Hu Zimo
(ZENIT Noticias – Bitter Winter / Beijing, 17.01.2026).- En un país donde antes el Estado multaba por tener un segundo hijo, ahora te implora por tener un tercero. Bienvenidos al último capítulo del drama demográfico de China, donde el gobierno ha pasado del control demográfico al pánico poblacional.
A partir de 2026, los partos en China estarán exentos de gastos de bolsillo, un cambio de política que parece generoso hasta que uno se da cuenta de que es un intento desesperado por revertir el colapso de la natalidad provocado por el propio Pekín. Mientras tanto, los gobiernos locales están invirtiendo grandes cantidades en la fertilización in vitro (FIV), ofreciendo subvenciones de hasta 10.000 yuanes para la FIV y 3.000 yuanes para la inseminación artificial. Si se reproducen, el Partido pagará.
Por último, a partir del 1 de enero de 2026, los condones y anticonceptivos pasarán a estar gravados con una tasa de IVA del 13%, revirtiendo la exención anterior que estaba vigente desde que China implementó el IVA a nivel nacional en 1993.
Medidas similares no funcionaron en el pasado, ya que el problema ahora es psicológico. Tras cuatro décadas de la política del hijo único, la población china ha interiorizado una visión del mundo donde los hijos son costosos, inconvenientes y, sobre todo, opcionales. La política redujo las familias y la imaginación. Enseñó a generaciones enteras a ver a los hermanos como un lujo y a la paternidad como una carga. Ahora, el mismo estado que antaño celebraba las esterilizaciones y los abortos intenta vender el parto como un deber patriótico.
La paradoja es fácil de ver. El Partido que una vez se jactó de su capacidad para diseñar la sociedad ahora se ve incapaz de reprogramar la misma mentalidad que creó. Las clínicas de fertilidad se están expandiendo, sí, pero también lo hacen las preocupaciones sobre la vivienda, la educación y la seguridad laboral. Los subsidios para la FIV están aumentando, pero el costo de criar a un hijo sigue siendo astronómico. Y aunque el parto puede ser gratuito, la crianza de los hijos es todo lo contrario.
Los demógrafos advierten que es improbable que estas medidas funcionen. La tasa de fertilidad de China lleva años disminuyendo, y la población comenzó a disminuir en 2022. El reciente repunte de los nacimientos, atribuido al auspicioso Año del Dragón, es un pequeño detalle estadístico, no una tendencia. El problema de fondo es cultural: una sociedad a la que se le ha enseñado a temer a los niños no puede ser sobornada para que los ame.
A menos que el Partido asuma su propio papel en esta catástrofe —a menos que admita que la política del hijo único fue un acto suicida de ingeniería social—, ningún subsidio restaurará la familia como una institución significativa. Pero tal reconocimiento requeriría humildad ideológica, y esa no es una cualidad por la que se distinga al Partido Comunista Chino.
Así, el Estado seguirá subvencionando embriones, ignorando las realidades emocionales y económicas de la paternidad. Ofrecerá partos gratuitos, pero se negará a ofrecer libertad de pensamiento. Y la gente, cansada de eslóganes y recelosa de incentivos, seguirá eligiendo la vida que desea, silenciosamente, con cautela y, a menudo, sin hijos.
Traducción del original en lengua inglesa bajo responsabilidad del director editorial de ZENIT.
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