(ZENIT Noticias / Castelgandolfo, 31.03.2026).- Mientras los cristianos se acercan a la Pascua, tradicionalmente la cumbre litúrgica del año, el Vaticano se encuentra ante una marcada contradicción: proclamar un mensaje de resurrección y paz al tiempo que se enfrenta a un panorama global marcado por la guerra, el desplazamiento y la creciente tensión diplomática.
En una serie de intervenciones cada vez más contundentes en los últimos días, el Papa León XIV ha endurecido su discurso sobre el conflicto armado, instando a los líderes mundiales a abandonar la escalada militar y retomar la negociación. Desde Castel Gandolfo, el 31 de marzo, el Papa contextualizó la situación actual describiendo a Cristo como «aún crucificado hoy» en el sufrimiento de las víctimas inocentes, en particular los niños atrapados en zonas de guerra.
Su llamamiento no fue abstracto. Refiriéndose indirectamente a los acontecimientos geopolíticos, incluidas las declaraciones de Donald Trump sobre el fin de los conflictos en curso, León XIV expresó una cautelosa esperanza de que los líderes políticos pudieran estar buscando «una salida» a la violencia. Sin embargo, su mensaje principal fue inequívoco: el diálogo, no la fuerza, debe ser el instrumento primordial de las relaciones internacionales.
La insistencia del Papa se produce en un contexto de un costo humano abrumador. En declaraciones realizadas días antes, señaló un mundo donde “más de un millón” de personas han sido desplazadas y donde las bajas siguen aumentando, advirtiendo que el odio no solo persiste, sino que se intensifica en múltiples regiones, particularmente en Oriente Medio.
Ver esta publicación en Instagram
El cardenal Pietro Parolin, en un discurso pronunciado el 26 de marzo, describió la guerra sin rodeos como un “absurdo” que debe terminar, especialmente en vista de la Pascua, a la que llamó “la fiesta de la paz”. Sus declaraciones subrayan una línea argumental constante de la Santa Sede: el calendario litúrgico no está desvinculado de los asuntos globales, sino que ofrece una perspectiva moral a través de la cual juzgarlos.
León XIV también ha ampliado su crítica para incluir la dimensión tecnológica de la guerra moderna. En un discurso pronunciado el 23 de marzo en el Vaticano ante empleados de la aerolínea nacional italiana, lamentó que la aviación —otro símbolo de conexión— siga utilizándose para campañas de bombardeo. El desarrollo de la tecnología, argumentó, se convierte en una regresión cuando sirve a la destrucción en lugar de al bienestar humano. Insistió en que los aviones deben ser «vehículos de paz, nunca de guerra».
Sugirió que los viajes internacionales del Papa pretenden ser un símbolo opuesto: viajes apostólicos como instrumentos de encuentro y reconciliación. Su próximo itinerario en abril, que incluye paradas en varias naciones africanas, da continuidad a una tradición papal que se remonta a Pablo VI, quien inauguró los viajes papales modernos en 1964 como una forma de acercamiento diplomático y pastoral.
Sin embargo, a pesar de que el Vaticano aboga por la paz, se ha visto envuelto en una disputa diplomática concreta con el Estado de Israel, lo que pone de manifiesto la fragilidad de la libertad religiosa en zonas de conflicto. El 30 de marzo, altos funcionarios del Vaticano, entre ellos Parolin y el arzobispo Paul Richard Gallagher, se reunieron con el embajador de Israel ante la Santa Sede, Yaron Sideman, tras un incidente que causó gran revuelo en los círculos eclesiásticos.
Dos días antes, el Domingo de Ramos, la policía israelí impidió a Pierbattista Pizzaballa y al custodio franciscano de Tierra Santa, Francesco Ielpo, entrar en la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén —considerado por muchos el lugar más sagrado del cristianismo— al comienzo mismo de la Semana Santa.
El Vaticano expresó formalmente su «pesar» por lo que describió como un «episodio desagradable», subrayando que el incidente suscitaba serias preocupaciones sobre la libertad de culto. Si bien las autoridades israelíes ofrecieron explicaciones y posteriormente se llegó a un acuerdo para garantizar la participación en las liturgias del Triduo Pascual, el episodio ha dejado una sensación de inquietud.
El incidente es particularmente delicado dado el peso simbólico del Santo Sepulcro durante la Pascua, cuando las restricciones de acceso tienen repercusiones que trascienden las circunstancias locales y afectan a la comunidad cristiana mundial.
La convergencia de estos acontecimientos —llamamientos papales, críticas tecnológicas y tensiones diplomáticas— revela un Vaticano cada vez más activo en múltiples frentes. La decisión de León XIV de llevar personalmente la cruz durante el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo refuerza aún más este mensaje: un pontificado que busca encarnar, no solo articular, la solidaridad con el sufrimiento.
En este contexto, la Pascua se presenta no como una evasión de las realidades globales, sino como un momento de confrontación con ellas. Para el Papa, la proclamación litúrgica de paz es inseparable de la urgencia política y humana de poner fin a la guerra. La Santa Sede se está posicionando como una voz espiritual y un actor diplomático en un mundo donde la distancia entre el altar y el campo de batalla se reduce cada vez más.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




