l Papa León XIV recibió en audiencia a nutrido grupo de miembros del Camino Neocatecumenal Foto: Vatican Media

“Vivir su espiritualidad sin separarse nunca del resto del cuerpo eclesial”: Papa León XIV encuentra al Camino Neocatecumenal

Palabras del Papa a miembros del Camino Neocatecumenal

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(ZENIT Noticias / Roma, 19.01.2026).- En el Aula de las Bendiciones de la Basílica Vaticana el Papa León XIV recibió en audiencia a nutrido grupo de miembros del Camino Neocatecumenal. En el encuentro estuvieron presentes dos de los iniciadores: Kiko Argüello y el Padre Mario Pezzi. El Camino Neocatecumenal es un proceso de formación dentro de la Iglesia católica que nació en España en la década de 1960 gracias a Kiko Argüello y Carmen Hernández (difunta y en proceso de beatificación). Está organizado en grupos pequeños que recorren un camino para profundizar en el sentido del Bautismo y crecer constantemente en la fe. Hoy en día, este movimiento se ha extendido por 139 países y reúne más de 20.000 comunidades en todo el mundo.

***

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con ustedes!

Queridos hermanos y hermanas,

cari fratelli e sorelle, ¡buenos días y bienvenidos!

Me alegra encontrarles tan numerosos. Saludo a los miembros del Equipo internacional del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, María Ascensión Romero y don Mario Pezzi, así como a los Obispos y sacerdotes que los acompañan.

Un pensamiento especial va para las familias aquí presentes, expresión de su anhelo misionero y de ese deseo que debe animar siempre a toda la Iglesia: anunciar el Evangelio al mundo entero, para que todos puedan conocer a Cristo.

Precisamente este deseo ha animado siempre y continúa alimentando la vida del Camino Neocatecumenal, su carisma y las obras de evangelización y catequesis que representan una valiosa contribución para la vida de la Iglesia. A todos, especialmente a quienes se han alejado o a aquellos cuya fe se ha debilitado, ustedes ofrecen la posibilidad de un itinerario espiritual a través del cual redescubrir el significado del Bautismo, para que puedan reconocer el don de gracia recibido y, por ello, la llamada a ser discípulos del Señor y sus testigos en el mundo.

Animados por este espíritu, han encendido el fuego del Evangelio allí donde parecía apagarse y han acompañado a muchas personas y comunidades cristianas, despertándolas a la alegría de la fe, ayudándolas a redescubrir la belleza de conocer a Jesús y favoreciendo su crecimiento espiritual y su compromiso de testimonio.

En particular, además de los formadores y catequistas, deseo expresar mi gratitud a las familias que, acogiendo el impulso interior del Espíritu, dejan las seguridades de la vida ordinaria y parten en misión, incluso a territorios lejanos y difíciles, con el único deseo de anunciar el Evangelio y ser testigos del amor de Dios. De este modo, los equipos itinerantes compuestos por familias, catequistas y sacerdotes participan en la misión evangelizadora de toda la Iglesia y, como afirmaba el Papa Francisco, contribuyen a “despertar” la fe de los «no cristianos que nunca han oído hablar de Jesucristo», pero también de tantos bautizados que, aun siendo cristianos, «han olvidado […] quién es Jesucristo» (Discurso a los adherentes al Camino Neocatecumenal, 6 de marzo de 2015).

Vivir la experiencia del Camino Neocatecumenal y llevar adelante la misión exige también, de parte de ustedes, una vigilancia interior y una sabia capacidad crítica, para discernir algunos riesgos que siempre acechan en la vida espiritual y eclesial.

Ustedes proponen a todos un camino de redescubrimiento del Bautismo, y este Sacramento, como sabemos, al unirnos a Cristo, nos hace miembros vivos de su cuerpo, su único pueblo, su única familia. Debemos recordar siempre que somos Iglesia y que, si el Espíritu concede a cada uno una manifestación particular, esta es dada —como nos recuerda el apóstol Pablo— «para el bien común» (1 Cor 12,7) y por tanto para la misión misma de la Iglesia. Los carismas deben estar siempre al servicio del Reino de Dios y de la única Iglesia de Cristo, en la cual ningún don de Dios es más importante que otro —excepto la caridad, que los perfecciona y armoniza a todos— y ningún ministerio debe convertirse en motivo para sentirse superior a los hermanos o para excluir a quienes piensan de manera diferente.

Por eso los invito también a ustedes, que han encontrado al Señor y viven su seguimiento en el Camino Neocatecumenal, a ser testigos de esta unidad. Su misión es particular, pero no exclusiva; su carisma es específico, pero da fruto en la comunión con los demás dones presentes en la vida de la Iglesia; el bien que hacen es grande, pero su finalidad es permitir que las personas conozcan a Cristo, respetando siempre el camino de vida y la conciencia de cada uno.

Como custodios de esta unidad en el Espíritu, los exhorto a vivir su espiritualidad sin separarse nunca del resto del cuerpo eclesial, como parte viva de la pastoral ordinaria de las parroquias y de sus diversas realidades, en plena comunión con los hermanos y en particular con los presbíteros y los Obispos. Sigan adelante con alegría y humildad, sin cerrarse, como constructores y testigos de comunión.

La Iglesia los acompaña, los sostiene y les agradece por lo que hacen. Al mismo tiempo, recuerda a todos que «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Cor 3,17). Por eso el anuncio del Evangelio, la catequesis y las diversas formas de acción pastoral deben estar siempre libres de formas de coacción, rigidez y moralismos, para que no suceda que susciten sentimientos de culpa y temores en lugar de una liberación interior.

Queridísimos, les agradezco por su compromiso, por su gozoso testimonio, por el servicio que realizan en la Iglesia y en el mundo. Los animo a continuar con entusiasmo y los bendigo, mientras invoco sobre ustedes la intercesión de la Virgen María para que los acompañe y los custodie. ¡Gracias!

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Redacción Zenit

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