¿Cómo medir la calidad de un deportista? La respuesta de León XIV

ID del artículo: 253619

Descripción corta: Discurso del Papa a miembros de la Federación Italiana de Natación

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 25.06.2026).- En la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Santo Padre recibió el jueves 25 de junio a una numerosa delegación de la Federación Italiana de Natación y a participantes en los internacionales de natación 62 Trofeo Sette Colli. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano del discurso que el Papa León XIV les dirigió:

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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La paz esté con ustedes.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Es con gran alegría que me encuentro con todos ustedes, dirigentes de la Federación Italiana de Natación, atletas y miembros de las delegaciones que participan en los Internacionales de Natación – 62.º Trofeo Sette Colli.

El deporte, cuando se practica correctamente, es medicina para el cuerpo y para el espíritu. Integra las diversas facetas de la persona y las orienta hacia valores muy importantes, como el compromiso, la solidaridad y la honestidad. En la actividad deportiva, especialmente en la que se practica a nivel competitivo, el ser humano ejerce su fuerza de voluntad, pero lo hace en la medida en que está motivado. Y aquí es donde se distingue la calidad del deportista: por la calidad de sus motivaciones.

El deporte es también una oportunidad de crecimiento espiritual. Y la natación, en este sentido, tiene algo especial. De hecho, se practica sumergido en un elemento, el agua, que envuelve a la persona. Esto evoca simbólicamente un aspecto que nos constituye desde el vientre de nuestra madre: vivir significa aprender a moverse en armonía con los demás y con el entorno que nos rodea. Y además, para nosotros, los cristianos, el agua es símbolo del Bautismo y de la nueva vida en Cristo.

Sin embargo, hay otra razón por la que me alegro de su presencia. De hecho, todos ustedes, procedentes de distintos países, se han reunido aquí, animados por la misma pasión y los mismos valores, más allá de cualquier diferencia de idioma, nacionalidad o cultura. Este hecho, característico de los eventos deportivos internacionales, ofrece un signo de esperanza, un signo del mundo que anhelamos; contribuye al encuentro pacífico entre los pueblos y a la fraternidad.

Por eso los aliento a seguir practicando y difundiendo los valores del deporte. ¡Porque la etapa de la competición pasa, pero esos valores permanecen! Los encomiendo a la intercesión de san Pier Giorgio Frassati —un joven deportista que amaba mucho la montaña— y de todo corazón los bendigo a todos ustedes y a sus seres queridos. Gracias.

Les ofrezco mi bendición y, a continuación, a los atletas y a la presidencia, con mucho gusto los saludaré personalmente.

Bendición

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