ZENIT – Espanol https://es.zenit.org El mundo visto desde Roma Sat, 05 Dec 2020 09:03:23 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.4 https://storage.googleapis.com/cdnmedia.zenit.org/uploads/sites/3/2020/07/723dbd59-cropped-f2e1e53e-favicon_1-32x32.png ZENIT – Espanol https://es.zenit.org 32 32 San Pedro Pascual, 6 de diciembre https://es.zenit.org/2020/12/05/san-pedro-pascual-6-diciembre-2020/ Sat, 05 Dec 2020 09:02:52 +0000 https://es.zenit.org/?p=213281 Mártir de Dios

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“San Pedro Pascual fue un mercedario valenciano, descendiente de acaudalados, fieles y generosos mozárabes entregados al rescate de cautivos; siguió sus pasos. Fue un gran predicador y pacificador. Murió mártir en Granada en defensa de la fe”

Aunque aspectos de su vida han sido objeto de disparidades, está constatado que nació en Valencia, España, entre 1227 y 1230. Era una época en la que el país se hallaba bajo el influjo musulmán, y quienes abrazaban la fe cristiana sabían que su vida pendía siempre de un hilo. Miles de cristianos derramaron su sangre por Cristo.

La familia de san Pedro Pascual, unos mozárabes de clase pudiente y fieles a la Iglesia, tuvieron el honor de contar entre sus componentes a seis mártires, el último de los cuales sería él mismo. El compromiso eclesial de sus progenitores estaba bien anclado.

Le habían llamado Pedro considerando que su nacimiento se debía a la mediación de Pedro Nolasco, al que se encomendaron viendo que no venían los hijos; tan grande era el reconocimiento que dispensaban al santo. Nolasco y otros mercedarios mantenían una entrañable relación con la familia Pascual y disfrutaban de su hospitalidad.

Dando prueba fehaciente de su fortaleza, los progenitores de san Pedro Pascual pasaban por alto el riesgo que corrían sus vidas y rescataban a cristianos esclavos, como hacían los mercedarios. Precisamente uno de ellos, que después se afilió a la Orden mercedaria, era un sacerdote versado en teología, doctor por la universidad de París, al que encomendaron la educación de su hijo; lo que sentían por él era una comprensible mezcla de afecto y confianza.

En esa época Pedro Pascual ya había vivido la experiencia del envite que sufrió su propio hogar a manos de los musulmanes. Se dedicaba a socorrer a cautivos enfermos, pidiendo limosna para ellos junto a otros jóvenes como él. A sus 19 años fue designado canónigo de la catedral de Valencia por Jaime I el Conquistador; los había presentado san Pedro Nolasco.

Después de consumarse la reconquista de su ciudad natal y siguiendo los pasos de su preceptor, Pedro Pascual se trasladó a París, como era deseo del monarca, para formarse junto al doctor Aymillo. Por indicación del prelado de la capital gala, que se admiró de sus muchas virtudes, predicó en toda la diócesis.

Entre sus compañeros de estudios se hallaban santo Tomás de Aquino y san Buenaventura. Esta etapa de su vida en la ciudad del Sena fue teñida por el dolor de la pérdida de sus padres. Antes de regresar a Valencia, siendo ya doctor, Pedro había determinado abrazarse a la pobreza.

Con esa intención había dado poderes al fundador Nolasco para que entregase sus cuantiosos bienes a los cautivos, los huérfanos y los encarcelados. Al sentirse afín al carisma mercedario, se integró en la Orden y profesó el año 1250 en el convento de Valencia, mostrando su fervor y espíritu penitencial.

Fue ordenado sacerdote y ejerció como profesor en Barcelona; estuvo al frente de la cátedra de filosofía. Después se estableció en Zaragoza, ya que el rey Jaime I le encomendó la formación de su hijo, el infante Don Sancho de Aragón. Tanto ésta región como Cataluña supieron de su celo apostólico.

Cuando Don Sancho se hizo mercedario, la labor apostólica de san Pedro Pascual se centró en lo propio del carisma de la fundación a la que pertenecía: el rescate de cautivos y la predicación. En 1262 Urbano IV lo designó obispo de Granada a petición de Don Sancho, que era ya arzobispo de Toledo.

Humildemente aceptó la misión, contrariándose a sí mismo, ya que no deseaba dignidad alguna, y allí fundó el convento de Santa Catalina. Fruto de su celo apostólico vieron la luz nuevos conventos en Baeza, Jaén y Jerez de la Frontera.

En 1275, tras los conflictos que se desataron en Granada, emprendió una peregrinación por distintos lugares de la geografía española, Francia y Portugal. Volvió a Granada y desde allí efectuó un viaje a Roma siendo pontífice Nicolás IV que se admiró, como todos los que iban conociendo a Pedro, de su ciencia y virtud. Tanto es así que lo designó legado suyo para Francia y España con la indicación de que predicase la cruzada.

Se hallaba en Francia en 1294 cumpliendo con este cometido cuando fue elegido prelado de Jaén, se cree que a propuesta del rey Don Jaime II de Aragón. Bonifacio VIII confirmó el nombramiento en 1296. Fue consagrado en la capilla de San Bartolomé por el cardenal Mateo de Acquasparta el 20 de febrero de ese año. Devoto de María, en 1295 ya había defendido la Concepción Inmaculada en su escrito Vida de Lázaro; fue un pionero al respecto.

En 1297 viajó a Granada y allí fue hecho prisionero por los musulmanes. Sin duda le precedía su vigorosa defensa de los cautivos a los que rescataba, y la instrucción y bautismo que impartía a los cristianos, así como su encendida predicación junto a sus dotes de pacificador.

Además, su amigo el rey Jaime I, en 1294 no había tenido reparos en establecer un tratado de amistad con el rey nazarí Muhammad I Al-Ahmar (el Rojo), que en ese momento regía la ciudad de la Alhambra.

Pero en 1297 el nuevo emir Muhammad II Al-Faqih, hijo del anterior, había roto el pacto dejando clausurado dramáticamente el periodo de paz del que transitoriamente gozaron los cristianos. Tras su captura, san Pedro Pascual fue recluido en la torre granadina del Carmen de los Mártires.

Al saber la noticia, los fieles destinaron limosnas para rescatarlo, pero Pedro no las aceptó sino que con ellas liberó a otros esclavos necesitados. En prisión escribió varios tratados sobre la vida espiritual y diversas obras defendiendo la fe, en las que refutaba tesis de judíos y de musulmanes.

Sus trabajos suscitaron la ira de sus captores, y le condenaron a muerte por decapitación. Padeció un momento de terror que solapó instantáneamente su gozo por el martirio. Cristo le consoló: “Pedro, no te asustes porque la naturaleza haga su oficio. Yo mismo estuve triste hasta la muerte la noche antes de mi Pasión, y por tu amor padecí aquella amarga agonía”. Lleno de fortaleza se enfrentó a este martirio el 6 de diciembre de 1300. Clemente X confirmó su culto el 14 de agosto de 1670.

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Segundo domingo de Adviento: Conversión del corazón https://es.zenit.org/2020/12/05/segundo-domingo-de-adviento-conversion-del-corazon/ Sat, 05 Dec 2020 08:07:26 +0000 https://es.zenit.org/?p=213278 (zenit – 6 dic. 2020).- Este segundo domingo de Adviento abre una semana en la que se nos invita a estar en vela, a través de un anhelo de permanente conversión del corazón. Durante el camino de nuestra vida podremos ir convirtiéndonos, rectificando [...]

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(zenit – 6 dic. 2020).- Este segundo domingo de Adviento abre una semana en la que se nos invita a estar en vela, a través de un anhelo de permanente conversión del corazón. Durante el camino de nuestra vida podremos ir convirtiéndonos, rectificando su rumbo si se desvía, y en este domingo y su semana se nos invita a que lo hagamos de un modo más profundo, como preparación de la venida –navideña– del Señor.

En la liturgia de la palabra de la Misa de este domingo se nos sugiere preparar lo mejor posible el camino que conduce a Jesús, desprendiéndonos de todo lo que obstaculice esa venida de Dios que esperamos. Se alude al cielo nuevo y la nueva tierra que significa contar con Jesucristo, a su llegada hace XXI siglos y cada día, también a fecha de hoy, presente en nuestras almas en gracia y eminentemente en la Eucaristía.

Las referencias escriturísticas al desierto quieren recordarnos el distanciamiento que conviene lograr de todo aquello que nos aleje del amor de Dios. Y sabemos que alejarnos del amor de Dios es alejarnos del amor al prójimo.

La alegría del perdón de Dios

Pero la Iglesia nos recuerda que siempre hay remedio, y que si nos hemos separado de Dios podemos volver a Él a través del sacramento de la confesión sacramental, o sacramento de la alegría o del perdón.

Dios ama siempre, queramos a no pedirle perdón, reconozcamos o no que le hemos ofendido.

Y Dios ha dispuesto perdonar al hombre de sus pecados a través de uno de los siete sacramentos, que instituyó y confió a los apóstoles al inicio de la Iglesia y luego a sus sucesores –los obispos y colaboradores, los sacerdotes– para ser instrumentos de su misericordia, quienes actúan en la persona de Cristo. Así, obtenemos el perdón de Dios a través de hombres que en ese momento son el mismo Jesús, pues solo Dios puede perdonar los pecados, y en su sabiduría infinita ha dispuesto que así sea.

En el gesto de acudir al sacerdote para confesarme hay una objetividad que verifica que me llegue la gracia del perdón divino y así pueda limpiarse el alma del pecado.

Para una buena confesión tradicionalmente se nos ha animado a examinar la conciencia en la presencia de Dios, dolernos de haberle ofendido, proponernos firmemente mejorar, decir los pecados al confesor íntegra y sinceramente, y cumplir la penitencia que nos imponga. Y junto a ello la grata actitud de dejarse sorprender, asombrar, por un Dios que ama y sólo ama.

No se trata, lo sabemos, de ser impecables, pues eso es un sueño ilusorio. Desde que somos concebidos heredamos el pecado original cometido por nuestros primeros padres, y aunque al ser bautizados se nos borra, de por vida tendremos la inclinación al pecado, que muchas veces vencerá sobre el bien, sobre el amor. Así, de lo que se trata es de levantarse una y mil veces, abrazar el perdón amoroso de Dios, que, como buen padre, siempre nos lo dispensa gratuita y misericordiosamente.

En plena Novena de la Inmaculada

Este domingo de Adviento transcurre en plena Novena de la Inmaculada, costumbre que consiste en preparar la solemnidad del 8 de diciembre. El dogma de la Inmaculada Concepción de María fue declarado por el Papa Pío IX en 1854: la Virgen preservada inmune de toda mancha de la culpa original del pecado desde su concepción.

¿Cómo se vive esta costumbre? Personalmente, poniendo más empeño, cariño, en el trato con la Virgen, esmerándose en la oración, el espíritu de sacrificio, entrega, el trabajo profesional u ocupación que sea, y procurando de algún modo –sobre todo a través del ejemplo y la alegría– acercar a Dios a quienes nos rodean.

Además, existe la tradición de celebrar esta Novena comunitariamente, con algún evento diario, en honor a María, desembocando en la solemnidad del día 8.

Un día el de hoy, y durante esta Novena, para considerar ese punto de Forja –1028– de san Josemaría Escrivá de Balaguer: “Me conmovió la súplica encendida que salió de tus labios: ‘Dios mío: sólo deseo ser agradable a tus ojos: todo lo demás no me importa. Madre Inmaculada, haz que me mueva exclusivamente el Amor’”.

El 6 de diciembre, además, celebramos a san Nicolás de Bari, obispo del siglo IV que, entre otras cosas, destacó por su participación en el concilio de Nicea condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la divinidad de Cristo.

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Adviento: Primera predicación del cardenal Cantalamessa https://es.zenit.org/2020/12/04/adviento-primera-predicacion-del-cardenal-cantalamessa/ Fri, 04 Dec 2020 18:29:49 +0000 https://es.zenit.org/?p=213234 Reflexión sobre la muerte

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(zenit – 4 dic. 2020).- El cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ha desarrollado hoy la primera predicación de Adviento de este año 2020.

El sacerdote franciscano predicó sobre tres verdades eternas: primera, “que todos somos mortales y no tenemos una morada estable aquí abajo”; segunda, la vida del creyente no termina con la muerte, porque nos espera la vida eterna” y, tercera, “no estamos solos a merced de las olas en el pequeño barco de nuestro planeta” porque Jesús está con nosotros, informa Vatican News.

Memento mori

El cardenal se refirió a la realidad humana de la que la muerte es parte: “Memento mori”, recuerda que morirás. En este sentido, aclaró puntualizó que se puede hablar de la muerte de dos maneras distintas, en clave kerigmática o en clave sapiencial.

La primera supone proclamar que Cristo ha vencido a la muerte. La segunda, la forma sapiencial, consiste en “reflexionar sobre la realidad de la muerte tal como se presenta a la experiencia humana, con el fin de sacar lecciones de ella para vivir bien. Es la perspectiva en la que nos situamos en esta meditación”.

La reflexión sobre la muerte, indica Cantalamessa, se encuentra particularmente en los libros sapienciales del Antiguo Testamento, como también en el Nuevo Testamento: “Mirad porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mt 25,13); la conclusión de la parábola del hombre rico que planeaba construir graneros más grandes para su cosecha: “Insensato, esta misma noche se te pedirá la vida. Y lo que has preparado, ¿de quién será?” (Lc 12,20); así como en dicho: “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde el alma?” (cf. Mt 16,26). Asimismo, la tradición de la Iglesia ha hecho suya esta enseñanza.

El purpurado considera que el modo sapiencial de hablar sobre la muerte está presente en la Biblia, en el cristianismo y en todas las culturas. En la época actual, también lo hallamos en el pensamiento de autores modernos como Jean-Paul Sartre o Martin Heidegger.

Con respecto a los planteamientos del segundo afirma: “¿Qué es entonces —se pregunta el filósofo— ese ‘núcleo sólido, seguro e infranqueable’, al que la conciencia recuerda al hombre y sobre el que debe basarse su existencia, si quiere ser ‘auténtica’? Respuesta: ¡Su nada! Todas las posibilidades humanas son, en realidad, imposibilidades. Todo intento de proyectarse y de elevarse es un salto que parte de la nada y termina en la nada[1]”.

Después, remitiendo a san Agustín, el franciscano dirá: “también había anticipado esta intuición del pensamiento moderno sobre la muerte, pero para sacar de ello una conclusión totalmente diferente: no el nihilismo, sino fe en la vida eterna”.

“Todo se pone en su justo lugar”

Según el medio vaticano, frente a una realidad que destaca los avances tecnológicos y las conquistas de la ciencia, Cantalamessa afirma: “La presente calamidad ha venido a recordarnos lo poco que depende del hombre ‘proyectar’ y decidir su propio futuro”. Por ello, “no hay mejor lugar para colocarse para ver el mundo, a uno mismo y todos los acontecimientos, en su verdad que el de la muerte. Entonces todo se pone en su justo lugar”, asegura.

Ver el mundo desde la perspectiva caótica ayuda a “descifrar su significado”, no obstante, clarifica: “Mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien. ¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte. ¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte. ¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?”.

Pensar en la muerte, prosigue el franciscano capuchino, nos impide “apegarnos a las cosas (…) El hombre, dice un salmo, ‘cuando muere no se lleva nada consigo, ni desciende con él su gloria” (Sal 49,18) (…). “La hermana muerte es una muy buena hermana mayor y una buena pedagoga. Nos enseña muchas cosas; basta que sepamos escucharla con docilidad”.

Evangelización

Después, Cantalamessa subraya que la muerte transmite la importancia de reconciliarnos con nosotros mismo y con los prójimos. Pero también es importante en el campo de la evangelización.

“El pensamiento de la muerte es casi la única arma que nos queda para sacudir del letargo a una sociedad opulenta, a la que le ha sucedido lo que le ocurrió al pueblo elegido liberado de Egipto: ‘Comió y se sació, —sí, engordó, se cebó, engulló— y rechazó al Dios que lo había hecho’ (Dt 32,15)”.

Y esta es la tarea asignada a los profetas, recordarle al pueblo la solución al dilema: “La cuestión sobre el sentido de la vida y de la muerte desempeñó un papel notable en la primera evangelización de Europa y no se excluye que pueda desempeñar uno análogo en el esfuerzo actual por su re-evangelización”.

“Jesús libera del miedo a la muerte a quien lo tiene, no al que no lo tiene e ignora alegremente que debe morir. Vino a enseñar el miedo a la muerte eterna a aquellos que sólo conocían el miedo a la muerte temporal”, explica el predicador. “La ‘muerte segunda’, la llama el Apocalipsis (Ap 20,6). Es la única que realmente merece el nombre de muerte, porque no es un tránsito, una Pascua, sino una terrible terminal de trayecto”.

“No temáis”

El cardenal continúa su predicación considerando que “lo que da a la muerte su poder más temible para angustiar al hombre y atemorizarle es el pecado. Si uno vive en pecado mortal, para él la muerte todavía tiene el aguijón, el veneno, como antes de Cristo, y por eso hiere, mata y envía a la Gehena. No temáis —diría Jesús— a la muerte que mata el cuerpo y luego no puede hacer nada más. Temed a esa muerte que, después de haber matado el cuerpo, tiene el poder de arrojar a la Gehena (cf. Lc 12,4-5). ¡Quita el pecado y has quitado también a tu muerte su aguijón!”.

Por otro lado, rememora que en la Eucaristía Jesús nos hizo partícipes de su muerte para unirnos a él. Por eso: “Participar en la Eucaristía es la forma más verdadera, más justa y más eficaz de ‘prepararnos’ a la muerte. En ella celebramos también nuestra muerte y la ofrecemos, día a día, al Padre (…) En ella ‘hacemos testamento’: decidimos a quién dejar la vida, por quién morir”.

De acuerdo a Vatican News, el purpurado finalizó su homilía diciendo: “Con todo esto, no le hemos quitado el aguijón al pensamiento de la muerte, su capacidad de angustiarnos y que Jesús también quiso experimentar en Getsemaní. Sin embargo, estamos al menos más preparados para acoger el mensaje consolador que nos llega de la fe y que la liturgia proclama en el prefacio de la Misa de difuntos: Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma, y, al deshacerse nuestra morada terrenal,
adquirimos una mansión eterna en el cielo. Hablaremos de esta mansión eterna en los cielos, si Dios quiere, en la próxima meditación”.

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[1] Ib. II, c. 2, § 58, p. 346.

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Sacramentos entre cristianos de distintas confesiones: Condiciones https://es.zenit.org/2020/12/04/sacramentos-entre-cristianos-de-distintas-confesiones-condiciones/ Fri, 04 Dec 2020 17:59:09 +0000 https://es.zenit.org/?p=213227 Incluido en el 'Vademécum ecuménico'

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(zenit – 4 dic. 2020).- ¿Cuáles son las condiciones para la comunión con la Eucaristía en una confesión cristiana distinta de la propia? El “Vademécum Ecuménico” sobre el papel del obispo en la unidad de los cristianos, publicado el 4 de diciembre de 2020, hace un balance de la cuestión.

La participación de los obispos es posible de manera “excepcional”, que “nunca deben ser compartidos por mera cortesía”, para evitar “confusión o escándalo”.

“La administración y recepción de los sacramentos, especialmente la eucaristía, en las respectivas celebraciones litúrgicas, sigue siendo un área de serias tensiones en nuestras relaciones ecuménicas”, dice el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos en el documento.

Para responder a esta pregunta, el Vademécum establece “dos principios articulados”: por un lado, la celebración de los sacramentos expresa la unidad de la Iglesia, es decir, “la comunión eucarística es una condición para la comunión eclesial”, explicó el cardenal Kurt Koch, presidente del Dicasterio, en una conferencia de prensa; por otro lado, los sacramentos son también un paso hacia la comunión porque la Eucaristía es “alimento espiritual”.

Así, la participación en los sacramentos de la Eucaristía, la reconciliación y la unción de los enfermos se limitan “a quienes están en plena comunión”, afirma el Vademécum.  Pero, “de modo excepcional y con ciertas condiciones, puede autorizarse o incluso recomendarse la admisión de cristianos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales a estos sacramentos”

Esta “communicatio in sacris” requiere el discernimiento del obispo diocesano: se permite “dentro de ciertas circunstancias” y debe ser reconocida “como deseable y recomendada”. Además, las posibilidades difieren según las Iglesias y comunidades involucradas.

Según el Código de Derecho Canónico, los católicos pueden recibir los sacramentos de otros ministros cristianos siempre que “exista una necesidad real, es decir, que la utilidad espiritual de los fieles lo aconseje”; que “al solicitar este sacramento se evite todo peligro de error o indiferencia religiosa”; y que sea “física o moralmente imposible recurrir a un ministro católico” (cf. CIC 844 §2).

Para que un cristiano oriental no católico pueda recibir los sacramentos de un ministro católico, debe existir “peligro de muerte” o, a juicio del obispo diocesano, una “grave necesidad”; la petición del bautizado debe ser “libre y espontánea”; y debe estar “debidamente dispuesto”, lo que implica que tenga una fe conforme a la de la Iglesia Católica sobre este sacramento.

El juicio del obispo sobre lo que constituye una “grave necesidad” y sobre las circunstancias de la participación sacramental “excepcional”, el Vademécum afirma, se refiere “al cuidado y la salvación de las almas”.

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El Salvador: Obispos concluyen año jubilar martirial https://es.zenit.org/2020/12/04/el-salvador-obispos-concluyen-ano-jubilar-martirial/ Fri, 04 Dec 2020 17:22:57 +0000 https://es.zenit.org/?p=213224 Eucaristía de Clausura

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(zenit – 4 dic. 2020).- Los obispos de la Conferencia Episcopal de El Salvador concluyeron con el año jubilar martirial. El obispo de Chalatenango, monseñor Oswaldo Escobar recordó que este año 2020 fue declarado el 20 de enero pasado Año Jubilar Martirial y fue clausurado con una Eucaristía presidida por todos los obispos y celebrada en la catedral de Chalatenango.

El asesinato de las religiosas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan, quienes pertenecían a las congregaciones de las hermanas de Maryknoll y las Ursulinas, se registró hace 40 años (el 2 de diciembre de 1980), en el cantón Santa Cruz Chacastal, del municipio de Santiago Nonualco, en el departamento de La Paz, y el hecho es conocido como “caso de las hermanas Maryknoll”.

“Muchos martirios cumplieron 40 años de acaecidos. 1980 fue un año cruento aquí en El Salvador. Chalatenango, que etimológicamente en lengua indígena significa “valle de aguas y arena” más bien se estuvo convirtiendo en un valle de sangre”, dijo Mons. Escobar.

El prelado expresó a medios locales que “es una tradición en su diócesis recordar a los mártires el día 2 de diciembre” y enumeró algunos nombres de personas que ofrendaron sus vidas y que este año se celebra el 40 aniversario: “monseñor Romero, el padre Spessotto, la masacre del Sumpul, las misioneras de Maryknoll, Ita Ford y Maura Clarke, quienes fueron asesinadas junto con la misionera laica Jean Donovan y la hermana ursulina Dorothy Kazel, miembros del equipo misionero de la Diócesis de Cleveland en El Salvador”.

“En esta celebración se une la sangre de los mártires chalatecos, la sangre derramada de nuestros campesinos, catequistas y celebradores de la palabra con la de las misioneras de Maryknoll, quienes nos recuerdan el apoyo y solidaridad internacional. Paradójicamente el mismo Gobierno que daba las balas para la guerra, con esas mismas balas, desgraciadamente, ellas fueron martirizadas”, sostuvo.

La corrupción también genera mártires

Monseñor Escobar, recordando a san Óscar Romero, afirmó que somos una Iglesia, una gran familia de mártires. Y la pandemia ha causado muchas muertes, particularmente en el personal sanitario, no sólo en El Salvador, sino en varios países.

Y esto Dios no lo quiere, “pues lo que se ha dado en muchas ocasiones, afirmó el obispo, es una situación de corrupción galopante. También la corrupción y la falta de transparencia generan mártires (…) y muchos miembros del personal de salud han entregado su vida al servicio del prójimo (…) gente tan buena y sacrificada que han dado su vida por atender a los pacientes del COVID-19”.

Una iglesia martirial y misionera

El cardenal Gregorio Rosa Chávez, en su homilía durante la Misa de clausura recordó el legado de la iglesia que forjó el obispo mártir, san Óscar Romero y leyendo el diario del sucesor de Romero, monseñor Rivera y Damas apuntó que “hacemos acción de gracias por lo mejor que tiene la iglesia que son los mártires y esta diócesis de Chalatenango nos ha dado testimonio de iglesia.

Y agregó que la “reserva moral de la iglesia salvadoreña está en la diócesis de Chalatenango por todo lo que han sufrido, por eso tenemos que seguir siendo misioneros, anunciando al Dios con nosotros desde nuestra realidad”.

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Estreno de la película documental ‘Luz y Sal’ https://es.zenit.org/2020/12/04/estreno-de-la-pelicula-documental-luz-y-sal/ Fri, 04 Dec 2020 17:03:25 +0000 https://es.zenit.org/?p=213216 El próximo 6 de diciembre

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(zenit – 4 dic. 2020).- Bajo la dirección del director mexicano Alejandro Francés, el próximo domingo 6 de diciembre se estrenará en exclusiva para FamFlix, la película documental Luz y Sal, sobre la vida de Don Vicente Martínez.

Don Vicente Martínez fue fundador de la escuela de Pastoral, uno de los movimientos laicales más importantes de México y de muchos países de América.

Se trata de una obra audiovisual que profundiza en la vida y obra de este apóstol de nuestros tiempos, a quien muchos consideran SANTO, quien entregó su vida entera al anuncio del evangelio de nuestro Señor, a través del Equipo Laico al Servicio de la Pastoral, mejor conocida como “Escuela de Pastoral”.

El elenco de actores del film está formado por Miguel Alonso (Don Vicente Martínez), Verónica Gómez (Rosaura, su esposa), Nallib Martínez (Vicente joven), Dany Villegas (Vicente niño) y por miembros de la Escuela de Pastoral.

En el día de hoy, 4 de diciembre, ha tenido lugar la presentación a los medios de comunicación a través de una rueda de prensa. En ella han participado Alejandro Francés (director), Miguel Alonso (protagonista), Gerardo Villegas (productor), y representantes de la Escuela de Pastoral.

Estreno en FamFlix

El estreno estará disponible en la web www.famflix.mx o en la app de IOS, Android, Apple TV, Android TV o Chromecast.

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Presentación del nuevo “Vademécum ecuménico” https://es.zenit.org/2020/12/04/presentacion-de-vademecum-ecumenico/ Fri, 04 Dec 2020 16:35:34 +0000 https://es.zenit.org/?p=213199 Síntesis de las intervenciones

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(zenit – 4 dic. 2020).- Esta mañana a las 11:30 horas se ha celebrado la presentación del documento “El obispo y la unidad de los cristianos. Vademécum ecuménico” en la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Veinticinco años después de la Encíclica Ut unum sint del papa san Juan Pablo II, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha publicado este Vademécum. Se trata de una guía para los obispos para orientarles a la hora de asumir mejor su papel de líderes en la misión ecuménica de la Iglesia Católica y para que, a través de su ministerio, promuevan la unidad de los cristianos.

En la rueda de prensa de presentación del mismo han intervenido: el cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos; el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos; el cardenal Luis Antonio G. Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; y el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales.

Cardenal Sandri

El cardenal Sandri ha señalado que este Vademécum expone, entre otras cosas, “consejos prácticos que pueden favorecer la experiencia de la vida de comunión entre Oriente y Occidente”.

Para el purpurado, este documento, dirigido principalmente a los pastores de las Iglesias, “es una ulterior afirmación de que ya no es legítimo para nosotros el desconocimiento del Oriente cristiano. No podemos fingir haber olvidado a los hermanos y hermanas de esas venerables Iglesias que junto a nosotros constituyen la familia de los creyentes en el Dios de Jesucristo”.

“El Occidente necesita del Oriente para que sea devuelta a la Iglesia de Cristo y al mundo la plena manifestación de la catolicidad eclesial”, añade.

Asimismo, el compromiso ecuménico de los obispos “es un deber y una obligación, como se desprende claramente del Título 18 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales”. Y “es de este compromiso que el Vademécum ofrece indicaciones preciosísimas, sobre todo desde la perspectiva del camino que las Iglesias de Oriente y Occidente deben recorrer juntas en la búsqueda de la unidad”.

De este modo, “las indicaciones doctrinales y pastorales de este Vademécum pueden dar a los hombres y mujeres de hoy una ulterior razón sólida para creer y para esperar la gracia de la comunión plena y visible entre las Iglesias de Oriente y Occidente”.

Cardenal Koch

En su intervención, el cardenal Kurt Koch, ha repasado brevemente el propósito, la preparación y el contenido de este nuevo documento del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

El prelado, considera que el obispo “no puede considerar la promoción de la unidad de los cristianos simplemente como una de las muchas tareas de su ministerio, una tarea que podría o debería aplazarse ante otras prioridades, aparentemente más importantes”. El compromiso ecuménico del obispo “no es una dimensión optativa de su ministerio, sino un deber y una obligación”, insiste.

El prefecto ha descrito que el proceso de preparación del Vademécum llevó unos tres años. A lo largo de los mismos, los oficiales del Consejo Pontificio prepararon un primer borrador con el asesoramiento de expertos, y luego lo presentaron durante la sesión plenaria del Dicasterio en 2018.

El nuevo texto, ha indicado, se basa en el documento Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II, la Encíclica Ut unum sint, y dos documentos del Consejo Pontificio: el “Directorio Ecuménico” y “La dimensión ecuménica en la formación de los que se dedican al ministerio pastoral”.

No obstante, no se trataba, “de repetir estos documentos, sino más bien de proponer una breve síntesis, actualizada y enriquecida por los temas tratados en el curso de los últimos pontificados, y adoptando siempre el punto de vista del obispo: una guía que inspirase el desarrollo de la acción ecuménica y que fuera fácil de consultar”.

El purpurado también ha destacado que el Santo Padre aprobó el documento y se refirió a él en su carta del 24 de mayo pasado con motivo del veinticinco aniversario de la encíclica Ut unum sint (1995). “Recordando que ‘el servicio de la unidad es un aspecto esencial de la misión del obispo’, el Papa Francisco ha expresado la esperanza de que el Vademécum sirva de ‘estímulo y guía’ para el ejercicio de las responsabilidades ecuménicas de los obispos”.

Cardenal Ouellet

El cardenal Ouellet, por su parte, ha insistido en la idea de que “los obispos son los principales responsables de la unidad de los cristianos no sólo en sus diócesis sino también a nivel universal como miembros del Colegio de los Sucesores de los Apóstoles”.

En esta calidad “son corresponsables con el Papa de la tarea de reconciliación de los cristianos para ofrecer juntos el testimonio de unidad que el Señor espera de sus discípulos (Jn 17, 21)”. De ahí la importancia “de promover en primer lugar la oración por esta intención, especialmente durante la Semana de Oración que se celebra cada año en preparación de la fiesta litúrgica de la conversión de san Pablo”.

Asimismo, a todos los prelados “se les pide que construyan su comunidad local con una actitud positiva, abierta y fraternal hacia las otras confesiones cristianas, cualesquiera que sean las actitudes contrarias que encontremos, y cualesquiera que sean los fracasos que pudieran incitarnos a cejar en el empeño”. Un católico “no se cansa de dar el primer paso hacia el acercamiento, porque la caridad que lo habita lo obliga a perdonar, a compartir y a perseverar en su compromiso”.

Cardenal Tagle

En nombre de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (CEP), el cardenal Tagle ha resaltado algunos aspectos del Vademécum “que son relevantes para el trabajo de la CEP”.

En primer lugar, considera que “es bueno que en muchas secciones del vademécum se describa el ministerio de unidad del obispo como un servicio a la identidad y misión de la Iglesia”. En los lugares donde los cristianos son una minoría y donde los cristianos bautizados se están alejando de la Iglesia, “la falta de unidad entre los seguidores de Jesús, manifestada a veces públicamente como animosidad mutua, socava la evangelización y oscurece la persona de Jesús”.

En algunos lugares, explica, “los no cristianos no conocen la distinción entre luteranos, presbiterianos, anglicanos, ortodoxos, católicos y demás. Pero su mala experiencia con un cristiano hiere el rostro de Cristo y de todos los cristianos. Mientras que una buena experiencia con un cristiano lleva a la apertura a Cristo y a la comunidad cristiana”.

En segundo lugar, el cardenal filipino señala que el texto afirma “que el compromiso ecuménico del obispo requiere que sea una persona de diálogo”: “Para nuestro dicasterio, esto es una llamada a explorar más a fondo el diálogo como un modo de evangelización. Dado que la Iglesia local es el sujeto de la evangelización, todos los bautizados, agentes pastorales, educadores, catequistas, religiosos, religiosas y ordenados necesitan formación en el diálogo como modo de evangelización”.

El obispo, continúa, “debe asegurarse de que haya espacios para el diálogo pastoral y misionero en la diócesis. Debe encontrar un mecanismo por el cual la riqueza de la enseñanza de la Iglesia, los acuerdos y las experiencias en el diálogo ecuménico sean compartidos y recibidos por los diferentes sectores de los fieles”.

En tercer y último lugar apuntó que “en la formación de los obispos recién nombrados y en la formación continua de los obispos, tal vez sea necesario incluir seminarios o sesiones prácticas sobre cómo manejar o gestionar las diferencias y los conflictos y cómo promover la sanación de los recuerdos y el perdón”.

Y que “la amistad forjada por los obispos con los líderes y miembros de las comunidades no católicas ayuda a eliminar los prejuicios, pues, “las buenas relaciones que cultivamos ahora serán más tarde los buenos recuerdos que sanarán las heridas del pasado”.

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Vademécum Ecuménico: Recomendaciones concretas https://es.zenit.org/2020/12/04/vademecum-ecumenico-recomendaciones-concretas/ Fri, 04 Dec 2020 15:25:27 +0000 https://es.zenit.org/?p=213186 Promoción de la unidad de los cristianos

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(zenit – 4 dic. 2020).- “El obispo y la unidad de los cristianos: Vademécum Ecuménico” es el nuevo documento del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana presentado en el Vaticano este 4 de diciembre de 2020 por tres cardenales: Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos; Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos; y Antonio Tagle prefecto del Dicasterio para la Evangelización de los Pueblos y el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales.

El Vademécum reúne recomendaciones recogidas en varios documentos sobre el papel del obispo en el fomento de la unidad de los cristianos. Es bastante breve: en español, ocupa unas 25 páginas A4.

El compromiso ecuménico del obispo no es una opción, es “un deber y una obligación”, subrayó el cardenal Koch durante su presentación.

Este documento del obispo, explicó el cardenal Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, no incluye “novedades particulares” sino que sugiere “iniciativas concretas” a favor de la unidad.

El Vademécum ecuménico del obispo evoca cuatro formas de interacción entre los cristianos: el ecumenismo espiritual, el diálogo de la caridad (social), el diálogo de la verdad (teológico) y el diálogo de la vida (pastoral, cultural).

Presenta 6 conjuntos de recomendaciones que resumen la reflexión de los diferentes capítulos.

Estas seis series de recomendaciones tocan temas concretos como la formación, las reuniones, la oración, el compromiso de servicio.

1. Recomendaciones prácticas: formación, comisión ecuménica diocesana

– Familiarizarse con el Directorio Ecuménico y emplearlo.

– Nombrar un delegado diocesano para el ecumenismo. El Directorio Ecuménico (41) recomienda que cada diócesis tenga un delegado para el ecumenismo, que actúe en estrecha colaboración con el obispo para los asuntos ecuménicos y pueda representar a la diócesis ante otras comunidades cristianas locales. En la medida de lo posible, esta función debe ser distinta de la del delegado diocesano para el diálogo interreligioso.

– Establecer una Comisión ecuménica diocesana. El Directorio Ecuménico (42-44) propone que cada diócesis tenga una comisión encargada de fomentar una dimensión ecuménica adecuada en todos los aspectos de la vida de la Iglesia local. Dicha comisión podría supervisar la formación ecuménica, iniciar consultas con otras comunidades cristianas y promover con ellas el testimonio común de la fe cristiana que compartimos.

– Promover el nombramiento de encargados de la animación y la coordinación ecuménica a nivel parroquial. El Directorio Ecuménico (45, 67) prevé que cada parroquia, como “lugar de auténtico testimonio ecuménico”, cuente con un responsable de las relaciones ecuménicas.

– Familiarizarse con las normas establecidas por su conferencia episcopal o sínodo. El Directorio Ecuménico (46-47) sugiere que cada conferencia o sínodo instituya una comisión de obispos con un secretario permanente, o en su defecto se nombre un obispo, encargado del compromiso ecuménico. Tal comisión u obispo deberán no solamente velar sobre la aplicación de las normas emitidas, sino también establecer contactos con las organizaciones ecuménicas a nivel nacional.

– Asegurarse de que haya un curso obligatorio de ecumenismo en todos los seminarios y facultades católicas de teología de su propia diócesis, y asegurarse de que los cursos de teología sagrada y otras ramas del conocimiento tengan una dimensión ecuménica.

– Favorecer la difusión de documentos y materiales de carácter ecuménico en el sitio web diocesano.

– Publicar noticias ecuménicas a través del sitio web para que los fieles de la diócesis puedan ver que su obispo se reúne, ora y trabaja con las otras comunidades cristianas locales.

2. Recomendaciones prácticas: mensajes conjuntos

– Orar regularmente por la unidad de los cristianos.

– Conmemorar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos con una celebración ecuménica preparada conjuntamente con los otros cristianos y animar a las parroquias a hacer lo mismo.

– Consultar con otros líderes cristianos la posibilidad de organizar conjuntamente jornadas de estudio sobre las Escrituras, peregrinaciones/procesiones ecuménicas o el posible intercambio de reliquias e imágenes sagradas.

– Publicar, en Navidad o Pascua, un mensaje común con otro líder o líderes cristianos.

– Tener una celebración ecuménica con otras comunidades cristianas locales sobre una cuestión de interés común.

– Animar a los sacerdotes o agentes de pastoral a que oren regularmente con otros ministros y responsables cristianos en sus barrios.

– Conocer la labor ecuménica de las Comunidades de vida consagrada y apoyarla siempre que sea posible.

– Pedir a la comisión diocesana que trabaje con las otras comunidades cristianas para discernir dónde podría ser necesaria una purificación de la memoria y sugerir pasos concretos que puedan facilitarla.

– Dar el primer paso para encontrarse con otro líder cristiano.

3. Recomendaciones prácticas: orar, reunirse

– Orar de forma pública y privada por los otros líderes cristianos presentes en el territorio de la diócesis.

– Asistir, si es posible y oportuno, a las liturgias de ordenación/instalación o investidura /bienvenida de otros líderes cristianos en el territorio de la diócesis.

– Invitar, cuando sea oportuno, a otros líderes cristianos a las celebraciones litúrgicas y acontecimientos significativos.

– Conocer los Consejos de iglesias, los Consejos cristianos y los demás organismos ecuménicos presentes en la diócesis y participar en ellos en la medida de lo posible.

– Informar a otros líderes cristianos de las noticias y los eventos importantes en la diócesis.

4. Recomendaciones prácticas: instituir un diálogo

– Identificar qué documentos bilaterales se han publicado entre la Iglesia católica y las principales Comunidades cristianas presentes en su diócesis. El apéndice de este Vademécum ofrece una breve introducción a los diálogos internacionales y a sus respectivos documentos, que están disponibles en el sitio web del PCPCU.

– Establecer una comisión diocesana o regional de diálogo en la que participen peritos teólogos, laicos y ordenados. Esta comisión podría emprender un estudio conjunto de los documentos de los diálogos internacionales o nacionales o abordar cuestiones de interés local.

– Pedir a la comisión que proponga alguna acción concreta que pueda emprender conjuntamente la diócesis y otra comunidad o comunidades cristianas, sobre la base de los acuerdos ecuménicos que se han alcanzado.

5. Recomendaciones prácticas: necesidades pastorales, sacramentos

– Identificar las necesidades pastorales comunes con los otros líderes cristianos.

– Escuchar y aprender de las iniciativas pastorales de otras comunidades cristianas.

– Actuar con generosidad para ayudar a la pastoral de las otras comunidades cristianas.

– Encontrar las familias interconfesionales de la diócesis y escuchar las experiencias.

– Presentar al clero las directrices dadas por el Directorio Ecuménico en relación a compartir la vida sacramental (resumido anteriormente) y las eventuales directrices de la Conferencia Episcopal o Sínodo de las Iglesias católicas orientales al respecto. Ayudar al clero a discernir cuándo se aplican esas condiciones y cuándo sería apropiada la participación en la vida sacramental en casos individuales.

– Si la diócesis o la conferencia episcopal no tienen directrices sobre las disposiciones canónicas para compartir la vida sacramental de forma excepcional, y si considera que tales directrices serían útiles en su contexto, contactar la comisión ecuménica episcopal y buscar asesoramiento sobre la propuesta o preparación de dicho texto.

6. Recomendaciones prácticas: el servicio cristiano

– Identificar mediante el diálogo con otros responsables cristianos las áreas donde se requiere el servicio cristiano común.

– Hablar con otros líderes cristianos y con el delegado para el ecumenismo sobre lo que las diversas comunidades cristianas podrían hacer juntas y siguen haciendo de forma separada.

– Animar a los sacerdotes a comprometerse con los otros cristianos en el servicio a la comunidad local.

– Consultar con los católicos y las agencias diocesanas comprometidas en la pastoral social acerca de su eventual cooperación con las otras comunidades cristianas y cómo podría incrementarse.

– Hablar con los otros líderes cristianos sobre sus relaciones con otras tradiciones religiosas presentes en su territorio. ¿Cuáles son las dificultades y qué pueden hacer juntas las comunidades cristianas?

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Presentación de cartas credenciales: Discurso del Papa a los nuevos embajadores https://es.zenit.org/2020/12/04/presentacion-de-cartas-credenciales-discurso-del-papa-a-los-nuevos-embajadores/ Fri, 04 Dec 2020 12:36:59 +0000 https://es.zenit.org/?p=213170 Fortalecer la “cultura del encuentro”

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(zenit – 4 dic. 2020).- Esta mañana, el Papa Francisco ha recibido en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano a los embajadores de Estonia, Dinamarca, Zambia, Madagascar, Ruanda, Mauritania, Jordania, India, Kazakstán y Uzbekistán, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

Hoy, 4 de diciembre de 2020, el Pontífice ha recibido y dado la bienvenida en la Santa Sede a los nuevos embajadores acreditados ya como extraordinarios y plenipotenciarios de sus propios países, y les ha pedido que transmitan “sus sentimientos de estima” a los respectivos jefes de Estado, “junto con la seguridad” de sus oraciones por ellos y por sus compatriotas.

Misión y desafío

El Santo Padre ha señalado a los visitantes que su misión empieza en un tiempo de “grandes desafíos para toda la familia humana”, incluso antes de la COVID-19, ya que este año sería testigo de “urgentes necesidades humanitarias” provocadas por violencia, terrorismo y conflictos en todo el planeta.

A esto, continúa, se añade la crisis económica que ha provocado “hambre y migraciones masivas”, y el cambio climático que incrementa el “riesgo de desastres naturales, hambrunas y sequías”. La pandemia agrava las “desigualdades ya presentes en” una sociedad con pobres “más vulnerables” y “excluidos”.

La respuesta del Papa es comprender que “estamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados”, pero a la vez “importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos” y “necesitados de confortarnos mutuamente”.

Diálogo sincero

También indica que este mundo “cada vez más globalizado” requiere con urgencia “un diálogo y una cooperación sinceros y respetuosos” que consigan unir a todos para enfrentar las “amenazas que se ciernen sobre” el planeta e “hipotecan el futuro” de la juventud.

Francisco remite a sus propias palabras en Fratelli tutti para expresar que “en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad”.

Efectivamente, la presencia de la Santa Sede en la comunidad internacional “está al servicio del bien común mundial, llamando la atención sobre los aspectos antropológicos, éticos y religiosos de las diversas cuestiones que afectan a la vida de las personas, los pueblos y las naciones enteras”, añade.

Cultura del encuentro

El Obispo de Roma ha declarado a los embajadores su esperanza en que su “actividad diplomática (…) fortaleza la cultura del encuentro”, tan requerida para “superar las diferencias y divisiones que tan a menudo obstaculizan la realización de los altos ideales y objetivos propuestos por la comunidad internacional”. Todos nosotros, insiste, estamos invitados a “trabajar diariamente para la construcción de un mundo cada vez más justo, fraternal y unido”.

Por último, les ha brindado sus “mejores deseos” y asegurado “la constante disponibilidad de las diversas oficinas de la Curia Romana” para ayudarles en el “cumplimiento” de sus responsabilidades.

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Vaticano: “El obispo y la unidad de los cristianos: Vademécum ecuménico” https://es.zenit.org/2020/12/04/vaticano-vademecum-obispo-unidad-cristianos/ Fri, 04 Dec 2020 11:39:39 +0000 https://es.zenit.org/?p=213161 Responsabilidad ecuménica

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(zenit – 4 dic. 2020).- El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha publicado “El obispo y la unidad de los cristianos: Vademécum ecuménico”, un documento dirigido a los prelados diocesanos y eparquiales para “ayudarles a comprender y cumplir mejor su responsabilidad ecuménica”.

Este texto responde a “una petición surgida en una Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo”, y fue desarrollado por los “oficiales” del consejo, bajo la asesoría de algunos expertos y el acuerdo de los pertinentes dicasterios de la Curia Romana.

Estructura

Este Vademécum, aprobado por el Papa Francisco, está estructurado en dos partes. La primera de ellas, “La promoción del ecumenismo en la Iglesia católica”, explica lo que es necesario para que la Iglesia católica cumpla con su misión de promover la unidad de los cristianos tanto a nivel diocesano como nacional, indica Vatican News.

En la segunda parte, “La Iglesia católica en su relación con los otros cristianos”, el documento examina cuatro formas en que la Iglesia católica se compromete con las otras comunidades cristianas.

La primera de estas formas es el “ecumenismo espiritual”, es decir, cómo los obispos pueden guiar a su pueblo, en aras de la unidad de los cristianos, mediante la oración, la conversión y la santidad, destacando en particular la importancia de las Sagradas Escrituras, la “purificación de la memoria” y el “ecumenismo de la sangre”.

La segunda manera es el “diálogo de la caridad” en la que se habla de la “cultura del encuentro” como una forma eficaz para nutrir y profundizar la relación que los cristianos ya comparten a través del bautismo.

La última forma es el “diálogo de la verdad” que se refiere a la búsqueda de la verdad de Dios, que los católicos emprenden junto con otros cristianos mediante el diálogo teológico y por último el “diálogo de la vida” en la que se presentan las oportunidades de intercambio y colaboración con otros cristianos en la atención pastoral (“el ecumenismo pastoral”), en el testimonio ante el mundo (“el ecumenismo práctico”) y a través de la cultura (“el ecumenismo cultural”).

Asimismo, este texto concluye cada una de sus secciones con unas recomendaciones prácticas que recogen las tareas e iniciativas que pueden emprenderse a nivel local y regional.

Unidad del pueblo de Dios

El preámbulo de este Vademécum indica que el ministerio del mitrado conlleva un servicio a la unidad, tanto de su territorio diocesano como entre éste y la Iglesia universal. Consta de, añade, “un significado especial”, que es la “búsqueda de la unidad de todos los discípulos de Cristo”.

También cita el Código de Derecho Canónico de la Iglesia latina para destacar que entre las “tareas” del oficio pastoral del obispo se sitúa claramente la “responsabilidad” de promover esta unidad. Debe, insiste, “mostrarse humano y caritativo con los hermanos que no estén en comunión plena con la Iglesia católica, fomentando también el ecumenismo tal y como lo entiende la Iglesia”.

Deber ecuménico

La publicación del Pontificio Consejo manifiesta que el “compromiso ecuménico” del prelado no es opcional para su ministerio, sino “un deber y una obligación”: no puede considerarlo como “una tarea más dentro de su variado ministerio”, una que “podría y debería posponerse en visa de otras prioridades, aparentemente más importantes”.

Esto, prosigue, lo certifica también el Código de los cánones de las iglesias orientales, en una “sección especial a la tarea ecuménica” que recomienda a los pastores eclesiales “trabajen con celo participando en la tarea ecuménica”, y apunta que en su “servicio a la unidad”, su ministerio “se extiende no solo a la unidad de su propia Iglesia, sino también a la unidad de todos los bautizados en Cristo”.

Concluyendo el prefacio, advierte que la intención del documento es que los mitrados de todo el mundo encuentren “pautas claras y útiles” que les “ayuden a dirigir las iglesias locales, confiadas a su ministerio pastoral, hacia aquella unidad por la que el Señor oró y a la que la Iglesia está irrevocablemente llamada”.

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