(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 29.01.2026).- Los rumores de capuchinos con vista panorámica al Vaticano han quedado oficialmente zanjados.
El jueves 29 de enero, la Oficina de Comunicación de la Basílica de San Pedro actuó con rapidez para aclarar las informaciones que circulaban en algunos medios de comunicación, que sugerían la inminente apertura de un bistró o restaurante en la terraza sobre la Basílica. El mensaje del Vaticano fue inequívoco: no se está preparando ningún bistró en la azotea.
Lo que se está planeando es algo mucho más modesto y con una intención pastoral.
Según el equipo de comunicación de la Basílica, el proyecto en estudio se centra en ampliar la zona de la terraza accesible a peregrinos y visitantes. El objetivo es práctico: gestionar mejor el creciente flujo de personas que pasan por San Pedro cada día y reducir la congestión dentro de la Basílica.
Como parte de esta reorganización más amplia, se está considerando ampliar el pequeño punto de refrigerio que ya existe en la terraza. Esto no equivaldría a un restaurante ni a una cafetería de moda, sino a una discreta extensión de las instalaciones actuales, diseñada con un estilo sobrio acorde con el carácter sagrado del lugar.
La preocupación subyacente, enfatizan fuentes vaticanas, no es la oportunidad comercial, sino el control de multitudes y, en última instancia, un ambiente de oración.
La Basílica de San Pedro recibe millones de visitantes anualmente, lo que la convierte en uno de los lugares religiosos más concurridos del planeta. Durante la temporada alta y los principales eventos litúrgicos, los espacios interiores pueden saturarse, lo que a veces dificulta la reflexión en silencio. Al aumentar la superficie útil de la terraza, los administradores esperan distribuir a los visitantes de manera más uniforme y crear condiciones más propicias para el recogimiento dentro de la Basílica.
“En esta perspectiva”, explica el comunicado, se podrían adaptar áreas seleccionadas de la terraza para incluir una versión ampliada de la cafetería existente, siempre con especial atención a la simplicidad, el decoro y el respeto por la importancia espiritual del lugar.
Esta aclaración también sirve para trazar una línea clara entre la hospitalidad y la comercialización. Los funcionarios del Vaticano insisten en que cualquier mejora de los servicios debe ser secundaria a la identidad principal de la Basílica como lugar de culto, no como complejo turístico.
En resumen: nada de elegantes cenas en azoteas con vistas al horizonte de Roma, solo un ajuste práctico para acoger mejor a los peregrinos, preservando al mismo tiempo el espíritu contemplativo de la iglesia más emblemática del cristianismo.
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