos Aguiar Retes, hicieron público un mensaje al pueblo de México.

En él se comprometen a profundizar en la conversión a la que llama el Acontecimiento de Aparecida y «llevar a cabo una renovada evangelización que atienda las diversas situaciones por las que atraviesan las personas, mirando especialmente aquellos rostros sufrientes que nos duelen: las personas que viven en la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los detenidos en las cárceles y nuestros hermanos indígenas».

A continuación, reproducimos el texto completo del mensaje.

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MENSAJE DE LOS OBISPOS DE MÉXICO AL PUEBLO DE DIOS

1. Los Obispos de México, reunidos en la 84a Asamblea Plenaria, saludamos con afecto a todo el Pueblo de Dios y compartimos la alegría porque nuestro hermano monseñor Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Monterrey, ha sido llamado por el Papa Benedicto XVI para integrarse al Colegio de Cardenales de la Iglesia Universal, lo cual es una gracia y distinción para la Iglesia en México.

2. En la agenda de trabajo de nuestra Asamblea nos hemos hecho eco del Acontecimiento de Aparecida, Brasil, habiendo realizado un estudio sobre el Documento Conclusivo de la V Conferencia General, con la finalidad de llevarlo a la práctica en nuestras Diócesis.

3. Miramos, junto con el Papa y los Obispos de América, los grandes retos que deben afrontar la Iglesia y la sociedad en el momento actual, entre los cuales sobresalen: a) La globalización, que en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y que, regida por la ética, debe estar al servicio de la persona; sin embargo, tiene el riesgo de llevar a grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo y generar, a fin de cuentas, pobreza; b) La democracia, en la cual se ha avanzado, pero es necesario que sea más participativa y basada en la promoción y respeto de los derechos humanos; c) Un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica, debido al secularismo, al hedonismo y al indiferentismo, pero también al escaso acompañamiento de parte nuestra a los fieles laicos, y a una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones.

4. A la luz del Acontecimiento y del Documento de Aparecida, como discípulos y misioneros de Jesucristo, queremos dar una respuesta a los retos de nuestro país proclamando el Evangelio, que se expresa en el anuncio de la buena nueva de la vida, de la dignidad humana, de la familia, del trabajo, del destino universal de los bienes y la ecología, a fin de que nuestro país contribuya a que Latinoamérica y El Caribe formen parte del Continente de la esperanza y del amor.

5. Queremos subrayar, con palabras del Papa Benedicto XVI, que sólo con Dios podremos afrontar la problemática actual, porque «quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas… Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano.» (Discurso Inaugural, 3).

6. Por eso, en nuestra reflexión como pastores, hemos querido clarificar los caminos para llevar a cabo una renovada evangelización que atienda las diversas situaciones por las que atraviesan las personas, mirando especialmente aquellos rostros sufrientes que nos duelen: las personas que viven en la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los detenidos en las cárceles y nuestros hermanos indígenas.

7. Empeñaremos nuestro esfuerzo para que todos experimentemos un encuentro personal con Jesucristo vivo, que nos lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral, a fin de ser discípulos misioneros. Nos disponemos a emprender una nueva etapa en nuestro caminar pastoral, declarándonos en misión permanente; para ello «Jesús invita a todos a participar en su misión. ¡Que nadie se quede con los brazos cruzados!» (Mensaje Final de Aparecida, 4). Aceptemos con valentía a Cristo, Camino, Verdad y Vida, ya que quien lo hace «tiene garantizada la paz y la felicidad en esta y en la otra vida» (Documento de Aparecida, 246).

8. En nuestra misión, para llevar a cabo la renovación de la Iglesia fijamos la atención sobre los distintos campos de realidad, entre ellos la familia, patrimonio de la humanidad, y los jóvenes, quienes son mayoría en nuestra población y reclaman la fuerza de nuestro testimonio y un lenguaje claro y significativo, que los atraiga y anime en su pertenencia a la Iglesia.

9. Como una responsabilidad permanente de nuestra misión de pastores, expresamos nuestra opción por anunciar el Evangelio que ilumina el valor de la vida humana, la cual debemos cuidar especialmente dentro de las familias, donde nace y se acoge generosa y responsablemente. Tenemos la esperanza de que «los legisladores, gobernantes y profesionales de la salud, conscientes de la dignidad de la vida humana… la defiendan y protejan de los crímenes abominables del aborto y de la eutanasia» (Documento de Aparecida, 436).

10. Debemos trabajar incansablemente con la convicción de que «la presencia de Dios, la amistad con el Hijo de Dios encarnado, la luz de su palabra, son siempre condiciones fundamentales para la presencia y eficiencia de la justicia y del amor en nuestras sociedades» (Discurso Inaugural, 4), y de que la urgente misión evangelizadora debe abrazar con el amor de Dios a todas las personas y de modo especial a los pobres que sufren y se encuentran en necesidades urgentes.

11. Basados en este compromiso, nos hemos solidarizado con nuestros hermanos que han padecido los dramáticos acontecimientos de las inundaciones en Tabasco y Chiapas, quienes necesitan que sigamos respondiendo con prontitud y de manera permanente a sus gritos y peticiones de auxilio. Agradecemos a la pastoral social-caritas por su generosa colaboración.

12. Nos unimos a las esperanzas de todos los Obispos de América Latina y El Caribe. Por ello, esperamos: ser una Iglesia viva, fiel y creíble; mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial por los pobres; trabajar con todas las personas de buena voluntad para favorecer la presencia de Dios en la sociedad, y fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.

13. Les invitamos a estar muy atentos a participar en los diversos eventos evangelizadores que ayudan a fortalecer la fe de los creyentes: el Congreso Eucarístico Nacional que se realizará en mayo de 2008 en Morelia; el Congreso Eucarístico Internacional a celebrarse en junio del mismo año en Québec, Canadá, y el VI Encuentro Mundial de las Familias, en enero de 2009 en la ciudad de México, que será un importante acontecimiento y bendición para la Iglesia y la sociedad.

14. Unidos a todo nuestro pueblo creyente y orante, confiamos a Santa María de Guadalupe, primera discípula y misionera al servicio de la vida, los proyectos e impulsos que brotaron de nuestro encuentro, para que llevemos a cabo la misión de la Iglesia, bajo el soplo del nuevo Pentecostés vivido en Aparecida.

Por los Obispos de México,

+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Presidente de la CEM

+ José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Secretario General de la CEM

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