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El Papa junto a un grupo de niños del Círculo de San Pedro © Vatican Media

El Papa junto a un grupo de niños del Círculo de San Pedro © Vatican Media

Círculo de S. Pedro: Un apostolado que corresponde “a la llamada a la santidad”

Discurso del Papa Francisco (Texto completo)

(ZENIT – 15 mayo 2018).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los miembros del Círculo de San Pedro el pasado sábado, 12 de mayo de 2018, a las 11:50 horas, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

El Círculo de San Pedro, fundado en Roma en 1869 fue fruto del entusiasmo de los jóvenes de la alta burguesía y de las familias nobles romanas, que querían demostrar al mundo la fidelidad al Pontífice y defenderlo de los ataques anticlericales en aquel difícil momento de la historia del Papado.

Su actividad, organizada en varias Comisiones, se dirige a todos los sectores de la pobreza humana, intentando responder al reclamo de los necesitados, describen en su página web.

Actualmente esta Comisión distribuye unas 50.000 comidas al año en los tres comedores situados en varias zonas de la Ciudad. Con ocasión del Gran Jubileo del 2000, el Santo Padre quiso honrar al Círculo confiándole el encargo de distribuir, cerca de las cuatro Basílicas Patriarcales romanas, 500 comidas gratuitas cada día a los peregrinos pobres que llegaban a Roma para el Año Santo.

La Comisión “Asilos Nocturnos”, con 50 camas, concede a quien no lo tiene una cama y un asilo digno durante la noche.

A continuación ofrecemos el discurso que el Papa les dirigió durante el encuentro:

Discurso del Papa Francisco

¡Queridos socios del Círculo San Pedro!

Os saludo cordialmente y agradezco a vuestro presidente general, el duque Leopoldo Torlonia, sus palabras. Dirijo a cada uno mi agradecimiento por el servicio cotidiano a las personas más desfavorecidas de la ciudad. El Círculo de San Pedro desde muchos años es una hermosa realidad de asistencia y de ayuda para los pobres: un sarmiento de la rica y fecunda “vid” de la caridad, expresión de la “viña” eclesiástica de Roma. Vosotros os esforzáis por ser el rostro de una Iglesia que se extiende hacia los confines, que nunca se detiene, sino que camina para ir hacia los hermanos y hermanas que tienen hambre y sed de escucha, de intercambio, de proximidad, de solidaridad. ¡Os exhorto a seguir este camino!

En vuestra actividad, no os avergoncéis de la carne herida del hermano;  al contrario, en cada persona necesitada y que sufre descubrid el rostro de Cristo. Sed misioneros valientes de la caridad cristiana y no os canséis de atestiguar la misericordia y la bondad de Dios, volviéndoos instrumentos de consuelo para muchas personas frágiles y desesperadas.

Tenéis frente a vosotros el ejemplo de muchos santos de la caridad, ya beatificados o canonizados, pero dejaos animar también “por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad” (Exhort.ap. Gaudete et exsultate, 8). Vuestro apostolado constituye una ocasión y un instrumento para corresponder a la llamada a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros. A través de las obras de caridad, permitís  que la gracia recibida en el Bautismo fructifique  en un camino de santidad, que es el fruto de la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.

Os doy también las gracias por el Óbolo de San Pedro, que recogéis en todas las iglesias como signo de vuestra participación a la solicitud del Obispo de Roma por las pobrezas de esta ciudad. Que vuestra apreciada actividad caritativa esté siempre sostenida por la oración y por la referencia constante a la Palabra de Dios, luz que ilumina nuestro camino. Os encomiendo al igual que a vuestros familiares y vuestra misión a la protección de la Virgen Santa, la Salus Populi Romani, y a la intercesión de San Pedro y de San Pablo. Os pido que sigáis sosteniendo mi ministerio también con la oración y os bendigo de todo corazón.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

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