(ZENIT Noticias / Roma, 27.01.2026).- Una encuesta interna a empleados ha generado recientemente debate en el Vaticano, planteando dudas sobre la confianza en el entorno laboral, la transparencia y presuntos casos de acoso. Sin embargo, las autoridades laborales del Vaticano rechazan la idea de un descontento generalizado, insistiendo en que el clima general entre los empleados de la Santa Sede sigue siendo mayoritariamente positivo y que el diálogo, y no la confrontación, es el camino a seguir.
La controversia comenzó con un cuestionario distribuido por la Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV), que recogió las respuestas de unas 250 personas. Aproximadamente el 80 % de los encuestados pertenece a la asociación. Los resultados apuntaron a malestar en ciertos departamentos, incluyendo la percepción de opacidad en las prácticas de gestión y denuncias de comportamiento degradante por parte de algunos supervisores.
Sin embargo, en términos absolutos, la muestra representa una pequeña fracción de la plantilla del Vaticano. La Santa Sede emplea a unas 4200 personas, cifra que supera las 6000 si se incluyen los jubilados. La mayoría de los trabajadores no son miembros de la ADLV.
En declaraciones a Vatican News, Monseñor Marco Sprizzi, presidente de la Oficina de Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA), organismo responsable de regular las relaciones laborales en las instituciones vaticanas, intentó poner la encuesta en perspectiva.
“No veo un descontento generalizado”, declaró, señalando que los encuestados representan menos del cinco por ciento de los empleados. Aun así, Sprizzi enfatizó que incluso una sola queja merece atención. “Nuestras puertas siempre están abiertas”, insistió. “Escuchamos a todos. Somos una estructura de diálogo”.
La ULSA desempeña un papel único dentro de la Curia Romana. A diferencia de los ministerios laborales en los estados laicos, opera en el marco de la doctrina social católica, equilibrando las normas legales con la visión moral de la Iglesia del trabajo como participación en la dignidad humana y el bien común.
Esta misión se vio reforzada recientemente cuando el Papa León XIV aprobó los nuevos estatutos de la oficina en diciembre, fortaleciendo su mandato de promover la unidad, la representación y los derechos de los trabajadores. Según Sprizzi, remar «en la misma dirección» no significa debilitar las protecciones, sino fortalecerlas mediante la confianza mutua.
También destacó la cooperación continua con la ADLV, describiendo sus intercambios como «frecuentes y constructivos». Se han establecido grupos de trabajo técnicos y comisiones conjuntas para abordar problemas específicos. El objetivo, afirmó, es encontrar soluciones prácticas que beneficien tanto a los empleados como a la Santa Sede, que «no puede aceptar situaciones de desigualdad o injusticia dentro de sus propios muros».
Si bien reconoció áreas que aún necesitan mejoras, en particular una mayor adecuación salarial a las responsabilidades, Sprizzi defendió la trayectoria reciente del Vaticano. Durante la pandemia de COVID-19, ningún empleado del Vaticano fue despedido ni se le redujeron los salarios, a pesar de las graves dificultades financieras que enfrenta la Santa Sede.
También destacó iniciativas orientadas a la familia, como una guardería y campamentos de verano para los hijos de los empleados, así como las recientes medidas del Papa León XIV para mejorar la accesibilidad para las personas con discapacidad.
En cuanto a las referencias de la encuesta al acoso laboral, Sprizzi afirmó no tener conocimiento directo de ningún caso de este tipo. Subrayó que existen vías legales para denunciar abusos y añadió que, de surgir denuncias fundamentadas, «el propio Santo Padre sería el primero en intervenir».
“Hay una diferencia entre rumores y hechos verificados”, comentó, recordando que la preocupación de la Iglesia por la justicia en las relaciones laborales se remonta al menos a la emblemática encíclica Rerum novarum de León XIII de 1891, que sentó las bases de la doctrina social católica moderna.
Más allá de las políticas y los procedimientos, Sprizzi enmarcó el enfoque del Vaticano en términos espirituales. Los empleados de la Santa Sede, dijo, comparten una misión común.
“Somos como una orquesta”, explicó. “Cada instrumento debe contribuir a la armonía”.
Conectó esta visión con lo que el Papa León XIV suele describir como sinodalidad: una cultura de escucha, participación y responsabilidad compartida dentro de la Iglesia. Con ese espíritu, ULSA busca profundizar el diálogo con los trabajadores, tanto individualmente como a través de sus asociaciones, a la vez que sirve de puente con los empleadores del Vaticano.
El objetivo final, concluyó Sprizzi, es un ambiente laboral configurado no por el conflicto sino por la comunión, donde las conversaciones sean “cada vez más constructivas y serenas”, guiadas por el Evangelio y el magisterio social de la Iglesia, y fundamentadas en un respeto concreto por los derechos de los trabajadores.
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