(ZENIT Noticias / San Juan, 16.03.2026).- Un descubrimiento oculto a plena vista durante décadas ha reavivado la atención —y la emoción— de la comunidad católica de San Juan, Argentina. Un pequeño relicario que contiene fragmentos que se cree provienen de la cruz de Jesucristo fue redescubierto después de más de 80 años y devuelto a la catedral de la ciudad, en pleno tiempo litúrgico de Cuaresma.
El inesperado hallazgo se produjo a finales de 2025 en la capilla de la Escuela Santa Rosa de Lima, donde el personal descubrió un relicario de vidrio sellado, oculto tras un mueble giratorio en la sacristía; un objeto que aparentemente había permanecido intacto durante generaciones. En su interior se encontraron dos diminutas astillas dispuestas en forma de cruz.

Lo que inicialmente parecía un artefacto curioso se convirtió rápidamente en objeto de una detallada investigación histórica y eclesiástica. Las autoridades eclesiásticas, en colaboración con especialistas en autenticación de reliquias y consultando los inventarios de los archivos de la Arquidiócesis, lograron reconstruir los orígenes del objeto con sorprendente precisión.
El relicario, identificado como un Lignum Crucis —término latino que significa «madera de la Cruz»—, fue rastreado hasta la Catedral de San Juan, donde había permanecido desde 1908. Según la documentación recuperada durante la investigación, la reliquia llegó gracias a las gestiones del obispo Sansierra y venía acompañada de una certificación oficial emitida en Roma, que atestiguaba su autenticidad como fragmento de la cruz de Cristo conservado en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén.
Su desaparición, durante mucho tiempo sin explicación, parece estar vinculada ahora a uno de los acontecimientos más traumáticos de la historia de la ciudad: el devastador terremoto de 1944, que destruyó gran parte de San Juan, incluyendo la catedral. En el caos que siguió, se cree que la reliquia fue desplazada y finalmente almacenada —y luego olvidada— en la capilla de la escuela.
Para el clero local, el redescubrimiento tiene un peso tanto histórico como espiritual. El padre Andrés Riveros, sacerdote de la catedral, describió el hallazgo como un momento de gracia que llega en un tiempo particularmente significativo del calendario litúrgico. La Cuaresma, señaló, es un período tradicionalmente centrado en la reflexión sobre la pasión de Cristo, lo que hace que la devolución de esta reliquia sea especialmente significativa para los fieles.

La reliquia fue restituida formalmente a la catedral el viernes 6 de marzo, durante una misa matutina presidida por el arzobispo local, Jorge Lozano. La ceremonia marcó no solo la devolución física del objeto, sino también su reintegración a la vida litúrgica y devocional de la comunidad.
En la teología católica, las reliquias como el Lignum Crucis se clasifican como sacramentales: signos sagrados instituidos por la Iglesia para ayudar a los fieles a crecer en santidad. A diferencia de los sacramentos, no confieren la gracia automáticamente, sino que se entiende que disponen a los creyentes a recibirla mediante la fe y la devoción.
La Iglesia ha mantenido durante mucho tiempo procedimientos rigurosos para la autenticación de reliquias. Los documentos conocidos como «auténticos» acompañan a las reliquias legítimas, certificando su origen e integridad. En el caso de los fragmentos de San Juan, la investigación de archivos reveló un certificado de este tipo, que describe la extracción de partículas de una fuente autenticada, su colocación en un relicario sellado y su autorización para la veneración pública.
La tradición de venerar fragmentos de la llamada Vera Cruz se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Según una antigua tradición, la cruz en la que Jesús fue crucificado fue descubierta en el siglo IV por Helena, madre del emperador romano Constantino, durante una peregrinación a Jerusalén. Con el tiempo, la madera se dividió y distribuyó por todo el mundo cristiano, conservándose porciones en importantes centros como Jerusalén, Constantinopla y Roma.
Este proceso histórico explica cómo pequeños fragmentos —a menudo reducidos a minúsculas astillas— llegaron a ser albergados en iglesias lejos de Tierra Santa, incluso en Latinoamérica.

En San Juan, se espera que la reliquia redescubierta tenga un papel destacado en las próximas celebraciones litúrgicas. Durante la Cuaresma, se exhibe en la catedral para la veneración pública. El Viernes Santo, está previsto que recorra las calles de la ciudad en procesión, como parte del tradicional Vía Crucis, antes de ser instalada permanentemente detrás de la casa parroquial.
Las autoridades eclesiásticas locales han enfatizado que el evento no se trata solo de recuperar un artefacto histórico, sino de reavivar la devoción entre los fieles. También se ha reconocido públicamente la participación de las hermanas dominicas y las autoridades escolares, quienes custodiaron el objeto sin saberlo durante décadas.
Lo que comenzó como un descubrimiento fortuito en una sacristía tranquila se ha convertido así en un momento de memoria colectiva para una ciudad marcada por la pérdida y la reconstrucción. En el regreso de estos pequeños fragmentos, muchos en San Juan ven no solo un vínculo con los lejanos orígenes del cristianismo, sino también un signo tangible de continuidad: entre pasado y presente, destrucción y recuperación, fe e historia.
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