CIUDAD DEL VATICANO, viernes 16 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- El príncipe Alberto II de Mónaco y Benedicto XVI constataron este viernes “la importancia de la defensa de la vida en todas sus fases”, informó la Oficina de Información de la Santa Sede.

El Papa recibió en audiencia en el Vaticano a Alberto de Mónaco, que seguidamente mantuvo un encuentro con el Secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, acompañado por el Secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti.

Además del tema de la vida, Benedicto XVI y Alberto de Mónaco conversaron también sobre otros “temas de interés común, como la importancia de una sólida formación cultural y moral de las jóvenes generaciones”.

“En el transcurso de los coloquios”, indica el comunicado de la Santa Sede, también evocaron “algunas cuestiones de actualidad internacional, como el desarrollo integral de los pueblos y la protección de los recursos naturales y del medio ambiente”.

Congreso de médicos católicos

Alberto II de Mónaco patrocina precisamente el segundo Congreso internacional de médicos católicos sobre células madre adultas, que se celebrará en el Principado de Mónaco del 26 al 28 del próximo mes de noviembre.

En su carta de bienvenida a los participantes de ese Congreso, el príncipe afirma que "los avances de la investigación sobre las células madre adultas y del cordón umbilical, que reclaman la atención de la comunidad internacional, ofrecen un importante punto de inflexión científico".

El congreso contará con la presencia del mismo príncipe de Mónaco y también de otras autoridades y expertos, entre ellos el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, monseñor Salvatore Fisichella.

El congreso está organizado por la Academia Pontificia para la Vida, la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos, la Fundación Jérôme Lejeune y el Comité Consultivo Bioético de Mónaco.

Inculturación de la fe y religión tradicional en África

ROMA, jueves 15 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- “El miedo y la incertidumbre caracterizan la vida de fe en muchas poblaciones africanas”: así lo afirma la Relatio post disceptationem de la II Asamblea para África del Sínodo de los Obispos en su apartado sobre el “sector socio-religioso” que analiza las relaciones entre fe y vida de los creyentes.

Miedo e incertidumbre, se afirma, producen desconfianza, autodefensa, agresividad así como el recurso a prácticas de magia y ocultismo o a intentar un sincretismo entre cristianismo y religión tradicional.

El tema de la compleja relación entre inculturación de la fe y religión tradicional fue retomado en la rueda de prensa celebrada ayer al clausurarse la primera fase de los trabajos del Sínodo.

“Venimos de lejos, estamos lejos y estamos yendo lejos: esta es la situación de la Iglesia en África”, afirmó el cardenal Njue, arzobispo de Nairobi y presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia, respondiendo a algunas preguntas de los periodistas.

“Si queremos ser cristianos – prosiguió Njue – no podemos elegir los valores según los que caminar”. Inculturación de la fe significa “discernor qué valores de la tradición cultural africana son compatibles con el cristianismo”.

Respecto al matrimonio, “nosotros animamos a los esposos – afirmó el cardenal Théodore-Adrien Sarr, arzobispo de Dakar (Senegal) y vicepresidente del Simposio de Conferencias episcopales de África y Madagascar (SECAM) – a celebrar el matrimonio religioso, pero pedimos que se tengan en cuenta sus prácticas tradicionales, como la ceremonia en casa del padre de la novia, y verificamos que se hayan realizado antes de que vengan a la Iglesia”.

De la misma forma, “les pedimos que celebren el matrimonio civil con el compromiso de elegir, en el acto del matrimonio, la monogamia y no la poligamia. En Senegal, de hecho, donde el código civil admite ambas, si se elige una opción ya no se puede cambiar”.

Otro aspecto afrontado es el de la persistencia de las prácticas esotéricas.

“La relación con el misterio – afirmó monseñor Manuel Antonio Mendes dos Santos, obispo de Sao Tomé y Príncipe – forma parte de la cultura africana. El ateísmo, por ejemplo, en esta perspectiva, no es comprensible para un africano”.

Desde este sentido del misterio es necesario distinguir “el esoterismo, a menudo como un medio para dar respuestas a personas frágiles que tienen problemas materiales o psicológicos”. Si “se comprende la fragilidad existencial, es necesario oponerse a la pretensión de aprovecharse de ella”. Todo esto, concluyó monseñor Mendes dos Santos, nos interpela como creyentes: “¿De qué manera presentar a Cristo como hombre nuevo cuya fuerza no está determinada por la magia?”.

[Por Chiara Santomiero, traducción por Inma Álvarez]