León XIV define el deporte como un lenguaje humano compartido

La visión de León XIV del deporte en una carta a propósito de las olimpiadas de invierno

Una sección particularmente aguda de la carta aborda el desequilibrio entre el deporte de élite y la actividad de base. Si bien reconoce la competición profesional como una expresión legítima del deporte —con la atención mediática y el reconocimiento público—, León XIV advierte contra el descuido del deporte amateur y comunitario

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(ZENIT Noticias / Roma, 10.02.2026).- El 6 de febrero, pocas horas antes de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno, el Papa León XIV publicó una carta con un título intencionadamente expansivo —Vida en Abundancia—, en la que exponía una visión del deporte que va mucho más allá de la competición, el espectáculo o el prestigio nacional.

La coincidencia no fue casual. Los XXVI Juegos Olímpicos de Invierno, celebrados del 6 al 22 de febrero, seguidos de los XIV Juegos Paralímpicos de Invierno del 6 al 15 de marzo, ofrecen uno de los pocos momentos en que el mundo se detiene a contemplar el mismo evento. Para el Papa, esta convergencia no es meramente atlética, sino cultural y moral: un foro contemporáneo donde la humanidad revela tanto sus aspiraciones como sus contradicciones.

Dirigiéndose a los atletas reunidos en Milán y Cortina d’Ampezzo, León XIV define el deporte como un lenguaje humano compartido, más que como una actividad especializada de élite. El ejercicio físico, escribe, es accesible para todos y beneficioso no solo para el cuerpo sino también para la vida interior, capaz de expresar algo universal sobre la propia condición humana. El deporte, en esta lectura, se convierte en un espejo donde la sociedad puede reconocer lo que valora y lo que corre el riesgo de perder.

Gran parte de la carta se estructura en torno a una serie de tensiones, más que en ideales abstractos. El deporte puede educar, pero también puede deformar. Puede unir a los pueblos o ser instrumentalizado para dividirlos. Puede cultivar la disciplina y la fraternidad, o reducirse al puro rendimiento y lucro. León XIV explora estos contrastes al reflexionar sobre el deporte como constructor de paz, camino formativo para los jóvenes, escuela de vida e incluso un areópago moderno: un espacio donde los valores se debaten y se transmiten públicamente.

La paz ocupa un lugar central en las reflexiones del Papa. Recordando cómo pontificados anteriores se involucraron con el movimiento olímpico, León XIV sitúa su mensaje en una larga tradición papal que considera el deporte como un posible antídoto contra la violencia y el conflicto. Reconoce explícitamente los renovados llamamientos a una Tregua Olímpica promovidos en los últimos años por el Comité Olímpico Internacional y respaldados por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El llamamiento se enmarca en un diagnóstico crudo del momento actual. En un mundo marcado por el abuso de poder, las demostraciones de fuerza y ​​un creciente desprecio por el estado de derecho, el Papa argumenta que las herramientas simbólicas siguen siendo importantes. La Tregua Olímpica, sugiere, sigue siendo una señal frágil pero significativa; no una solución política, sino un recordatorio moral de que la confrontación no es la única opción para la humanidad. Con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno y los Juegos Paralímpicos, insta a las naciones a redescubrir esta tradición como signo de esperanza y promesa, aunque imperfecta, de reconciliación.

La carta también se centra en el interior, desafiando a la Iglesia Católica a tomar el deporte en serio como un ámbito de responsabilidad pastoral. León XIV insiste en que la presencia de la Iglesia en el deporte no puede limitarse a gestos ceremoniales o mensajes ocasionales. Debe implicar, en cambio, un acompañamiento concreto, discernimiento ético y la capacidad de ofrecer esperanza en entornos a menudo dominados por la presión, la visibilidad y las métricas de éxito.

Como ejemplo de este enfoque, el Papa cita a Athletica Vaticana, fundada en 2018 como la asociación deportiva oficial de la Santa Sede, adscrita al Dicasterio para la Cultura y la Educación. La iniciativa, señala, ilustra cómo el deporte puede vivirse no como autopromoción, sino como servicio, integrando el compromiso deportivo con la misión eclesial.

Una sección particularmente aguda de la carta aborda el desequilibrio entre el deporte de élite y la actividad de base. Si bien reconoce la competición profesional como una expresión legítima del deporte —con la atención mediática y el reconocimiento público—, León XIV advierte contra el descuido del deporte amateur y comunitario. Estos entornos, a menudo con escasa financiación pero ricos en relaciones, se presentan como espacios privilegiados donde el deporte revela su valor social más auténtico.

El Papa también lanza una clara advertencia contra la reducción del deporte a entretenimiento o mercancía. Cuando el rendimiento atlético se convierte principalmente en un producto, argumenta, corre el riesgo de perder su poder formativo y humanizador. El mismo peligro se presenta cuando el deporte se explota con fines políticos o económicos, separándolo de su propósito más profundo: fomentar el desarrollo personal y el bien común.

Vida en Abundancia propone, en última instancia, una definición contracultural del éxito. León XIV invita tanto al mundo deportivo como a la Iglesia a reconocer que la plenitud no surge de ganar a cualquier precio. La verdadera abundancia, concluye, se encuentra en compartir, en respetar al oponente y en la silenciosa alegría de avanzar juntos. Con la Milán-Cortina en el escenario mundial, el mensaje del Papa replantea los Juegos no como una celebración de la dominación, sino como una prueba de la capacidad de la humanidad para el encuentro.

Texto completo de la carta del Papa León XIV sobre el deporte.

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Redacción Zenit

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