Este cambio refleja un esfuerzo continuo del movimiento por encontrar el equilibrio entre la interpretación de las Escrituras y la medicina moderna.

Los testigos de Jehová se abren a la posibilidad limitada de transfusiones de sangre

La aclaración fue presentada por Gerrit Lösch, quien enfatizó que «cada cristiano debe decidir por sí mismo» cómo se puede utilizar su propia sangre en un tratamiento médico. Esto incluye la posibilidad de la extracción de sangre preoperatoria en casos como cirugías programadas donde se prevé una pérdida de sangre significativa

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(ZENIT Noticias / Washington, 24.03.2026).- Los Testigos de Jehová han introducido una sutil modificación a una de sus enseñanzas más distintivas y controvertidas: el rechazo a las transfusiones de sangre.

Anunciado el 20 de marzo por el Cuerpo Gobernante del grupo, el cambio no anula la prohibición de larga data de recibir sangre de otras personas. En cambio, replantea una práctica médica específica —la transfusión de sangre autóloga, en la que se extrae, almacena y posteriormente se reinfunde la propia sangre del paciente— como una cuestión de conciencia individual.

La aclaración fue presentada por Gerrit Lösch, quien enfatizó que «cada cristiano debe decidir por sí mismo» cómo se puede utilizar su propia sangre en un tratamiento médico. Esto incluye la posibilidad de la extracción de sangre preoperatoria en casos como cirugías programadas donde se prevé una pérdida de sangre significativa. Algunos creyentes, señaló, pueden aceptar el procedimiento; otros pueden seguir rechazándolo.

Este ajuste representa un cambio sutil pero significativo. Durante décadas, la doctrina oficial del movimiento —fundamentada en pasajes bíblicos interpretados como un mandato de «abstenerse de sangre»— se extendió no solo a las transfusiones de donantes, sino también al almacenamiento de la propia sangre para su uso posterior. En el año 2000, una publicación oficial rechazó explícitamente tales prácticas por considerarlas incompatibles con la ley divina.

Ahora, la dirección parece estar estableciendo una distinción más precisa. Si bien la ingesta de sangre externa sigue estando categóricamente prohibida, el uso de la propia sangre, incluso después de su almacenamiento, ya no se considera intrínsecamente inadmisible. Sin embargo, la organización insiste en que su «creencia fundamental en la santidad de la sangre» permanece inalterable.

Las implicaciones prácticas son complejas. La transfusión autóloga es una técnica médica reconocida: la sangre se puede recolectar generalmente entre seis semanas y cinco días antes de una cirugía y almacenarse para una posible reinfusión. Si no se utiliza, se desecha. Clínicamente, el método reduce el riesgo de reacciones inmunitarias y elimina la posibilidad de transmitir enfermedades infecciosas de un donante, aunque también presenta inconvenientes, como la posible anemia por pérdida de sangre preoperatoria.

Sin embargo, la política revisada no aborda los escenarios más controvertidos. En emergencias —accidentes de tráfico, lesiones graves o enfermedades agresivas como ciertos tipos de cáncer— los pacientes suelen depender de transfusiones inmediatas de donantes. En estos casos, la prohibición sigue siendo absoluta.

Esta limitación no ha pasado desapercibida, especialmente entre antiguos miembros y críticos. En foros en línea, incluidas comunidades de exmiembros en Reddit, ya circulaban rumores sobre un cambio inminente días antes del anuncio oficial. Para algunos, este avance representa un reconocimiento parcial de preocupaciones de larga data; para otros, no alcanza el nivel de lo que consideran un cambio ético necesario.

Entre esas voces se encuentra la de Mitch Melin, un exmiembro residente en el estado de Washington, quien argumenta que la revisión no es suficiente para prevenir muertes evitables. Señala que en muchas partes del mundo —los Testigos de Jehová suman aproximadamente 1,3 millones en Estados Unidos y 9,2 millones a nivel mundial, en más de 200 países— el acceso a instalaciones capaces de almacenar sangre autóloga es limitado o inexistente. En tales contextos, la ampliación teórica de la libertad de elección personal podría tener escaso impacto en la práctica.

La dinámica interna de la conformidad también sigue siendo un factor. Si bien la nueva guía plantea el tema como una cuestión de conciencia, los exmiembros advierten que desviarse de las normas establecidas aún puede acarrear consecuencias sociales dentro de la comunidad, incluyendo formas de marginación.

Este cambio refleja un esfuerzo continuo del movimiento por encontrar el equilibrio entre la interpretación de las Escrituras y la medicina moderna. Los Testigos de Jehová ya han demostrado su capacidad para este tipo de reajuste. Ciertos procedimientos que implican la circulación y el retorno temporal de sangre —como la diálisis— se han considerado aceptables, con el argumento de que la sangre no se «almacena» de una manera que viole los principios bíblicos. La aclaración más reciente extiende esta lógica, aunque con cautela, a un ámbito previamente prohibido.

Cabe destacar que Lösch sugirió que la Biblia no aborda explícitamente el uso de la propia sangre en contextos médicos, una afirmación que abre un margen de interpretación sin desmantelar el marco doctrinal general.

Es probable que la reacción del mundo cristiano en general siga siendo limitada, sobre todo porque la mayoría de las iglesias no reconocen a los Testigos de Jehová como parte del cristianismo tradicional, debido a diferencias teológicas fundamentales, particularmente en lo que respecta a la naturaleza de Cristo. No obstante, este desarrollo será seguido de cerca en los círculos médicos y éticos, donde la postura del grupo sobre la sangre ha planteado durante mucho tiempo desafíos para los profesionales de la salud.

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Redacción Zenit

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