(ZENIT Noticias / Roma, 23.03.2026).- En una Iglesia aún marcada por medio siglo de tensiones litúrgicas, un abad benedictino francés ha propuesto una idea tan ambiciosa como delicada: reunir sensibilidades rituales opuestas bajo un mismo techo institucional, literalmente, dentro de un solo misal.
La propuesta proviene de Geoffroy Kemlin, superior de la renombrada Abadía de Saint-Pierre de Solesmes y presidente de una congregación benedictina que ya vive, en miniatura, la misma coexistencia que ahora sugiere para la Iglesia universal. En una carta dirigida al Papa León XIV y fechada el 12 de noviembre de 2025, Kemlin esboza un plan para integrar el Ordo Missae anterior al Concilio Vaticano II —conocido comúnmente como Vetus Ordo— en el actual Misal Romano, sin alterar la liturgia posconciliar introducida bajo el pontificado de Pablo VI.
Lo que está en juego es más que una reforma técnica. Desde los cambios litúrgicos posteriores al Concilio Vaticano II, el Rito Romano ha existido, de hecho, en dos formas paralelas: la antigua estructura tridentina y la liturgia reformada. Si bien los sucesivos pontificados han intentado regular su coexistencia —sobre todo mediante el Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI y, posteriormente, la más restrictiva Traditionis custodes del Papa Francisco—, las tensiones subyacentes nunca han desaparecido por completo.
El diagnóstico de Kemlin se basa en la experiencia vivida. Su congregación incluye monasterios como el de Fontgombault, que ha conservado el rito antiguo, junto con el propio Solesmes, que adoptó la reforma conciliar manteniendo el latín y el canto gregoriano. Habiendo vivido personalmente ambos mundos litúrgicos, el abad habla menos como teórico que como testigo de una fractura interna. «La liturgia está destinada a construir la unidad, no la división», ha afirmado, describiendo la polarización actual como una fuente de sufrimiento personal.
Su solución evita el camino que muchas voces reformistas han sugerido ocasionalmente: modificar el misal moderno para que se asemeje al antiguo. Ese enfoque, argumenta Kemlin, no satisfaría a nadie e incluso podría generar un panorama más fragmentado: «no dos, sino tres misales». En cambio, propone una integración estructural. El actual Misal Romano se mantendría intacto, pero incorporaría el antiguo Ordo Missae como una opción adicional, plenamente reconocida, dentro del mismo libro litúrgico.
Las implicaciones son de gran alcance. Bajo este modelo, los sacerdotes podrían celebrar dentro de un marco unificado, recurriendo, cuando sea pastoralmente apropiado, a elementos del rito antiguo —como las oraciones al pie del altar o el ofertorio tradicional— sin apartarse de la estructura litúrgica normativa. Al mismo tiempo, el Vetus Ordo no quedaría inalterado: Kemlin prevé una adaptación limitada, que incluiría el uso opcional de la lengua vernácula, la concelebración y el acceso al leccionario ampliado introducido después del Concilio Vaticano II, que describe como «mucho más rico» en contenido bíblico.
El realismo teológico de la propuesta reside en su reconocimiento de un hecho a menudo minimizado en el discurso oficial: las dos formas del Rito Romano no son meras variantes estilísticas. En palabras de Kemlin, encarnan diferentes «sensibilidades litúrgicas» e incluso distintas antropologías subyacentes: diferentes maneras de acercarse a Dios, a la oración y al papel de la asamblea. Por esta razón, argumenta, no es realista esperar que los seguidores de la forma antigua simplemente se adapten a la nueva.
En lugar de ver este apego como resistencia ideológica, el abad lo interpreta como un signo de auténtica experiencia espiritual. La mayoría de los fieles que prefieren la liturgia antigua, insiste, lo hacen porque encuentran en ella una profundidad que no hallan en ningún otro lugar. Reconocer esto, sugiere, es un requisito indispensable para cualquier reconciliación genuina.
Sin embargo, precisamente aquí reside la vulnerabilidad de su propuesta. Los críticos, incluyendo voces en la prensa católica francesa, cuestionan si la inclusión de dos órdenes litúrgicos estructural y teológicamente distintos en un mismo misal resolvería las tensiones o simplemente las reformularía. Si la divergencia es tan profunda como el propio Kemlin admite, ¿puede la unidad institucional realmente superarla, o podría hacer que las diferencias sean aún más visibles?
También está la cuestión de la escalabilidad. En el mundo benedictino, la coexistencia se ha visto facilitada por la disciplina monástica y una cultura cultivada de respeto mutuo. Los monjes de diferentes tradiciones litúrgicas se adaptan regularmente a las prácticas de los demás al visitar casas hermanas. Si tal flexibilidad puede extenderse a la Iglesia global, con sus realidades pastorales mucho más complejas, sigue siendo incierto.
Kemlin sitúa su iniciativa en un contexto histórico más amplio, invocando a Prosper Guéranger, restaurador de Solesmes y figura clave en el renacimiento litúrgico del siglo XIX que, en última instancia, influyó en la constitución sobre la liturgia del Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium. Al apelar a ese legado, el abad presenta su propuesta no como una ruptura, sino como la continuación de una tradición que siempre ha buscado el equilibrio entre fidelidad y renovación.
Sin embargo, el tono de su carta es notablemente cauto. Pide perdón por lo que denomina su «audacia» y subraya que no ofrece un modelo para imponer, sino un «camino para la reflexión» destinado a sanar las divisiones que, en sus palabras, hieren a la Iglesia.
La propuesta llega en un momento en que las cuestiones litúrgicas —antes consideradas en gran medida resueltas— resurgen con urgencia. Ya sea que la idea de Kemlin se vea como un avance creativo o una síntesis poco práctica, obliga a plantear nuevamente una pregunta fundamental: ¿puede lograrse la unidad en la Iglesia Católica eligiendo entre tradiciones, o solo aprendiendo a mantenerlas unidas dentro de un todo único, aunque lleno de tensiones?
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.
