Descripción corta: “Les he escrito estas cosas para iniciar una reflexión común y para no fingir que este desafío actual no existe”, escribe el Prior General de los Camaldulenses
(ZENIT Noticias / Roma, 15.02.2026).- El lunes 2 de febrero, el Prior General de la Congregación Camaldulense de la Orden de San Benito, dirigió una carta temática a todos los priores, priores locales, priores Administradores, vicepriores, responsables de las residencias, a los Maestros de Novicios y a los profesos de votos simples sobre el tema del mundo digital y su impacto en la vida religiosa. La carta obtuvo amplio eco en Italia debido a que un día antes un conocido sacerdote italiano (Alberto Ravagnani) dejó el ministerio sacerdotal. El ex sacerdote tenía una gran notoriedad digital. Aunque no es una respuesta a ese abandono del ministerio sacerdotal, la carta suscita reflexiones aplicables a ese y a cualquier otro caso. Más como algo preventivo.
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Internet, el uso de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, los vídeos y las películas en línea, el uso sin reglas de WhatsApp son un desafío para la vida monástica y religiosa. No podemos fingir que este desafío no existe. Nosotros, que no somos «nativos digitales», solo nos preocupamos por el rendimiento y las posibilidades que pueden ofrecer las redes sociales e Internet. Pero para las nuevas generaciones, estos «medios» son la forma de comprenderse a sí mismas y de relacionarse con el mundo. Por lo tanto, creo que es necesaria una reflexión profunda y también valiente sobre estos temas, especialmente para las personas en formación. También en el mundo laico se está cuestionando el uso de estos medios, especialmente por parte de los más jóvenes. Con mayor razón debemos ocuparnos nosotros.
San Romualdo afirma en la Pequeña Regla: «Siéntate en tu celda como en el Paraíso. Olvídate del mundo y déjalo atrás». ¿Es posible vivir este incipit de la Pequeña Regla sin prestar ninguna atención a las redes sociales y a Internet, con todo lo que ello conlleva? ¿Puede la celda, como crisol de escucha, oración y vida de sabiduría, transformarse realmente en un lugar de dispersión, de pérdida de tiempo, de huida de uno mismo y de las propias tensiones interiores? Si la celda se convierte en un lugar de dispersión y en una sala de cine individual e individualista, ¿adónde va a parar nuestra espiritualidad monástica y romualdina?
Existen verdaderas «adicciones» cinéfilas que pueden llevar a los monjes a convertirse en expertos en filmografía, más que en buscadores de Dios. La adicción genera entonces la incapacidad de cuestionarse a uno mismo y de reconocer lo absurdo de ciertos modos de vida. Creo que la celda monástica no es el lugar para ver películas individualmente y que es mucho más saludable pensar en momentos comunitarios, que podrían tener un valor formativo para todos y también de crecimiento en la comunión y la fraternidad. Netflix y otras plataformas de streaming online, así como redes sociales como Instagram y TikTok, diseñadas específicamente para crear adicción, creo que deben evitarse por completo, también por una cuestión de pobreza y sobriedad. En particular, creo que es indispensable incluir este tema en el itinerario formativo de nuestras comunidades. Propongo un esquema provisional de reflexión que recorre las distintas etapas de la vida monástica:
1)
El postulantado (y pre-postulantado): el tiempo del sentido crítico. Las Constituciones, con respecto al tiempo del postulantado, dicen: «El postulantado tiene como objetivo favorecer en los jóvenes una adaptación psicológica y espiritual gradual a la nueva situación, para que, en un clima de serenidad y bajo la guía experta del Maestro, puedan estudiar a fondo su vocación» (Cost. 131). Para que esto sea posible, es necesario llevar gradualmente a los candidatos a tener un sentido crítico hacia el uso de Internet y las redes sociales, los riesgos y el valor de vivir la celda y la soledad. En este tiempo, en diálogo con el Maestro, se puede comenzar a madurar una sana disciplina y un desapego. Para muchos se trata de cuestionarse su forma pasada de vivir estas dimensiones, de las que a menudo no se ven los riesgos y la incompatibilidad con la elección monástica.
2)
El noviciado: tiempo de desapego. Las Constituciones dicen: «El noviciado tiene como objetivo principal dar a conocer y experimentar al candidato las exigencias fundamentales de la vida monástica que un día profesará en respuesta a esa llamada personal de amor con la que Dios le ha llamado a vivir el Bautismo» (Cost. 135). En este tiempo es necesario vivir un verdadero desprendimiento, suspendiendo el uso de las redes sociales, el uso de Internet en la celda, el visionado individual de vídeos o películas, la suscripción a plataformas como Netflix y regulando la comunicación con la familia y los amigos a través de WhatsApp. Incluso el uso del smartphone debería acordarse con el Maestro. En una época como la nuestra, creo que hay que valorar seriamente una disciplina sana, también a través de decisiones concretas, como confiar el smartphone al Maestro.
3)
La profesión simple: el tiempo de la responsabilidad. Las Constituciones afirman: «Una prolongada y especial profundización de la formación después del noviciado es absolutamente necesaria para todos para un progreso efectivo en la vida monástica, aunque el logro de este objetivo comprometa toda la existencia (cf. PC, 18)» (Cost. 150). En el tiempo de la profesión simple, es necesario que las personas en formación aprendan a hacer un uso prudente de Internet y de las redes sociales, incluso eligiendo responsablemente no utilizarlas, si no lo requieren las tareas comunitarias. No hay que demonizar estas herramientas, sería simplemente contraproducente, pero no se puede ignorar que moldean nuestra forma de relacionarnos con el mundo, con nosotros mismos y también con Dios. Es necesario guiar a los profesos de votos simples a utilizar estos medios con responsabilidad y coherencia. Por ejemplo, sería útil abstenerse de cualquier uso de las redes sociales o de Internet, salvo para el trabajo o el servicio comunitario, después de la cena o después de completas. La Regla habla claramente del «silencio» después de completas: «Los monjes deben guardar siempre el silencio con amor, pero sobre todo durante la noche» (RB XLII, 1). Creo que esta observancia del silencio con amor se refiere hoy también y sobre todo a las redes sociales, Internet y las películas. Los profesos de votos simples deberían acostumbrarse responsablemente a utilizar estos medios como instrumentos de trabajo y como un uso prudente del tiempo, y no como una ocasión de dispersión, de evasión y de «ociosidad», enemiga del alma (cf. RB XLVIII, 1).
Queridos hermanos, creo que estas indicaciones, que necesitan una concreción más práctica en la vida de cada comunidad, son fundamentales tanto para las personas en formación como para quienes ya han profesado solemnemente. Se trata, en efecto, de un proceso formativo que comienza con la llegada al monasterio y continúa a lo largo del tiempo, aunque solo sea por el hecho de que se trata de instrumentos en constante evolución.
Repensar el itinerario formativo, teniendo en cuenta los retos del presente, creo que es una oportunidad de verificación y discernimiento también para los profesos solemnes, para que nuestra vida monástica sea cada vez más auténtica y libre de hipocresía. No podemos pedir a las personas en formación lo que los profesos solemnes no viven. El uso de las redes sociales e Internet corre el riesgo de convertir la práctica de la celda en un mero formalismo. Al igual que en el pasado se podían considerar formalistas ciertas prácticas de la vida monástica, hoy puede ser puro formalismo permanecer en la celda sin vivir seriamente lo que implica el espacio de la celda. Se podría pensar en la conveniencia de algunos encuentros comunitarios en los que, tal vez con la ayuda de alguna persona experta en la materia, se pusieran de relieve las oportunidades y los riesgos relacionados con estos medios de comunicación. En otras palabras, se trata, para todos, de aprender una forma de uso positivo de estos instrumentos y, por tanto, de regular su uso de manera positiva y conforme a la vocación monástica.
Les he escrito estas cosas para iniciar una reflexión común y para no fingir que este desafío para la vida monástica actual no existe.
Dom Matteo Prior General
Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT. Los destacados en negrita son de ZENIT
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