El Santo Padre: es mejor acabar a puños que el terrorismo del chisme

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Francisco se reúne con los participantes de la Asamblea nacional de la Conferencia Italiana de Superiores Mayores

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En repetidas ocasiones el papa Francisco ha advertido sobre el daño y el mal que hacen los chismorreos, el hablar a las espaldas de los demás. Esta mañana lo ha subrayado de nuevo añadiendo que es mejor acabar a puños que caer en el terrorismo de los chismorreos.

Así lo ha indicado el Santo Padre durante una audiencia con los participantes de la 54ª Asamblea nacional de la Conferencia Italiana de Superiores Mayores sobre el tema «misión de la Iglesia y vida consagrada a la luz de la Evangelii gaudium». Durante su discurso, el Pontífice ha compartido con los presentes algunos puntos de referencia «para el camino»: atracción y no proselitismo, descentrarse para poner en el centro a Cristo y vida fraterna.

En primer lugar, el Papa ha destacado que «la vida religiosa ayuda, pero ayuda principalmente la Iglesia a realizar esa ‘atracción’ que hace crecer, porque delante del testimonio de un hermano o de una hermana que vive verdaderamente la vida religiosa, la gente se pregunta ‘¿qué hay aquí?’ ‘¿qué empuja a esta persona más allá del horizonte mundano?'». Según Francisco, esta es la primer cosa: «ayudar a la Iglesia a crecer por el camino de atracción. Sin preocuparse de hacer proselitismo: ¡atracción!»

Recordando el Evangelio de este miércoles, el Santo Padre ha señalado que renunciar a las posesiones para ser discípulo de Jesús es una decisión, en distintos modos, que se pide a todo cristiano. «Pero nosotros los religiosos somos llamados a dar un testimonio de profecía. El testimonio de una vida evangélica es lo que distingue al discípulo misionero y en particular quien sigue al Señor en el camino de la vida consagrada. Y el testimonio profético coincide con la santidad», ha explicado el Pontífice.

Pero, ha precisado que «la verdadera profecía no es nunca ideológica, no es un enfrentamiento con la institución: es institución». «¡La profecía es institucional!», ha exclamado. A propósito ha señalado que, la verdadera profecía no es ideología, no está a la moda, sino que siempre es un signo de contradicción según el Evangelio, así como lo era Jesús. «Jesús, por ejemplo, fue un signo de contradicción para las autoridades religiosas de su tiempo: jefes de los fariseos y de los saduceos, doctores de la ley. Y lo fue también para otras opciones y propuestas: esenios, celotes, etc. Signo de contradicción», ha recordado.

Por otro lado, el Papa también ha retomado unas palabras del presidente de la Conferencia Italiana de religiosos -pronunciadas al incio del encuentro- en las que ha dicho que «no queremos combatir batallas en la retaguardia, en la defensa, sino mezclarnos entre la gente» en la certeza de la fe que Dios siempre hace germinar y madurar su Reino. El Pontífice ha observado que esto no es fácil ni se da por descontado, «requiere conversión, requiere sobre todo oración y adoración». Y requiere conversión -ha añadido- con el pueblo santo de Dios que vive en las periferias de la historia. Al respecto ha indicado que «cada carisma, para vivir y ser fecundo, está llamado a descentrarse, para que al centro está solo Jesucristo». 

Además, el Santo Padre ha señalado que un signo claro que la vida religiosa está llamada a dar hoy es la vida fraterna. Por eso, el Papa ha pedido a los presentes que entre ellos «no haya el terrorismo del chismorreo». Así, ha propuesto que cuando tienes algo contra un hermano, hay que decirlo a la cara. «Algunas veces terminarás a puños, no es un problema: es mejor esto que el terrorismo del chismorreo», ha observado Francisco.

También ha querido recordar que hoy la cultura dominante es individualista, centrada en los derechos subjetivos. «Es una cultura que corroe la sociedad a partir de su célula primaria que es la familia», ha afirmado. Por eso el Papa ha señalado que «la vida consagrada puede ayudar a la Iglesia y a toda la sociedad dando testimonio de fraternidad, que es posible vivir juntos como hermanos en la diversidad». Y es que -como ha recordado el Santo Padre- en la comunidad no se elige antes, se encuentran personas diferentes por carácter, edad, formación, sensibilidad… y aún así se trata de vivir como hermanos. «Muchas veces uno se equivoca, porque todos somos pecadores, pero si reconoce haberse equivocado, se pide perdón y se ofrece el perdón». Este gesto hace bien a la Iglesia porque hace circular en el cuerpo de la Iglesia la savia de la fraternidad, ha subrayado el Pontífice.

Esta fraternidad, ha advertido, presupone la paternidad de Dios y la maternidad de la Iglesia y de la Madre, la Virgen María. A propósito, Fracisco ha recomendado oración, eucaristía, adoración y rosario para meternos de nuevo cada día en esta relación. Y así se renueva cada día nuestro «estar» con Cristo y en Cristo, y nos metemos en la relación auténtica con el Padre, con la Madre Iglesia y la Madre María. «Si nuestra vida se coloca siempre nuevamente en estas relaciones fundamentales, entonces somos capaces de realizar una fraternidad auténtica, una fraternidad testimonial, que atrae», ha concluido el Papa.

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Staff Reporter

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