(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 27.02.2026).- Un breve comentario espontáneo, pronunciado con una sonrisa y un toque de ironía, bastó para cerrar con un tono humano y casi cautivador una semana de intensa concentración espiritual en el Vaticano. La tarde del viernes 27 de febrero, el Papa León XIV concluyó los Ejercicios Espirituales de Cuaresma de la Curia Romana.
Hablando en la Capilla Paulina tras la undécima y última meditación, el Papa reconoció que el retiro lo había conmovido personalmente. Refiriéndose a una reflexión sobre la elección del Papa Eugenio III y el papel de San Bernardo de Claraval, León XIV recordó una frase impactante: «¿Qué has hecho? Que Dios tenga piedad de ti». El comentario, casi como un aparte, provocó sonrisas entre los miembros de la Curia presentes, lo que indica que la semana había combinado profundidad espiritual con momentos de humanidad compartida.
El retiro de Cuaresma comenzó la noche del domingo 22 de febrero y fue predicado por Erik Varden, obispo cisterciense de Trondheim, Noruega. En sus palabras de clausura, León XIV expresó su profunda gratitud por la guía de Varden, agradeciéndole por acompañar tanto al Papa como a la Curia Romana durante días de oración, silencio y reflexión. Describió los Ejercicios como «una profunda experiencia espiritual», enfatizando su importancia en el camino cuaresmal de la Iglesia.
La elección del lugar añadió un nuevo significado. La Capilla Paulina no es solo uno de los espacios sagrados más evocadores del Vaticano; también es donde los cardenales se reunieron el 8 de mayo de 2025 para la celebración eucarística posterior a la elección de Robert Francis Prevost como Papa. León XIV recordó que lo que le impactó entonces —y de nuevo durante estos Ejercicios— fue la inscripción de la Carta de San Pablo a los Filipenses: «Porque para mí la vida es Cristo y la muerte es ganancia». Durante el retiro, dijo, volvió repetidamente a este texto como una meditación sobre la esperanza y su verdadera fuente, que para los cristianos no es el optimismo ni la estrategia, sino Cristo mismo.
El Papa también destacó otra exhortación paulina que dio forma a su llamamiento final: «Sólo comportáos de una manera digna del Evangelio de Cristo». Esa frase, explicó, resumía la invitación que deseaba dejar a los presentes. No se formuló como un programa ni una agenda de reforma, sino como un criterio espiritual destinado a guiar la vida cotidiana y el servicio eclesial.
León XIV subrayó la dimensión comunitaria del retiro. Ante la presión de las responsabilidades, señaló, los miembros de la Curia a veces pueden encontrarse «separados», absortos en distintas tareas y preocupaciones. Reunirse en oración, por lo tanto, se convierte en algo más que un ejercicio piadoso; es un momento necesario de reorganización, que permite la reflexión compartida sobre temas vitales tanto para la vida personal como para la de la Iglesia.
Repasando las once meditaciones, el Papa repasó brevemente algunos de sus temas clave. Entre ellos se encontraba la figura de John Henry Newman, el cardenal inglés a quien el propio León XIV proclamó Doctor de la Iglesia. El poema de Newman, El sueño de Geroncio, fue citado por su cruda exploración del miedo a la muerte y la sensación humana de indignidad ante Dios. Junto a esto, surgieron reflexiones sobre la libertad y la verdad, realidades que el Papa describió como esenciales para la vida cristiana, no como ideales abstractos, sino como compromisos vividos.
Al concluir sus improvisadas reflexiones, León XIV volvió a la gratitud. Agradeció una vez más al obispo Varden la profundidad y riqueza de sus reflexiones, incluyendo las extraídas del testimonio monástico de san Bernardo, que, según él, seguirán siendo una fuente inagotable de gracia. También reconoció al personal de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas por su preparación y al coro por su acompañamiento musical. La música sacra, observó el Papa, tiene una capacidad única para elevar el alma hacia Dios de una manera que las palabras por sí solas no pueden lograr.
En unos minutos improvisados, el Papa logró resumir el significado de la semana: un retiro basado en las Escrituras, moldeado por la tradición, atento a la fragilidad humana y orientado hacia la esperanza. Fue una conclusión que reflejó el espíritu mismo de la Cuaresma: tranquilo, exigente y, en última instancia, centrado en Cristo.
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