(ZENIT Noticias / Roma, 23.10.2026).- La Iglesia Católica ya no puede dar por sentado que los niños criados en familias cristianas permanecerán en la fe, ni que años de instrucción religiosa conducirán necesariamente a una relación duradera con Cristo. Este es el desafío central que plantea un nuevo documento del Vaticano, el cual aboga por una renovación de la evangelización, comenzando con un mensaje que la Iglesia considera antiguo y de urgente relevancia: el amor salvador de Jesucristo.
Publicado el 22 de octubre por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, «Venid a mí» examina la transmisión del cristianismo en medio de profundos cambios culturales, el debilitamiento de las tradiciones familiares y la creciente influencia de la tecnología digital. Sus ocho capítulos ofrecen reflexiones pastorales que invitan a profundizar en cómo la Iglesia puede llegar a quienes se han vuelto indiferentes a la religión y acompañar a quienes la descubren por primera vez.
El documento fue encargado bajo el pontificado del Papa Francisco y aprobado para su publicación por el Papa León XIV el 21 de agosto. Firmado por el Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio, y el Arzobispo Armando Matteo, su secretario doctrinal, se nutre de contribuciones de conferencias episcopales de todo el mundo, con la participación de aproximadamente el 70% de ellas, según una fuente. Su capítulo final incluye 13 testimonios anónimos de conversión recogidos en los cinco continentes.
El diagnóstico es preocupante. En sociedades que alguna vez fueron moldeadas por el cristianismo, la transmisión de la fe entre generaciones se ha debilitado hasta el punto de que ya no se puede dar por sentada. Algunos niños y adolescentes abandonan la Iglesia poco después de completar su iniciación sacramental o su educación católica. Otros llegan a la edad adulta con escasa conexión significativa con su bautismo o con las comunidades que alguna vez los formaron.
Para el Vaticano, esto no es simplemente un fracaso de la educación religiosa. Refleja una transformación más profunda en la forma en que las personas entienden la libertad, la identidad, la autoridad y las relaciones humanas. La familia sigue siendo indispensable, pero no puede cargar con la responsabilidad sola.
Venite ad Me reafirma que la familia es el primer y más esencial entorno en el que los niños se encuentran con la fe cristiana. Los padres no solo son responsables de la instrucción religiosa; su ejemplo, la oración y las decisiones cotidianas contribuyen a que la fe sea comprensible y creíble.
Sin embargo, el documento reconoce que esta transmisión se ha interrumpido en muchas partes del mundo. La práctica religiosa se considera cada vez más una preferencia privada en lugar de una herencia para compartir, mientras que el ideal de autonomía individual puede dejar poco espacio para las obligaciones con una comunidad o una tradición.
Las consecuencias son especialmente evidentes cuando los niños completan la catequesis pero no desarrollan una relación personal duradera con Cristo. Por lo tanto, el Vaticano argumenta que las parroquias deben ir más allá de un modelo pastoral centrado casi exclusivamente en niños y adolescentes. La evangelización también debe llegar a los adultos, incluidos los padres que quizás se hayan alejado de la Iglesia.
Este enfoque otorga una responsabilidad renovada a las comunidades católicas sin disminuir la importancia de la familia. Parroquias, escuelas y padres deben trabajar juntos para que la fe sea más que una serie de lecciones o hitos sacramentales.
El documento también identifica diferentes desafíos en distintos continentes: la secularización avanzada en algunas partes de Occidente, la dificultad de reconstruir la transmisión religiosa tras el ateísmo de Estado en Europa del Este, las prioridades educativas y profesionales contrapuestas en Asia, y la incompleta inculturación junto con el atractivo de los movimientos religiosos centrados en la prosperidad en África. Asimismo, reconoce la persecución y la violencia que amenazan a las comunidades cristianas en diversas regiones.
Estas realidades exigen diferentes respuestas pastorales, pero la pregunta subyacente es común: ¿cómo puede el Evangelio convertirse en una presencia viva en la vida de las personas, en lugar de un mero recuerdo cultural?
Volviendo al corazón del Evangelio
La respuesta que propone el dicasterio es un renovado énfasis en el kerygma: la primera y esencial proclamación de la fe cristiana. El término se refiere al anuncio de que Jesucristo murió y resucitó para la salvación de la humanidad y continúa ofreciendo su amor, misericordia y presencia transformadora.
Basándose en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco, el documento insiste en que esta proclamación no debe verse oscurecida por una comunicación repetitiva y autorreferencial ni por un lenguaje que no llegue al corazón de su audiencia.
Esta no es una propuesta para abandonar la doctrina católica ni las exigencias morales de la vida cristiana. Más bien, las fundamenta en el encuentro con Cristo. La doctrina, la catequesis y la enseñanza moral se vuelven más comprensibles cuando las personas entienden a la persona que está en el centro de la fe y la salvación que los cristianos creen que Él ofrece.
Por consiguiente, el dicasterio aboga por una renovación de la catequesis que combine una enseñanza clara con el encuentro personal, la escucha atenta y la participación en la vida de la Iglesia. Las comunidades cristianas deben establecer grupos regulares para leer, dialogar y orar con las Sagradas Escrituras, complementando la Misa dominical en lugar de tratarla como una obligación semanal aislada.
La liturgia misma ocupa un lugar central. Se describe no solo como una reunión religiosa, sino como una tradición viva a través de la cual los creyentes acceden a una historia de fe compartida y experimentan sacramentalmente el misterio de la salvación.
El arte, la belleza y la música también reciben especial atención. La música sacra, argumenta el documento, no es simplemente un adorno para el culto: puede comunicar la belleza de la Resurrección de maneras que las palabras por sí solas a veces no logran. La devoción popular, las peregrinaciones, las homilías bien preparadas y el servicio voluntario ofrecen oportunidades para acercarse a la Iglesia más allá de la instrucción formal.
El texto también aboga por mayores oportunidades para que las mujeres participen en el liderazgo y en las decisiones que afectan la vida eclesial, haciendo hincapié en el testimonio de santidad, la cercanía a los demás y la opción preferencial por los pobres.
Un renacimiento que necesita raíces
Esta advertencia llega en un momento en que algunas partes del mundo católico experimentan una renovación inesperada. En Francia, la conferencia episcopal ha informado de un aumento sustancial en los bautismos de adultos en 2026 en comparación con 2025. Las cifras citadas en los informes que acompañan al documento difieren, con aumentos del 26 % y el 28 % respectivamente; ambos informes apuntan a un notable incremento, particularmente entre los adultos jóvenes.
Muchos recién convertidos parecen haber encontrado el catolicismo a través de crisis personales, búsqueda espiritual o contacto con creyentes practicantes. Durante su visita a Francia en septiembre, el propio León XIV describió el renovado interés por el catolicismo como una gran señal de esperanza. La peregrinación a Chartres, estrechamente vinculada a la tradicional Misa en latín, también atrajo este año a aproximadamente 20.000 participantes, con una edad promedio de 22 años según los organizadores.
Estos acontecimientos sugieren que la secularización no ha extinguido el anhelo de trascendencia ni de pertenencia. Sin embargo, el Vaticano advierte que no se debe interpretar el aumento de bautismos como prueba de que la Iglesia ha superado sus dificultades.
La conversión es un comienzo, no una garantía de perseverancia. Sin relaciones personales, una sólida formación y una comunidad acogedora, los católicos recién bautizados podrían volver pronto a la indiferencia práctica. El reto no consiste simplemente en atraer a la gente a la iglesia, sino en ayudarles a construir una fe capaz de perdurar más allá del entusiasmo inicial.
Los testimonios del documento ilustran la diversidad de caminos posibles. Un relato describe a un colombiano que dejó las drogas y la vida de pandillas a través de un programa de rehabilitación cristiano; otro cuenta cómo un belga se conmovió con una oración que encontró en TikTok. Estas experiencias demuestran que las plataformas digitales pueden acercar a las personas a la fe, pero no pueden reemplazar las relaciones humanas ni la vida sacramental a través de las cuales esa fe madura. De hecho, el Vaticano advierte que la inteligencia artificial y la cultura digital representan un desafío tanto antropológico como tecnológico. La información en línea puede difundir contenido religioso a una escala sin precedentes, pero también puede fomentar una espiritualidad individualizada, moldeada en torno a preferencias personales y alejada de la enseñanza autorizada y la vida comunitaria.
Por lo tanto, la respuesta de la Iglesia no puede reducirse a mejorar su presencia en línea. Debe recuperar la capacidad de forjar relaciones, ofrecer un testimonio creíble y acompañar a las personas a lo largo del tiempo.
Venite ad Me pretende servir como punto de partida para una mayor reflexión teológica, incluyendo el trabajo de la Comisión Teológica Internacional durante los próximos cinco años sobre enfoques culturales para la transmisión de la fe. Sin embargo, su mensaje central ya es claro: el cristianismo no se transmitirá simplemente porque las iglesias permanezcan abiertas, las escuelas enseñen religión o las familias conserven una identidad cristiana en el papel.
La tarea consiste en hacer que el Evangelio sea reconocible como una verdad viva: en las familias, las parroquias, el culto y el servicio a los necesitados. El creciente número de conversiones ofrece motivos genuinos para la esperanza, pero la medida decisiva de la renovación será si quienes descubren a Cristo encuentran una comunidad capaz de ayudarlos a permanecer con él.
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