(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 31.03.2026).- A menos de un año de su pontificado, el Papa León XIV ha tomado medidas decisivas para reestructurar el funcionamiento interno de la Iglesia Católica. Los nombramientos anunciados el 30 de marzo redefinen el funcionamiento de la Curia Romana, colocando a diplomáticos experimentados en puestos clave de influencia y evidenciando una preferencia por un liderazgo discreto y técnicamente competente tras años marcados por la turbulencia.
En el centro de esta reorganización se encuentra el nombramiento de Paolo Rudelli como Sustituto de Asuntos Generales en la Secretaría de Estado, un cargo que a menudo se describe —sin exagerar— como el de «jefe de gabinete» del Vaticano. A sus 55 años, el prelado italiano se convierte en la tercera figura más poderosa de la jerarquía de la Santa Sede, después del Papa y del Secretario de Estado, Pietro Parolin. El cargo que ahora ocupa supervisa la coordinación diaria de la Curia, gestiona la gobernanza interna y mantiene un canal de comunicación directo y privilegiado con el Papa.
La trayectoria de Rudelli refleja el perfil que León XIV parece empeñado en promover: un diplomático de carrera formado dentro de la cultura institucional de la Santa Sede. Ordenado sacerdote en Bérgamo en 1995, se formó en la Pontificia Universidad Gregoriana en teología moral y derecho canónico, y posteriormente en la Pontificia Academia Eclesiástica, y ha dedicado más de dos décadas a desenvolverse en la red diplomática del Vaticano. Sus destinos —desde Ecuador y Polonia hasta Zimbabue y, más recientemente, Colombia— lo han situado en la intersección de las realidades eclesiales y políticas, a menudo en contextos marcados por la inestabilidad. Esta experiencia, sumada a su anterior cargo en la misma sección que ahora dirigirá, lo convirtió en el candidato idóneo para un puesto que exige tanto precisión administrativa como discernimiento político.
Al aceptar el nombramiento, Rudelli invocó el espíritu de Praedicate Evangelium, la reforma de la Curia de 2022, sugiriendo una continuidad con la visión misionera y descentralizada promovida durante el pontificado anterior. Sin embargo, el contexto en el que asume el cargo dista mucho de ser neutral. Su predecesor, Edgar Peña Parra, deja un legado complejo marcado por crisis globales y tensiones institucionales. Nombrado en 2018, el diplomático venezolano dirigió la Secretaría durante la pandemia de COVID-19, la muerte del Papa Benedicto XVI y la transición que condujo a la elección de León XIV. Al mismo tiempo, su gestión se vio ensombrecida por la controvertida inversión inmobiliaria en Londres, una operación fallida que le costó al Vaticano aproximadamente 400 millones de dólares y desencadenó un proceso judicial sin precedentes con diez acusados.
Peña Parra ahora asume un cargo diferente como Nuncio Apostólico en Italia y San Marino, una posición de prestigio pero con un peso estratégico limitado. En su discurso de despedida, describió sus años en la Secretaría como exigentes y formativos, comparando su servicio eclesial con un viaje en tren con sucesivas estaciones: momentos de intensa responsabilidad seguidos de transiciones que no son finales, sino etapas. Sus palabras reflejaban una mezcla de alivio y realismo, reconociendo el «sufrimiento institucional» causado por el escrutinio legal al tiempo que enfatizaban la naturaleza en gran medida invisible pero esencial del trabajo realizado en la Sección de Asuntos Generales.
La cadena de nombramientos continúa. Petar Rajič, hasta ahora nuncio en Italia, ha sido nombrado prefecto de la Casa Pontificia, un cargo que se sitúa en la delicada frontera entre protocolo y poder. Si bien recibe menos escrutinio público, este puesto es crucial: regula el acceso al Papa, organiza las audiencias y gestiona el marco ceremonial de la actividad papal. En la práctica, determina quién entra en la órbita papal y bajo qué condiciones, una función que conlleva una influencia significativa en un sistema donde la cercanía suele traducirse en autoridad.
La trayectoria de Rajič refleja la de Rudelli: nacido en Toronto de padres croatas de Bosnia-Herzegovina, formado en derecho canónico y diplomacia vaticana, y con experiencia en diversos destinos, desde la península arábiga hasta los estados bálticos y Angola. Su nombramiento también cubre un puesto que permanecía vacante desde 2023, restableciendo así un elemento clave del equilibrio institucional de la Curia.
Más allá de estos cambios más visibles, León XIV también ha incorporado personal clave a otros organismos, reforzando áreas que han cobrado mayor relevancia en los últimos años. El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral recibe nuevos miembros, entre ellos expertos en migración, mientras que la Comisión Pontificia para la Protección de Menores se fortalece con la inclusión de figuras vinculadas a instituciones jurídicas y académicas internacionales.
En conjunto, estas decisiones sugieren una dirección coherente. En lugar de impulsar reformas de gran visibilidad, León XIV parece estar consolidando la gobernanza mediante la selección de personal: priorizando la continuidad en la estructura, pero la renovación de quienes la dirigen. El énfasis en la experiencia diplomática resulta particularmente llamativo, como si el Papa buscara estabilizar la Curia confiándola a hombres acostumbrados a la negociación, la discreción y la estrategia a largo plazo.
En términos vaticanos, este tipo de medidas rara vez generan titulares inmediatos. Sus efectos se miden con el tiempo, en el tono de la toma de decisiones, la gestión de crisis y el delicado equilibrio entre la autoridad central y la proyección internacional. Lo que está claro es que el nuevo pontificado está empezando a definirse no solo a través de las palabras, sino también mediante la cuidadosa selección de aquellos que traducirán la visión en gobierno.
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