(ZENIT Noticias / Roma, 25.10.2026).- Respuesta del padre Edward McNamara, legionario de Cristo, profesor de liturgia y teología sacramental en la Pontificia Universidad Regina Apostolorum.
Pregunta: Sé que con las referencias a la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) y al Orden de la Misa es algo más largo de lo habitual, pero hasta aquí llegué en mi propia investigación antes de no encontrar más respuestas.
¿Hacia dónde debe mirar el celebrante cuando está en la sede colocada en una pared lateral?
— Posición de la sede: La IGMR 310 parece indicar que la preferencia es que la sede se coloque de modo que el celebrante pueda mirar al pueblo desde la cabecera del presbiterio. Sin embargo, reconoce que puede haber razones para ubicarla de otro modo, incluidas el diseño del presbiterio o que el sagrario esté en el centro detrás del altar.
Así pues, si la sede del celebrante está en la pared lateral, por la razón que sea, ¿hacia dónde debería volverse para los Ritos Iniciales, el Credo, la Oración Universal y la Oración después de la Comunión?
— Ritos Iniciales: El Orden de la Misa (OM) 1 establece: «Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se persignan, mientras el sacerdote, mirando al pueblo, dice…». Esto parece diferir de la IGMR 124, que no instruye al celebrante a mirar al pueblo hasta el saludo, ya que dice: «Luego, mirando al pueblo y extendiendo las manos, el sacerdote saluda al pueblo…». ¿Cómo debe reconciliarse la diferencia entre la IGMR y el OM? Además, tras estas instrucciones, no se menciona hacia dónde debe mirar el celebrante. Después del saludo, ¿debe volverse de nuevo en la dirección en que mira la sede para el Rito Penitencial, el Gloria y la Colecta, o permanecer mirando al pueblo durante toda la celebración hasta que se siente para la Liturgia de la Palabra?
— Credo: Para el Credo, la IGMR 137 no dice nada sobre la dirección en que debe mirar el sacerdote.
— Oración Universal: Para la Oración Universal, el IGMR 138 no dice nada sobre la posición del celebrante para la introducción y la oración conclusiva, pero sí indica que quien anuncia las intenciones debe hacerlo «desde el ambón u otro lugar conveniente mirando al pueblo». ¿Significa esto que el celebrante debe hacer lo mismo y mirar al pueblo?
— Oración después de la Comunión: La IGMR 165 establece: «Luego, de pie en la sede o en el altar, y mirando al pueblo con las manos juntas, el sacerdote dice: Oremos; luego, con las manos extendidas, recita la Oración después de la Comunión». El OM 139 dice casi exactamente lo mismo con palabras casi idénticas. ¿Indicarían estas instrucciones que el sacerdote se vuelve hacia el pueblo solo para el «Oremos», especialmente si reza la oración en el altar ad orientem, o indicarían que permanece mirando al pueblo durante toda la Oración después de la Comunión? En este último caso, ¿informaría esto sobre la dirección en que debe mirarse en las demás oraciones presidenciales de la Misa?
— Diáconos: ¿Y los diáconos? ¿Deben volverse para mirar al pueblo si están dirigiendo los Tropos, el Kyrie o dando instrucciones al pueblo? ¿Y deben los diáconos que flanquean al celebrante volverse en la misma dirección que el sacerdote cuando este se vuelve hacia el pueblo? — K.F., Dallas, Texas
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Respuesta: Con respecto a la ubicación de la sede, nuestro lector hace referencia a la IGMR 310. A saber:
«310. La sede del sacerdote celebrante debe significar su función de presidir la asamblea y dirigir la oración. Por consiguiente, el lugar más conveniente para la sede es el que da de frente al pueblo en la cabecera del presbiterio, a no ser que así lo impida la estructura del edificio u otras circunstancias: por ejemplo, si la gran distancia dificultara la comunicación entre el sacerdote y los fieles, o si el sagrario estuviera en el centro, detrás del altar. No se debe dar a la sede la apariencia de un trono. Conviene que antes de utilizarse en la liturgia sea bendecida según el rito descrito en el Ritual Romano. Asimismo, en el presbiterio se dispondrán sillas para los sacerdotes concelebrantes y para los sacerdotes que, aunque están presentes en la celebración con vestiduras corales, no concelebran. El lugar del diácono estará junto al del celebrante. Para los demás ministros se dispondrán asientos de tal modo que se distingan claramente de los del clero y que los ministros puedan desempeñar fácilmente las funciones encomendadas».
Estas indicaciones se repiten, con algunos detalles adicionales, en las directrices de la Conferencia Episcopal de EE.UU. sobre los edificios de culto: Built of Living Stones:
«La sede del sacerdote celebrante
«§ 63 § La sede del sacerdote celebrante está «como símbolo de su función de presidir la asamblea y dirigir la oración». Una ubicación adecuada de la sede permite que el sacerdote celebrante sea visible para todos en la asamblea. La sede refleja la dignidad de quien preside la comunidad en la persona de Cristo, pero nunca pretende ser distante o grandiosa. La sede del sacerdote celebrante se distingue del asiento de los demás ministros por su diseño y ubicación. «El lugar del diácono estará junto al del celebrante». En la catedral, además de la cátedra o sede episcopal, que es permanente, se necesitará una sede adicional para uso del rector o sacerdote celebrante.
«§ 64 § «[El lugar más conveniente] para la sede es el que da de frente al pueblo en la cabecera del presbiterio, a no ser que así lo impida la estructura del edificio u otras circunstancias [como la distancia o la ubicación del sagrario]». Esta sede no es utilizada por un laico que preside una celebración de la Palabra con Comunión o una celebración dominical en ausencia de sacerdote. (Cfr. Congregación para el Culto Divino, Directorio para las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero [1988], n. 40.)
«§ 65 § En el presbiterio podrán colocarse otras sedes para los sacerdotes concelebrantes y los sacerdotes presentes en la celebración con vestiduras corales».
La indicación anterior de la tercera edición típica de 2000 difiere ligeramente de la versión original de la Instrucción General del Misal. Por ejemplo, la mención de la ubicación central del sagrario como impedimento para colocar la sede del sacerdote en el centro del ábside es una novedad. No era un secreto que, en términos generales, la Santa Sede favorecía esto siempre que fuera razonablemente posible, pero sin imponerlo.
En efecto, la importancia concedida a la ubicación de la sede del sacerdote es una novedad relativa que surgió de la teología que sustenta el rito reformado, la cual promovía una mayor interacción externa entre sacerdote y fieles para manifestar más plenamente la participación activa interna y espiritual de los fieles en la celebración de los sagrados misterios.
Antes de la reforma, casi toda la celebración tenía lugar en los escalones del altar o en el propio altar, y la disposición de asientos del sacerdote y los ministros durante las lecturas en algunas celebraciones solemnes era puramente funcional y con escaso simbolismo.
La reforma conciliar cambió esto y, si bien el altar del sacrificio sigue siendo el corazón del presbiterio como símbolo primario de Cristo, la sede del sacerdote, junto con el ambón, se establecieron como verdaderos lugares litúrgicos dentro del presbiterio y no como accesorios móviles.
La invitación a preferir ubicar la sede en la cabecera del presbiterio fue probablemente inspirada por el hecho de que era la práctica en las basílicas e iglesias más importantes de Roma, y esto se consideró una buena práctica.
No todos los historiadores están de acuerdo con esta versión. Según un eminente estudioso de la liturgia, el lugar original de la sede estaba en la cabecera de la asamblea de cara al altar.
La práctica de colocar la cátedra o sede detrás del altar comenzó con un Pontífice de carácter adusto que se molestó al escuchar comentarios negativos susurrados por la asamblea sobre su persona y mandó trasladar la sede a una distancia segura detrás del altar.
Si bien esta historia puede ser apócrifa, es cierto que la práctica romana nunca acabó de imponerse en el resto de Europa, y la cátedra en la mayoría de las catedrales estaba generalmente ubicada en un punto elevado cerca de la entrada al presbiterio. Se colocaba principalmente hacia el lado izquierdo al entrar al edificio, de cara al altar. El Ceremonial de los Obispos dice lo siguiente sobre la cátedra:
«47. La cátedra o sede episcopal mencionada en el n. 42 debe ser una silla colocada sola e instalada permanentemente. Su colocación debe dejar claro que el obispo preside a toda la comunidad de los fieles. Según el diseño de cada iglesia, la silla debe tener suficientes escalones que conduzcan a ella para que el obispo sea claramente visible para los fieles. No debe haber baldaquino sobre la sede del obispo; pero las valiosas obras de arte del pasado deben conservarse con el mayor cuidado… La sede para el sacerdote celebrante debe colocarse en un lugar separado del sitio de la sede del obispo».
Es notable que el Ceremonial de los Obispos no repita la norma de colocar la cátedra en la cabecera del presbiterio, quizás debido al hecho de que con frecuencia es muy difícil cambiar los edificios históricos y a la realidad de la ubicación lateral de muchas de tales sedes.
Teniendo en cuenta esta realidad, es interesante que al llegar a la sede se instruya al obispo para actuar del siguiente modo:
«132. Luego el obispo, los concelebrantes y la asamblea, todos de pie, se persignan cuando el obispo, mirando al pueblo, dice: En el nombre del Padre.
«Con las manos extendidas, el obispo saluda al pueblo diciendo: La paz sea con vosotros, o una de las otras fórmulas de saludo que aparecen en El Misal Romano. El obispo mismo, un diácono o uno de los concelebrantes puede muy brevemente introducir a los fieles en la Misa del día. El obispo pronuncia la invitación al rito penitencial, que concluye con las palabras: El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros. Si es necesario, un ministro puede sostener el libro ante el obispo. Cuando se usa la tercera forma del rito penitencial, las invocaciones las dice el obispo, el diácono u otro ministro adecuado».
Después del Gloria:
«136. A continuación, con las manos juntas, el obispo invita al pueblo a orar cantando o diciendo: Oremos. Tras una breve pausa de oración silenciosa, recita la oración colecta con las manos extendidas, leyendo del libro que le sostiene un ministro. Para la conclusión de la oración, el obispo junta las manos diciendo: Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo u otras palabras pertinentes. Al final el pueblo responde con la aclamación Amén».
Como señala nuestro corresponsal, la IGMR 123-124, si bien está inspirada en el texto anterior, es más preciso:
«123. El sacerdote sube al altar y lo venera con un beso. Luego, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar, caminando alrededor de este.
«124. Realizadas estas acciones, el sacerdote se dirige a la sede. Terminado el canto de entrada, con todos de pie, el sacerdote y los fieles se persignan, mientras el sacerdote dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El pueblo responde: Amén. Luego, mirando al pueblo y extendiendo las manos, el sacerdote saluda al pueblo usando una de las fórmulas indicadas. El sacerdote mismo u otro ministro puede también muy brevemente introducir a los fieles en la Misa del día».
Dado que el legislador del Ceremonial de los Obispos probablemente era consciente de las posibles dificultades prácticas vinculadas a muchas catedrales donde la ubicación lateral y elevada de la sede no permitiría fácilmente al prelado mirar al pueblo en las oraciones presidenciales, pudo haber preferido dejar las normas algo vagas y dejar las soluciones prácticas a los maestros de ceremonias.
Por tanto, al obispo solo se le indica que mire al pueblo para la señal inicial de la cruz. La instrucción de mirar al pueblo no se repite para otros momentos en los que parecería lógico hacerlo. Por ello, en muchas situaciones donde la cátedra del obispo mira hacia el altar, el celebrante dice las oraciones permaneciendo en la misma dirección que la sede, sin volverse hacia el pueblo.
El legislador de la IGMR, sin embargo, puede presuponer que en la mayoría de las iglesias la sede del sacerdote ya da de frente al pueblo, aunque en la IGMR 310 se contemplan posibilidades alternativas.
Las indicaciones más precisas de la IGMR significarían que, en general, el sacerdote debe volverse para mirar al pueblo en todos aquellos momentos que las rúbricas así lo indican, incluso en los casos en que las limitaciones estructurales colocan la sede a un lado del presbiterio.
Como la mayoría de las normas ceremoniales, sin embargo, dichas normas se aplican con un saludable sentido del decoro litúrgico. Si la disposición del presbiterio es tal que volverse hacia el pueblo resulta muy poco práctico, por ejemplo porque no hay espacio para los ministros que sostienen el misal y el micrófono, el sacerdote podría proclamar las oraciones desde la posición lateral de manera análoga a la de algunos obispos en el ejemplo anterior.
Hay que admitir que ocasionalmente existen aparentes discrepancias entre el Orden de la Misa y la IGMR. Sin embargo, creo que la discrepancia descrita por nuestro lector entre el OM y la IGMR no es precisamente uno de esos casos. La IGMR intenta abarcar varias situaciones posibles; el OM describe un tipo particular de Misa con el pueblo.
Para ilustrar esto, podemos tomar la descripción en la IGMR 256 del inicio de la Misa en la que participa solo un ministro:
«256. El sacerdote se acerca al altar y, después de hacer una profunda reverencia junto con el ministro, venera el altar con un beso y se dirige a la sede. Si lo desea, el sacerdote puede permanecer en el altar; en ese caso, el Misal también se prepara allí. Luego el ministro o el sacerdote dice la antífona de entrada.
«257. Luego el sacerdote, de pie, hace con el ministro la señal de la cruz mientras el sacerdote dice: En el nombre del Padre, etc. Mirando al ministro, lo saluda usando una de las fórmulas provistas».
Por tanto, la norma de la IGMR abarca muchas situaciones. El sacerdote podría estar ya mirando al pueblo para la señal de la cruz debido a la posición de la sede. Pero si resulta que está celebrando de cara al altar, hace la señal de la cruz con el ministro o los fieles y luego se vuelve para mirar al pueblo durante el saludo. El OM, por otro lado, describe el procedimiento para una Misa normal con el pueblo.
Por último, como norma general, no habría diferencias entre los ritos en los que un diácono preside en ausencia de un sacerdote. Para otros ritos, esto dependería de la situación práctica concreta y del decoro. El diácono no necesita volverse hacia el pueblo cuando lo hace el sacerdote, especialmente si esto podría crear situaciones complicadas. No es necesario mirar al pueblo al cantar el Kyrie y otras acciones no presidenciales, aunque puede hacerse si hay una buena razón para ello.
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Los lectores pueden enviar sus preguntas a zenit.liturgy@gmail.com. Por favor, escriban la palabra «Liturgia» en el campo del asunto. El texto debe incluir las iniciales del remitente, su ciudad y su estado, provincia o país. El padre McNamara solo puede responder a una pequeña selección del gran número de preguntas que recibe.
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