FRIBURGO, lunes 30 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- Los obispos de Suiza consideran que la decisión popular de prohibir la construcción de minaretes en Suiza, aprobada en referéndum este domingo, “representa un obstáculo y un gran desafío en el camino de la integración en el diálogo y el respeto mutuo”.

Así lo señalan en un comunicado publicado este mismo domingo, firmado por el responsable de comunicación de la Conferencia Episcopal de Suiza, Walter Müller, y titulado “Interpelados por el sí a la iniciativa”.

Para el episcopado suizo, esta prohibición supone “una omisión manifiesta a mostrar a la gente que la prohibición de minaretes no contribuye a una sana convivencia entre las religiones y las culturas, sino que al contrario, la deteriora”.

“La campaña, con sus exageraciones y sus caricaturas -señala el comunicado-, ha demostrado que la paz religiosa no se da por sí misma, sino que debe ser defendida cada día”.

Los obispos advierten que el sí a esta iniciativa, impulsada por los conservadores Union démocratique du centre (UDC) y Union démocratique fédérale (UDF), “aumenta los problemas de convivencia entre las religiones y las culturas”.

En el referéndum (que contó con una participación del 53,4%), más del 57% de los votantes ha decidido incluir en la Constitución suiza la prohibición de construir minaretes.

Ante este resultado, “el primer desafío consiste en devolver a la población la confianza necesaria en nuestro ordenamiento jurídico y la atención apropiada a los intereses de todos”, indican los obispos.

Y “ello exige la colaboración de todos en Suiza, y especialmente de los responsables del Estado y de la Iglesia”, advierten.

Actualmente Suiza cuenta con cuatro minaretes, que no se utilizan para llamar a la oración. El referéndum buscaba detener nuevos proyectos de construcción de estas torres de las mezquitas.

La Confederación, en la que el Islam es, en número de seguidores, la segunda religión tras el cristianismo, cuenta con unos 310.000 musulmanes, entre una población de 7,5 millones de habitantes.

Los obispos destacan que “las dificultades de coexistencia entre las religiones y las culturas no se limitan a Suiza” y advierten de las repercusiones negativas que esta decisión popular puede acarrear en otros lugares del mundo.

“Los pastores de la Iglesia católica ya recordaron, antes de la votación, que la prohibición de la construcción de minaretes no ayudaría a los cristianos oprimidos y perseguidos en países islámicos, sino que deterioraría la credibilidad de su compromiso en esos países”, señalan.

El texto concluye con una exhortación a “todas las personas de buena voluntad a aumentar todavía más su compromiso actual con esos cristianos y a estar a su lado”.

En el comunicado del pasado mes de septiembre con el que los obispos se oponían a la consulta popular aprobada ayer, la conferencia episcopal pedía coherencia con los principios de la libertad religiosa (Cf. Zenit 11 de septiembre de 2009).

"Los minaretes, como los campanarios de las iglesias, son un signo de la presencia pública de una religión", recordaron entonces los obispos de Suiza.

"La prohibición general de construir minaretes haría más frágiles los esfuerzos necesarios para establecer una actitud de acogida recíproca, en el diálogo y respeto mutuo -adviertieron-. En esta materia, el miedo es mal consejero”.

Las Semanas Sociales de Francia reflexionan sobre la solidaridad

PARÍS, viernes 27 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).– La solidaridad es hoy una cuestión esencial porque la crisis económica actual acentúa la pobreza, afirmó Jérôme Vignon, presidente de las Semanas Sociales de Francia, que se celebraron del viernes al domingo pasados en París.

3.200 personas participaron en la 84 edición de las jornadas, que tenían como tema “nuevas solidaridades, nueva sociedad”.

Al concluir las sesiones, el presidente de las semanas quiso destacar el sentido mismo de la solidaridad según la doctrina social de la Iglesia.

Citó, como se hizo también de manera amplia durante las sesiones, la encíclica “Caritas in veritate” del Papa Benedicto XVI.

También recordó los fundamentos bíblico y cristiano de la solidaridad, citando al padre Etienne Grieu.

Este jesuita francés veía a través de la creatividad de los cristianos en el ámbito caritativo (la fundación de hospitales, de escuelas, de patronatos y más recientemente de centros de cuidados paliativos), “la llamada a ver en toda persona a un hermano, una hermana”, y el rechazo a “que algunos sean dejados de lado, despreciados o considerados como si no fueran nada”.

Como novedad para los asistentes habituales a las sesiones, destacó la participación de más de 200 “expertos”: personas en situación de pobreza.

No asistieron para dar testimonio, sino sobre todo para participar en los debates y recordar la realidad de los problemas a los que se enfrentan. E intervinieron principalmente en los talleres de la tarde del sábado.

“La economía solidaria”, “el derecho a un alojamiento para vivir juntos” y “las migraciones en debate” fueron algunos de los temas de debate que permitieron descubrir, durante esa tarde, los nuevos logros y las nuevas maneras de vivir la solidaridad.

Ya fuera entre generaciones, económica, local o internacional, pública, generada por el ámbito asociativo o individual, las diferentes maneras de vivir la fraternidad suscitaron un interés importante entre los participantes.

Las jornadas de estudio abordaron la cuestión de la definición de la pobreza y su aumento relativamente reciente tras un gran periodo de declive.

La solidaridad se presentó como una respuesta actual. El padre Etienne Grieu, jesuita, profesor de teología del Centro Sèvres de París, la presentó también en términos de alianza.

En referencia a los “intercambios calculados”, que son lo habitual actualmente en la sociedad, explicó que “en alianza, Dios sella un compromiso con un pueblo y su compromiso es sin condiciones previas”.

Este compromiso incluye un intercambio, a través de la Ley, pero su finalidad es ante todo “despertar una libertad”.

Actualizando este principio de alianza aplicado a la solidaridad, el padre Grieu explicó que en la relación con los más pobres es donde “hacemos una pequeña peregrinación a las fuentes de la verdadera vida, donde los creyentes pueden reconocer el don de Dios”.

Y por ello, esta relación se convierte, para los que la viven, en una verdadera experiencia espiritual.

Para concluir su presentación sobre el sentido que se le puede dar a la solidaridad, el jesuita evocó otro tema de la tradición cristiana: la diaconía.

Para él, se trata de un servicio verdadero, gratuito, sin buscar un provecho o un intercambio.

Y la imagen bíblica de la alianza pide otra. El presidente de las Semanas Sociales, Jérôme Vignon, utilizó, en efecto, en su discurso de clausura, la imagen de la levadura.

“La levadura en la masa es la imagen adecuada para expresar la presencia de los cristianos en el mundo”, dijo.

Y añadió que no se trata “de adoptar una postura moralista, sino una postura que nos haga entrar en la fuente generosa del don como fuente de liberación”.

Los diversos ejemplos prácticos que ilustraron las sesiones mostraron que, para los participantes, ésa es la manera de vivir la solidaridad, que es la fuente de su compromiso.

El año que viene, se abordará un tema relacionado con la solidaridad: la inmigración y la integración en una sociedad multicultural.

[Por Stéphane Lemessin, traducción del original francés por Patricia Navas]