(ZENIT Noticias – Terra Santa Net / Jerusalén, 08.10.2026).- Un sitio histórico y natural a pocos pasos de la Ciudad Vieja de Jerusalén, que incluye el Cementerio y la Piscina de Mamilla, vuelve a estar en el centro de la polémica. El proyecto de renovación de la gran piscina amenaza tanto la piscina como el cementerio, que alberga tumbas de principios del período islámico, santuarios sufíes y enterramientos mamelucos. Se trata de un lugar que ya ha sufrido décadas de devastación.
El nombre «Mamilla» se refiere ahora a toda una zona de la ciudad. En las épocas bizantina e islámica, el nombre también pertenecía a una iglesia dedicada a Santa Mamilla, pero su origen y significado siguen siendo inciertos. En 614, durante la invasión persa, tuvo lugar aquí una masacre. Durante gran parte de los siglos de dominio islámico sobre Jerusalén, que comenzó en 638 y solo se interrumpió durante el período de las Cruzadas, Mamilla fue el principal cementerio musulmán de la ciudad. Emirs, muftíes, místicos sufíes, soldados de Saladino y el jeque Ahmad al-Dajani, alto funcionario de Solimán el Magnífico, fueron enterrados allí. Se utilizó de forma continua hasta 1927.
La piscina se encuentra aproximadamente a 650 metros al noroeste de la Puerta de Jaffa, mide 65 por 97 metros y contiene más de 30.000 metros cúbicos de agua. Un canal subterráneo la conecta con la Piscina de Ezequías, en el Barrio Cristiano de la Ciudad Vieja, y posiblemente también se alimentaba del Acueducto Superior de las Piscinas de Salomón. Ya en el siglo V, abastecía los baños públicos cerca de la Puerta de Jaffa. Los cruzados la recubrieron con piedra nueva; en la época otomana, los residentes aún descendían de ella para recoger agua. Durante el Mandato Británico, se instalaron bombas modernas, pero en la década de 1960, la piscina era simplemente una cuenca de recogida de agua de lluvia. Es el único estanque estacional de Jerusalén y también el único de Israel situado dentro de un recinto cerrado.
Erosión que dura décadas. Parte del cementerio ha quedado sepultada bajo el Parque de la Independencia (creado en 1958 para conmemorar el décimo aniversario del Estado de Israel), carreteras y aparcamientos. Durante trabajos recientes, los obreros descubrieron restos humanos, como muestran las fotografías obtenidas por el periódico Haaretz: una confirmación de lo que la población palestina lleva años denunciando.
El punto culminante de esta intrusión progresiva fue el Museo de la Tolerancia. En la década de 1960, el alcalde de Jerusalén consiguió que un cadí (magistrado de la época otomana) declarara parte del área no sagrada, allanando el camino para el parque. Le siguieron la construcción, un aparcamiento y la infraestructura, sin grandes protestas por parte de la ahora reducida comunidad musulmana de Jerusalén Oeste. El museo, diseñado por Frank Gehry con más de 200 millones de dólares recaudados principalmente de donantes estadounidenses a través del Centro Simon Wiesenthal, dio lugar a una excavación de rescate en 2005.
Alrededor de mil enterramientos en cinco capas, desde la época ayubí hasta la era moderna, emergieron junto con restos de la Edad del Hierro y un acueducto. Una petición musulmana detuvo brevemente las obras, pero en 2008 los tribunales, incluido el Tribunal Supremo, la rechazaron. Solo entre el 30 y el 40 por ciento de las tumbas fueron excavadas metódicamente, mientras que la mayoría fueron desmanteladas y retiradas. El museo abrió sus puertas en 2019.
El proyecto actual
Durante varios meses, la piscina ha permanecido oculta tras una alta valla cubierta de imágenes: un cuerpo de agua rodeado de césped impecablemente cuidado. Ni siquiera el vídeo promocional muestra las tumbas. Tras años de intentos fallidos, el municipio ha decidido restaurar la estructura, con más de 1500 años de antigüedad, y afirma que la importancia de la piscina radica en la historia del sistema de abastecimiento de agua de Jerusalén.
Sin embargo, según informa Haaretz, el proyecto eliminaría la piscina invernal que se forma en el lugar y corre el riesgo de dañar innumerables tumbas. Benjamin Netanyahu, quien visitó el sitio en 2025, alentó al alcalde Moshe Lion. Según el sitio web de noticias sionistas religiosos Arutz Sheva, el ministro de Patrimonio, el rabino Amichai Eliyahu, la califica de «atracción turística de patrimonio mundial» y una oportunidad para fortalecer los lazos con la identidad histórica y espiritual del pueblo judío.
La resistencia al proyecto proviene de dos frentes. Activistas del grupo Jerusalén Libre han protestado tanto por el daño al pequeño ecosistema natural creado en la cuenca hidrográfica como, sobre todo, por el daño adicional al cementerio: «Este es un tema extremadamente delicado en lo que respecta al patrimonio palestino y musulmán de Jerusalén. El cementerio ha sido objeto de abusos durante cien años por parte de diversas entidades, y dado que se trata de un patrón recurrente, nos preocupa que el plan no contemple su excavación», declararon a Haaretz.
Para otros críticos, residentes musulmanes de Jerusalén, la transformación del cementerio en un «parque urbano central de fácil acceso» es un ejemplo de «embellecimiento colonial», como informó Al Jazeera el 20 de mayo. El espacio está siendo remodelado externamente, pero despojado de su contexto árabe-islámico e integrado al paisaje turístico israelí.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




