Reunión del Papa con la Sociedad de San Pablo. Foto: Vatican Media

Contra la comunicación sucia y que indigesta, Papa anima a una comunicación limpia, clara y sencilla

Con el ejemplo de Caperucita y el lobo, Papa habla de comunicación y alerta del peligro de transformar la realidad.

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(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 18.06.2022).- Tres días después de haber elegido a un nuevo superior general (el P. Domenico Soliman), los padres de la Sociedad de San Pablo (paulistas o paulinos) fueron recibidos por el Papa en audiencia en el contexto de su Capítulo General que se celebra en Roma. El discurso que tenía preparado el Papa fue dejado de lado y a cambio el Papa dijo las siguientes palabras sin papeles:

***

Gracias por sus palabras, gracias por su visita, ¡gracias!

Este es el discurso que tengo que decir… Pero para qué perder el tiempo diciendo esto si luego lo leerás, ¿no? Me pareció mejor dárselo al General, que luego lo dé a conocer -si lo considera oportuno; si no, ¡que lo censure! Además, me parece que comunicarse así, fraternalmente, con el calor de un encuentro, es mejor que la frialdad de un discurso.

Y ustedes son apóstoles de la comunicación. Podemos hablar mucho de la teología de la comunicación… La pasión de Dios es comunicarse, siempre se comunica: con el Hijo en el Espíritu, y luego a nosotros. Comunicar es más que una profesión: es una vocación. Y esto es lo que el P. Alberione ha querido subrayar en las diversas familias -llamadas- paulinas, esto de comunicar. Comunicar de forma limpia. Y ustedes tienen la vocación de comunicar limpiamente, evangélicamenteSi tomamos los medios de comunicación actuales: hay una falta de limpieza, una falta de honestidad, una falta de integridad. La desinformación está a la orden del día: se dice una cosa pero se ocultan muchas otras. Debemos procurar que en nuestra comunicación de la fe no ocurra esto, que no ocurra, que la comunicación venga precisamente de la vocación, del Evangelio, nítida, clara, testimoniada con la vida.

No sólo para comunicar, sino también para redimir la comunicación del estado en que se encuentra hoy, en manos de todo un mundo de la comunicación que o bien dice la mitad, o bien una parte calumnia a la otra, o bien una parte en la bandeja ofrece escándalos porque a la gente le gusta comer escándalos, es decir, comer porquería. ¿No es cierto? Lo es. La comunicación, esa relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que está en el signo de la Trinidad, se convierte en esta comida indigesta, sucia, inmunda. Su vocación es que la comunicación sea limpia, clara, sencilla. No lo descuides, es muy importante.

No es una profesión. Sí, hay comunicadores profesionales entre ustedes, eso está bien; pero antes que la profesión, es una vocación, y la vocación te da identidad. Tomo tu identidad de tu vocación, es decir, Dios te llama a ella. No me importa cómo te llamabas antes de que yo te llamara. Él te llama, tú tienes tu identidad. Esa oración de David, esa conciencia profética: «Fuiste tomado del rebaño», de ahí; tu identidad no viene tanto del rebaño como de la llamada que te sacó del rebaño. No te olvides del rebaño, no dejes que los ‘humos’ vengan a llenarte la cabeza porque eres uno de los importantes, has llegado a monseñor, a cardenal… Nada, no, eso no sirve. Lo que se necesita es limpieza, de ahí vengo, de la realidad. Y Dios se comunica siempre en la realidad: procurad que vuestra vida sea precisamente la comunicación de vuestra vocación, que ninguno de vosotros tenga que ocultar su identidad vocacional. Lo primero que comunica un comunicador es a sí mismo, sin quererlo, quizás, pero es él mismo. «Este habla de este tema…», pero lo importante es cómo habla: claro, transparente; es él mismo quien habla. Esto es originalidad. En este sentido, los comunicadores son «poetas». Es la «poesía» de comunicar bien.

Adelante con la comunicación limpia: incluso en el Capítulo, comuníquense bien entre ustedes. Siempre hay dificultades para comunicar bien, y en la comunicación también hay siempre algún peligro de transformar la realidad. Uno cuenta esto, uno comunica esto al otro, uno comunica aquello al otro, y el otro, y cuando vuelve, es como Caperucita Roja, que empieza con el lobo queriendo comerse a Caperucita y termina con Caperucita y la abuela comiéndose al lobo. ¡No, no va! La mala comunicación distorsiona la realidad.

Gracias por la vocación de comunicar en la Iglesia. Ponte a ello: la Iglesia lo necesita. Se los agradezco mucho. ¡Ánimo y adelante! Rezad unos por otros. La unidad de la Congregación será vuestra fuerza para comunicaros bien. Y recen también por mí: pido una limosna, así que seguimos adelante. Muy bien. Gracias.

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Redacción zenit

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