(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 14.03.2026).- En una audiencia privada que arrojó luz sobre uno de los ministerios pastorales más discretos de la Iglesia Católica, el Papa León XIV recibió el 13 de marzo de 2026 a los líderes de la Asociación Internacional de Exorcistas para una conversación de media hora centrada en los desafíos actuales del ministerio del exorcismo en la Iglesia y la creciente necesidad de sacerdotes capacitados para atender el sufrimiento espiritual.
El encuentro reunió al Papa con el obispo Karel Orlita, presidente de la asociación, y el padre Francesco Bamonte, vicepresidente y miembro de la congregación religiosa Siervos del Inmaculado Corazón de María. Según la información difundida posteriormente, el encuentro se desarrolló en un ambiente cordial y atento, con el pontífice escuchando atentamente mientras los dos representantes exponían la situación que enfrentan los exorcistas en toda la Iglesia a nivel mundial.
Durante la conversación, Orlita y Bamonte explicaron la estructura y la misión de la Asociación Internacional de Exorcistas, una organización que en las últimas décadas se ha convertido en un referente clave para los sacerdotes a quienes se les confía esta responsabilidad pastoral especializada. Basándose en la experiencia acumulada de la asociación, presentaron un panorama general de cómo se practica actualmente este ministerio y qué consideran sus practicantes como necesario en los próximos años.
Uno de los temas centrales que se abordaron fue la formación de exorcistas. La asociación enfatizó su compromiso constante de brindar capacitación inicial y continua a los sacerdotes designados para este ministerio. Dicha preparación, señalaron, es esencial porque la Iglesia exige que los exorcistas no solo posean discernimiento espiritual, sino que también comprendan la compleja frontera entre los fenómenos espirituales y las afecciones psicológicas o médicas.
Por ello, la conversación también destacó la importancia de la cooperación entre exorcistas y profesionales del ámbito médico, incluyendo médicos, psiquiatras y psicólogos. La Iglesia insiste tradicionalmente en que los casos sospechosos de influencia demoníaca se examinen cuidadosamente para descartar enfermedades mentales u otras explicaciones naturales antes de considerar cualquier exorcismo formal.
Otro punto planteado durante la audiencia fue la opinión de la asociación de que cada diócesis del mundo debería contar con al menos un sacerdote específicamente designado como exorcista. En la práctica, sin embargo, la disponibilidad de sacerdotes con estas capacidades varía considerablemente de un país a otro. Por ello, la asociación aboga por una planificación pastoral más clara para que los obispos puedan garantizar que los fieles tengan acceso a un clero debidamente capacitado cuando lo necesiten.
El debate también abordó la formación sacerdotal en un sentido más amplio. Según el informe presentado al Papa, la asociación considera que los seminaristas deberían recibir instrucción básica durante sus estudios teológicos sobre la enseñanza de la Iglesia respecto a la existencia de lo demoníaco y las maneras en que la Iglesia afronta lo que denomina «acción diabólica extraordinaria». Los exorcistas argumentan que dicha instrucción ayudaría a los futuros sacerdotes a abordar estos temas con claridad teológica, en lugar de confusión o sensacionalismo.
Además de la formación de sacerdotes, la asociación también sugirió que los obispos recién nombrados recibieran un breve curso sobre pastoral exorcista como parte de los programas de formación que normalmente se ofrecen a los obispos al inicio de su ministerio episcopal.
Al presentar su informe, los representantes también hablaron de lo que describieron como una preocupante realidad pastoral que los exorcistas encuentran cada vez con mayor frecuencia: personas que sufren graves trastornos tras su participación en grupos o prácticas ocultistas. Según la asociación, estas situaciones pueden causar un profundo sufrimiento personal y requieren un acompañamiento pastoral cuidadoso. Subrayaron que el uso del exorcismo por parte de la Iglesia no tiene como propósito un espectáculo, sino una oración sacramental destinada a brindar alivio espiritual en nombre de Cristo.
El ministerio del exorcismo ocupa un lugar singular en la pastoral católica. Rara vez se habla de él públicamente y se rige por estrictas normas litúrgicas. Solo un sacerdote específicamente autorizado por un obispo diocesano puede realizar el solemne rito del exorcismo, que se rige por el rito oficial de la Iglesia y suele llevarse a cabo en privado.
Orlita y Bamonte compartieron además una anécdota histórica que complació al Papa: León XIV conoció y apreció personalmente al padre Gabriele Amorth, el sacerdote italiano fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, quien durante décadas fue uno de los exorcistas más reconocidos de la Iglesia. Los escritos y entrevistas de Amorth desempeñaron un papel fundamental en la difusión pública de la enseñanza de la Iglesia sobre la lucha espiritual, si bien siempre hizo hincapié en la necesidad de prudencia y equilibrio pastoral.
El encuentro concluyó con un intercambio simbólico de regalos. Los exorcistas obsequiaron al Papa una imagen metálica del Arcángel Miguel, procedente del santuario dedicado al arcángel en Monte Sant’Angelo, un lugar histórico de peregrinación en el sur de Italia, asociado a la veneración de San Miguel como protector contra el mal.
También le obsequiaron al pontífice dos ejemplares —uno en italiano y otro en inglés— de un libro publicado por la asociación en 2019 titulado «Guía para el Ministerio del Exorcismo». En los últimos años, este libro se ha convertido en una referencia muy utilizada por clérigos, catequistas y laicos que buscan información fiable sobre la comprensión que la Iglesia tiene de este delicado ministerio.
El Papa León XIV agradeció a sus invitados su servicio y los obsequios que habían traído. Antes de concluir el encuentro, les obsequió un rosario, un gesto tradicionalmente utilizado por los pontífices para expresar cercanía espiritual y gratitud.
Aunque breve, el encuentro evidencia la continua atención del Vaticano a un ministerio que permanece en gran medida oculto a la vista pública, pero que muchos pastores consideran pastoralmente necesario. Para la Iglesia, el objetivo no es fomentar la fascinación por lo demoníaco, sino asegurar que aquellos que experimentan una profunda angustia espiritual puedan encontrar ayuda dentro de un marco de fe, discernimiento y atención pastoral.
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